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El docente a revisión, o cómo educar al “profe” del colegio y de la universidad (I)

El siguiente artículo reúne algunas reflexiones en torno a la formación docente expuestas a través del diálogo con Karina Bautista y el autor del texto, quien es uno de sus estudiantes en el Diplomado de Currículo y Pedagogía que actualmente ella coordina en el Politécnico Internacional.

Marzo 30, 2016

Karina Bautista es Licenciada en Educación Infantil de la Universidad Pedagógica Nacional y Magister en Desarrollo Educativo y Social de la misma universidad en convenio con el CINDE. Ella se autodefine como “una maestra altamente comprometida con la educación y su crítica; que, busca renovar las prácticas de enseñanza que históricamente han tratado de desdibujar la labor del maestro y de los aprendices convirtiéndoles en marionetas a favor de intereses particulares”.

Así, en el marco de la alianza entre el Politécnico Internacional y la IEC Suba, un grupo de docentes de este último estamos bajo su tutoría y hemos compartido con docentes del Politécnico Internacional, para quienes, a propósito, fue pensada la experiencia. Al preguntarle qué permite el diplomado a un docente del Politécnico Internacional y a uno de la IEC Suba, nos responde que “la profesión de maestro requiere en cualquier campo del saber las mismas habilidades, la misma vocación de enseñar y la misma responsabilidad”. Agrega que se ha dado cuenta que “la única diferencia es el currículo que maneja cada institución, en el Poli manejamos el currículo por competencias y en el IEC Suba un currículo por contenidos”; y, “celebra que gracias a la elaboración de objetivos de aprendizaje evidenciables en términos de desempeños concretos, hemos logrado que no sólo se queden en impartir un contenido que dicta un plan de estudios sino que han logrado aprendizajes reales, contextualizados e interesantes para los estudiantes, lo cual ha redundado en motivación a la hora de enseñar”.

Sobre la posibilidad de articular la metodología de enseñanza usado en el colegio con la de la educación profesional nos cuenta: “el que quiere enseñar lo puede hacer usando diferentes herramientas, claramente depende de esas estrategias que los estudiantes sean seres más autónomos, críticos, participativos, argumentativos y dispuestos a aprender; ahora, definitivamente eso les permitirá tener muchos logros en su educación profesional, allí  seguramente se encontrará con docentes que desde su distintas formas  de ser en el aula, reconocen la potencialidad de los anteriores procesos que mencioné, caso de los docentes del Poli, quienes han sido formados desde esa perspectiva, claro, en algunos otros lados quizás no, pero si el estudiante es consciente de su forma de aprender, él mismo exigirá a sus docentes la aplicabilidad de herramientas que le permitan seguir avanzando y no ir hacia atrás”.

A continuación, le preguntamos a Karina qué nombre podría darle a su labor de acompañamiento a los docentes del diplomado y cómo llamar a esos docentes que se ubican en el rol de estudiantes para reflexionar sobre sus prácticas pedagógicas. Ella responde, sin dudar, que se respetan los roles de enseñante y estudiantes pero que “esta relación no es una relación de poder” y, hace referencia a Freire cuando afirma que ““no hay docencia sin discencia” y no hay procesos de enseñanza ni de aprendizaje sin la relación dialógica, constructiva, respetuosa del otro y recíproca que, en algunos momentos se torna tan espontánea que no se sabe quiénes enseñan y quiénes están aprendiendo”.

En la foto: Karina (en el centro) rodeada por sus estudiantes.

Respecto al trabajo como tutora de docentes cuestionamos si en el gremio docente podemos aplicar la frase: “árbol que crece torcido, nunca endereza sus ramas” o la también famosa “loro viejo no aprende a hablar”. Al respecto dice: “es una frase usada para no querer explorar otras cosas con la excusa de la edad; mas, en educación sólo hay un requerimiento: querer enseñar, amar la labor, sin más recompensa que la satisfacción de ver a nuestros chicos y jóvenes aportar a esta sociedad que tanto lo necesita, no hay nada más. Ese es el motor para lo imposible, incluso para enderezar las ramas de un árbol o poner a hablar a un loro llamado Matusalén. Hay arbustos que desde pequeños endurecen sus ramas, ese sí es un problema, que además está en jóvenes que no quieren aprender a hablar”.

Ya en los asuntos de la capacitación del grupo docente por parte de la institución de la cual hacen parte y de implementar la aplicación de los principios del constructivismo en las mismas, Karina piensa que “las escuelas pedagógicas de las instituciones, deben estar direccionadas hacia la cualificación de las prácticas de aula; que existen docentes que al creer poseer un saber disciplinar y una experiencia extensa en su profesión ya son los mejores maestros. Sin embargo, diez años de experiencia no son equivalentes a diez años haciendo lo mismo. Esto, pues la experiencia se adquiere al implementar en su paso por el aula diferentes metodologías y formas de enseñar, que son proporcionales al cambio de las generaciones. Así, no es lo mismo enseñar en los años noventa a enseñar en estos tiempos donde todo está a un clic”.

Así, con estas frases, Karina Bautista, la tutora que ha venido acompañando y revisando la enseñanza del docente que aquí les habla, cierra el diálogo enfatizando: “Las escuelas pedagógicas deben brindar herramientas para que el docente salga de su zona de confort, deben llevarlo a experimentar formas innovadoras de enseñar, entendiendo por “innovadoras”, no necesariamente inventadas por ellos, sino aquellas que nunca se ha atrevido a usar. El constructivismo nos da estos elementos, creo en él, sé que funciona.”

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Maestro de Filosofía Institución Educativa Compartir Suba
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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.