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El maestro que enseñó cómo ser eficaces

Si no desarrollamos autoconciencia y no nos hacemos responsables de las primeras creaciones, permitiremos que otras personas den forma a parte de nuestra vida.

Marzo 22, 2018

Los exégetas de la producción bibliográfica de Stehphen Ricards Covey (1932-2012), especialmente del libro Los Siete hábitos de la gente altamente efectiva afirmaron que este escritor, conferencista y profesor estadounidense lo hizo pensando en mejorar la vida de todas las personas que lo leyeran, más no solo de los ejecutivos y directivos de las grandes empresas.

Si nos atenemos a las informaciones que señalan que de esa obra, considerada un best seller, se vendieron unos 30 millones de ejemplares, diremos que la aspiración de Covey era correcta, aunque tal vez en un comienzo algunos pensaran que ese anhelo era una expresión de vanidad.

Hoy podríamos estimar que Los siete hábitos… han sido leídos por más de cien millones de personas. ¿Cuál es el encanto de este libro del maestro Covey, nacido en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos?

Sus seguidores dicen que brinda herramientas fundamentales para una organización, una empresa y la familia, y que demuestra que la gente que cultiva buenos hábitos en la vida puede alcanzar importantes metas, en especial por medio de los siete hábitos.

Llama la atención respecto a que la mayoría de personas tienen paradigmas errados que deben cambiar y si fuera necesario romperlos para aceptar nuevos modelos a seguir a fin de mejorar nuestra vida. Además, proporciona un abanico de sugerencias en cada parte del texto para quien quiera cambiar.

Este es un breve resumen de Los Siete hábitos de la gente altamente efectiva: El capítulo primero Paradigmas y Principios analiza un aspecto medular: Cuando las personas estamos bien interiormente se refleja exteriormente y a veces tendemos a prestar importancia a cosas como cumplir metas, realizar objetivos, pero descuidamos a la familia y a nosotros mismos.

Estas situaciones hacen que estemos en una constante lucha interior y que nos preguntemos si vale la pena el aparente éxito al que le dedicamos tiempo, dejando a un lado la parte sentimental, un factor determinante cuando nos sentirnos bien o mal.

Expone dos paradigmas: (a) La ética del carácter (principios básicos para vivir con efectividad, que las personas pueden experimentar verdadero éxito y felicidad cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter básico), y (b) La ética de la personalidad (donde explica dos caminos: técnicas de relaciones públicas y humanas, y la actitud mental positiva).

El capítulo trata también sobre lo que Covey llama Victoria privada, puerta de entrada para explicar los hábitos. El primero es la Proactividad. Este hábito representa la libertad para poder escoger la respuesta apropiada a los estímulos del medio ambiente asumiendo con responsabilidad social y con iniciativa los nuevos retos que se presentan cada día, de acuerdo a nuestros valores y principios, característica que nos diferencia del reino animal.

Porque poseemos razón y pensamos para tomar las mejores decisiones en nuestra vida, debemos fijar metas y actuar de manera adecuada para lograrlas, estableciendo prioridades. Desde ese momento empezamos a ganar realizando acciones buenas para obtener buenos resultados, añadiendo valores como respeto y convivencia, y por consiguiente recibir un beneficio mutuo por parte de otras personas.

También podemos evaluar y aprender de las experiencias de los otros, tanto como de las nuestras. Por eso, podemos crear y destruir nuestros malos hábitos. En síntesis, ser proactivo significa tomar la iniciativa, un factor relevante para ser eficaz.

Empezar con un Fin en Mente Empezar con un fin en mente es el segundo hábito. Poner en práctica este enunciado conlleva tener claro cuáles son los valores y los objetivos en la vida, elaborando una “visión” que describa con precisión las características para cada rol que se asuma (esposo, padre, empresario, etc.,). Covey indicó que todas las cosas se crean dos veces. El hábito de “empezar con un fin en mente” se basa en el principio de que todas las cosas se crean dos veces: siempre hay primero una creación mental y luego una creación física.

Ve las características del liderazgo personal y dónde se empieza a encontrar sentido a la vida. Es el hábito donde uno crea mentalmente su misión existencial. Covey dice que “la visión del futuro es increíble”. Esa visión hace posible el cumplimiento de los objetivos trazados por una persona, empresa u organización.

Si no desarrollamos autoconciencia y no nos hacemos responsables de las primeras creaciones, permitiremos que otras personas y las circunstancias que están fuera del círculo de influencia den forma a parte de nuestra vida. El primer hábito dice: “Tu eres el creador”. El segundo hábito es la primera creación.

Este se basa en principios de liderazgo personal, o sea el liderazgo es la primera creación. Empero, el liderazgo no es administración. Esta se centra en el límite inferior: ¿cómo puedo hacer mejor ciertas cosas? El liderazgo aborda el límite superior: ¿cuáles son las cosas que quiero realizar? Parafraseando a Peter Drucker y Warren Bennis: “administrar es hacer las cosas bien; liderar es hacer las cosas correctas”.

La administración busca la eficiencia en el ascenso por la escalera del éxito; el liderazgo determina si la escalera está o no apoyada en el lugar correcto. El tercer hábito es Establecer primero lo primero. En pocas palabras quiere decir priorizar, planear y realizar nuestros quehaceres poniendo énfasis en lo “importante” más que en lo “urgente”. Como seres humanos, subraya Covey, tenemos cuatro privilegios:

  • La imaginación
  • La conciencia moral
  • La autoconciencia, y
  • La voluntad independiente.

Lea el contenido completo en el Revistas Pontificia Universidad Católica del Perú.

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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.


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Irma María Arévalo González
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