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EL RETORNO DE LO REPRIMIDO. “El contenido es rey y está en la Televisión”

Con el apogeo de nuevas formas de obtener entretenimiento a través de Internet, es difícil saber qué pasará exactamente con su antecesora la televisión.

Noviembre 21, 2015

El shock del presente aniquila nuestras posibilidades de anudar el pasado con el futuro y nos hace imaginar un futuro sin sorpresas, mera continuación del aquí y el ahora (Rushkoff, 2013). Desde hace 25 años cuando la web emergió como nuevo actor comunicacional, y hoy cuando afecta de forma profunda la construcción de nuestra identidad, creemos que es todopoderosa y que arrasará con todas las formas de vida (tecnológicas) preexistentes.

A medida que los límites entre la vida online y offline se rompen, y llegamos a estar perfectamente conectados entre nosotros y rodeados de objetos reactantes inteligentes, todos estamos integrados en una "infoesfera". Personas a las que adoptamos en los medios sociales, por ejemplo, alimentan nuestra vida "real" de manera que comenzamos a vivir, como sostiene Floridi (2014) en "onlife". Siguiendo los descubrimientos de Copérnico, Darwin y Freud (la cuarta discontinuidad), este cambio metafísico representa nada menos que una “cuarta revolución”.

"OnLife" define cada vez más nuestra vida cotidiana - la manera de comprar, trabajar, aprender, cuidar de nuestra salud, entretenernos, desplegar nuestras relaciones; la forma en que interactuamos con el mundo del derecho, las finanzas y la política; incluso la forma en que llevamos a cabo la guerra.

En todos los dominios de la vida, las TIC se han convertido en fuerzas ambientales que están creando y transformando nuestras realidades. ¿Cómo podemos asegurar que vamos a cosechar sus beneficios? ¿Cuáles son sus riesgos implícitos?

Pero que ello sea así no significa que el mundo offline se rinda mansamente a estos efluvios. Y en el campo específico de los medios, las fantasías de arrasamiento lineal cada vez son menos verosímiles.

En ese sentido es imposible saber quién sustituirá a quién (si Internet a la TV, o si la TV a Internet, o si se moldearan mutuamente entre si hasta volverse indistinguibles) sin prestar atención a algunos procesos de aceleración tecnológica, definiendo a las tecnologías como formas de construir el mundo a través de múltiples convergencias (de las cuales las que alinean internet y televisión son solo una).

Toda propuesta que indague acerca del diseño de los futuros posibles debe estar presidida por la diversidad, la complejidad y sobretodo un tipo de mirada acerca del diseño de la realidad vía los medios, lo cual exige un enorme esfuerzo conceptual y sobretodo una inmensa vocación política que rara vez van juntas.

Para ser más concretos ¿qué pasa con la reina de todos los medios, la televisión, cuando internet, las redes sociales y la infoesfera digital se instalan definitivamente en el horizonte y condicionan todas nuestras experiencias mediáticas?

Para entender estas dinámicas enrevesadas (bucles) y contradictorias necesitamos aunar lecturas políticas, consideraciones socioeconómicas, un conocimiento detallado de la ecología mediática, y debemos hacer referencias a innovaciones puntuales y globales con alto impacto en la dinámica social.

En ese sentido es imposible saber quién sustituirá a quién (si Internet a la TV, o si la TV a Internet, o si se moldearan mutuamente entre si hasta volverse indistinguibles) sin prestar atención a algunos procesos de aceleración tecnológica, definiendo a las tecnologías como formas de construir el mundo a través de múltiples convergencias (de las cuales las que alinean internet y televisión son solo una).

Internet es una gran oportunidad para el cambio pero también es el más grande de todos los peligros. Internet produce múltiples transformaciones reales, pero también alienta las que son solamente imaginarias.

Contrariamente a lo que mucha literatura disemina las tecnologías no son solo soluciones a problemas (muchas veces generadas por ellas mismas) sino que son nuevas formas de preguntarnos acerca del mundo en el que vivimos y de cómo mejorarlo.

En el caso especial de la computadora, no estamos hablando tan solo de un medio sino de un metamedio (Murray, 2011) que textualiza la realidad y que involucra a la propia infraestructura intelectual de la humanidad con todos sus pros y contras.

Por ello, más que apologías tecnológicas lo que necesitamos son análisis filosóficos de la infosfera, como los que nos proveen Floridi o Levy (1994) o Queau (1995), que contienen el marco general para entender las dinámicas mediáticas. Solo cuando estemos en posesión de estas distinciones podremos entender las tendencias generales en la prestación del servicio de televisión y acceso a contenidos audiovisuales y su mutación gracias al contacto con Internet.

El rasgo mas saliente de la evolución del consumo de medios en la última década ha sido la emergencia de una nueva crisis global y su repercusión en el modo de ser producida, narrativizada, y explotada por la televisión.

