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El imaginario colectivo de la docencia

Ser maestro en Colombia es difícil. Mientras en otros países los docentes son una figura de prestigio, en Colombia, son vistos como profesionales de menor nivel y, hasta como lo afirmó Rodolfo Llinás, como si fueran “simplemente cuidadores de niños”. 

Mayo 11, 2015

Los maestros colombianos, en general, se enfrentan a muchas situaciones que desfavorecen el ejercicio de su oficio: bajos salarios, sobrecarga de trabajo, condiciones precarias de infraestructura, pocas oportunidades de formación, crecimiento profesional moderado y desmotivación, por mencionar algunos ejemplos. Aun así, muchos de ellos deciden seguir ejerciendo su profesión valientemente, con esfuerzo, empeño y calidad.

Es necesario cambiar nuestra concepción como sociedad de los maestros y entender la importancia del énfasis que se debe realizar en la promoción apropiada de esta vocación. Hay algo que está fallando en este modelo, que nos está llevando a tener cada vez más maestros insatisfechos, hecho que repercute directamente en la calidad educativa.

El paro docente de las últimas semanas puso en evidencia las malas condiciones que atraviesan los profesores oficiales. Pero infortunadamente ellos no son los únicos. Viniendo de una amplia casta de docentes puedo dar fe de todos los problemas que mis tíos y mi mamá enfrentan por tener una pasión por enseñar que se ve poco remunerada. Mientras todos ellos tienen maestrías, doctorados, doble pregrado, muchos cursos y seminarios, cada una de sus inversiones no llega a verse del todo reflejada en un salario que deja muy poco que decir.

Así como en Colombia existe un imaginario colectivo para clasificar los barrios y ubicaciones por estrato socioeconómico, la misma visión aplica para las profesiones. No es lo mismo decir en que se es ingeniero o abogado y no que se es maestro. El imaginario colectivo asocia la pedagogía con un mal salario, exceso de trabajo y poca profundidad en la profesión. Un imaginario que no dista de la realidad pero que castiga injustamente a aquellos docentes que se esfuerzan por dar lo mejor de sí en cada una de sus clases y brindar la mejor experiencia de enseñanza a sus estudiantes.

Será un feliz día del maestro cuando tengamos una noción de mayor prestigio y respeto hacia nuestros docentes. Muchos saben la importancia de un docente satisfecho, pero la sociedad no parece retribuirlo en la misma manera. No solo en términos contra actuales sino en términos sociales. Cuando los maestros sean calificados justamente, ascendidos por el esfuerzo que tengan en actualizar su educación, premiados por promover la innovación en clase, motivados a pensar en ideas creativas para dictar sus clases, bajo las mejores condiciones laborales que se merecen los promotores de la educación en nuestra sociedad.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Comunicadora social y periodista
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