Usted está aquí

El arzobispo… que por favor venga en octubre

Lo ocurrido el 2 de octubre de 2016 en Colombia es propio de una novela de Ciencia Ficción, cargada del más puro realismo mágico Garciamarquiano que requiere.

Octubre 20, 2016

Nunca antes había sentido vivir en Cedrón, ese pueblo enigmático de la novela “En noviembre llega el Arzobispo” de Héctor Rojas Erazo; como el pasado domingo 2 de octubre, día en que se efectuó el Plebiscito por la Paz y, en el cual, los colombianos, por ventaja de una leve minoría e impulsados por un grupo minoritario de fanáticos y adversarios personales del presidente Santos, votaron por el NO, que pretende poner fin a los Acuerdos de la Habana que se firmaron en Cartagena entre el gobierno colombiano y la guerrilla marxista de la FARC.

Lo ocurrido ese día en Colombia es propio de una novela de Ciencia Ficción, cargada del más puro realismo mágico Garciamarquiano que requiere, como en Cedrón, la llegada urgente del Arzobispo, ya no en noviembre, sino en octubre, para que, por fin, las madres de Soacha alcancen el consuelo por los hijos que les arrebataron los falsos positivos, los habitantes de Bojayá dejen de llorar a sus muertos y los soldados y policías servidos como carne de cañón por los guerreristas que a nombre de la Patria los llevan al combate regresen a sus cuarteles a defender lo que verdaderamente deben defender: la soberanía nacional y la dignidad tan pisoteada y mancillada por gobiernos foráneos a lo largo de la historia.

Nos negamos a que no se vuelvan a dar las voladuras de oleoductos, las masacres como las de Bojayá y Macapeyo, y, más aún, que los campesinos despojados recuperen sus tierras, que los niños de los campos vuelvan a sus escuelas a encontrarse con sus maestros para soñar con un mundo mejor y, peor, renunciamos a saber dónde están los muertos que fueron enterrados en fosas comunes.

Ese fue el mandato del funesto 2 de octubre pasado donde nos portamos como unos parias y decidimos mayoritariamente seguir matándonos sin frenesí, inspirados en el ego de la avaricia de los que hoy celebran triunfantes sin valorar el dolor de las víctimas, ni el acompañamiento de los países civilizados del mundo y, mucho menos, el clamor y las oraciones del Papa Francisco, que en cada una de sus Homilías dominicales rogaba y pedía por nuestra Paz, al punto de ofrecernos una visita como un gesto para consolidar nuestra reconciliación.

Pero él, al igual que los niños de Bojayá y Macayepo, y las madres de Sohacha, tendrán que esperar, como en Cedrón, la llegada del Arzobispo quien tendrá que adelantar su viaje y venir en este mismo mes de octubre, porque en noviembre, quizás, sea demasiado tarde y ya no nos salvará, ni el regreso de  Melquiades, que no sabemos “En que andará”, ni las cartas que toda la vida se ha quedado esperando el Coronel, sin tener nadie quien le escriba, por eso, nos toca decirle o avisarle a Mauricio Babilonia, aquí en Macondo, que recoja las Mariposas Amarillas que había soltado, porque al parecer, la guerra se va a reanudar!

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Rector de la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper.
No hay votos aun
Estadísticas: .