El fenómeno (hasta cierto punto novedoso) se combinó con una fragmentación de la audiencia y una diversificación de la oferta que dio lugar a nuevos soportes y a nuevas formas de ver televisión.

Por un tiempo se creyó ingenuamente que la vieja televisión sería comida por las innovaciones tecnológicas (pensamiento pre-crisis). Mientras se desplegaron nuevas estrategias para la programación en la televisión online, vimos emerger a las redes sociales (y en particular a Twitter) como una metáfora de la proliferación de nuevas audiencias, temas publicitarios y nuevos negocios.

Este punto es particularmente relevante cuando hablamos de la ecología mediática. Podemos diferir o disentir en muchos aspectos respecto del futuro (y del pasado) de los medios, pero ignorar la necesidad de rentabilizar los contenidos audiovisuales es negarse a poder hacer una prospectiva sectorial lúcida y confiable.

Por ello, para saber hacia dónde vamos, debemos sumar a la mirada filosófica, tecnológica y económica. Son la combinación de políticas generales de innovación, inversión y competitividad que afectan a la televisión de Broadcast (y sus variantes digitales como la TDT=Televisión Digital Terrestre) las que determinarán el futuro de la televisión.

Un punto clave aquí son las promesas y realidades del mundo OTT (Over de Top refiriéndonos al consumo no lineal de la TV como en los casos de Netflix, Hulu o Amazon), y en particular a una pregunta que ronda cual fantasma el sector (dado su poderío económico, su capacidad de inventar conversaciones de tecnología amplificadas por el diseño, y la fidelización que han conseguido con sus propuestas y productos): ¿Apple abre o cierra el camino?

Porque entre los cambios más importantes del nuevo Apple TV por ejemplo, tenemos el nuevo App Store, el hogar de los juegos, aplicaciones de recetas, servicios de compras, y mucho más. En el pasado, Apple TV venía con aplicaciones preinstaladas para el contenido visual, tales como Netflix, Hulu, YouTube, y otras aplicaciones de medios. Ahora, Apple está animando a los desarrolladores a crear otros tipos de aplicaciones optimizadas para la televisión, al igual que lo hacen para iPads, iPhones y iPods. Airbnb, Yummly y QVC se encuentran entre los primeros en hacerlo.

Todo parece venir como un lecho de rosas pero más allá de estas propuestas llamativas la pregunta sigue en pie ¿Cuál es la verdadera nueva televisión? ¿La Web TV? ¿La televisión por Internet? ¿El valor agregado (mínimo en términos de contenido, relativo en termino de audiencia? de las OTT y en particular de Netflix? ¿Las nuevas propuestas de Apple? ¿O la gente seguirá viendo la vieja televisión aunque sea con ropaje nuevos?

La respuesta que daremos -siguiendo en sumo detalle los análisis de Michael Wolff (2015) es sorprendente e inesperada. “La nueva televisión es la vieja televisión”. Hay es cierto una fascinación de/con lo nuevo, pero muchas veces peca mas de retórica que de realidad.

Para entender el futuro de la televisión (y en particular de su alianza contradictoria con Internet) tenemos que re-entender el fenómeno de las noticias, la naturaleza cíclica de las crisis y sobretodo el “aumento” de la inteligencia colectiva (corroborado por la segunda era dorada de la televisión) (Johnson, 2011; Carrión, 2011).

En este contexto, Netflix más que una revolución es una contrarrevolución. Los intentos de los gigantes de “canibalizar” los contenidos como Youtube y Facebook han sido mas que fallidos y la insólita propuesta exhalada por Mark Zuckerbeg de que el futuro de Facebook está en los videos (o sea en la televisión) sintetiza como resolver todas nuestras dudas: “El contenido es rey y está en la televisión”.

Referencias

Carrión, Jorge Teleshakespeare. Madrid, Errata Naturae, 2011.

Floridi, Luciano The Fourth Revolution. How the infosphere is reshaping human reality. Oxford University Press, 2014.

Levy, Pierre L’Intelligence collective. Pour une anthropologie du cyberespace, La Découverte, Paris, 1994.

Johnson, Steven Cultura Basura, Cerebros privilegiados. Barcelona, Roca. 2011.

Manovich, Lev El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital. Barcelona, Paidós 2005.

Murray, Janet Inventing the medium. Principles of Interaction Design as a Cultural Practice, The MIT Press, 2011.

Rushkoff, Douglas Present Shock. When everything happens now. New York, Current, 2013.

Quéau, Philippe Lo virtual. Virtudes y Vértigos. Barcelona, Paidós, 1995.

Wolff, Michael Television is the new television. The unexpected triumph of old media in the digital age. New York, Portfolio Penguin, 2015.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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