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Ganar, deportes, olimpíadas y Pokémon Go

El mundo de los deportes está, en gran parte, impregnado de conductas impropias, que no deberían servir de modelo para nadie.

Julio 30, 2016

La práctica deportiva es considerada, generalmente, como positiva para los seres humanos. Mucho se ha ponderado sobre los numerosos beneficios que el ejercicio, con reglas que se cumplen y ejecutado con disciplina, acarrea para el desarrollo del cuerpo y la mente de quienes lo cultivan.

Organizar competencias, para deleite de deportistas, espectadores y promotores se ha mantenido como actividad de amplia aceptación.

El campo educativo ha asumido al deporte como un aliado incuestionable y requerido desde las primeras etapas en los sistemas educativos formales[1] hasta las fases más maduras de la vida. Y es que, sin dudas, se pueden adquirir valiosos conocimientos sobre uno mismo, sobre la interacción con el prójimo y acerca del trabajo en equipos, la resiliencia, entre otras cosas. Además se puede reconocer cómo funcionamos las personas, cuerpo y mente.

Esta es la descripción purista, cristalina y romántica de la actividad. Seguro que hay millones de personas que la comparten sin reparos. Es muy válida. Sin embargo, la realidad resulta bastante más compleja y hay diversos factores que se conjugan para hacer de esa aproximación, aunque posible, una especie en peligro de extinción.

Los medios de comunicación hacen de caja de resonancia a una manera de vivir los deportes cuyo impacto social está cargado de modelos de conducta, personales y sociales, indeseables[2]. Ante nuestros sentidos se magnifica una visión alternativa a la definida como ideal.

Aclaremos un poco el contexto. Nos ocupa aquí el deporte que se hace para competir. No es lo que se hace cuando el ejercicio es para satisfacción personal, para fijar y superar logros autoimpuestos. Hacer crucigramas o llenar sudokus también son parte del conjunto de ejercicios loables para atletas solitarios. Aunque existe lo que se denomina “sana competencia”, en el primer momento que una persona se compara con otros, individualmente o por equipos, se entra en un terreno donde se puede comprometer la bondad de los aprendizajes involucrados. Veamos más.

Resulta que la especie humana ha vivido compitiendo desde tiempos inmemorables. Las guerras se pueden interpretar como competencias donde las reglas, si existen, se violan a conveniencia de los ejecutantes. Se trata de actividades que no se consideran deportivas, claro está.

Los griegos inventaron los juegos olímpicos y uno de los rasgos mas notables de éstos era que durante los días que se realizaban se detenían las guerras. Esa práctica entró en desuso hace bastante tiempo, lamentablemente, y las guerras siguen siendo difíciles de contener.

Organizar competencias, para deleite de deportistas, espectadores y promotores se ha mantenido como actividad de amplia aceptación. Así tenemos que estos eventos fueron adaptados por los romanos, quienes aportaron el primer eslogan conocido de publicidad deportiva: mens sana in corpore sano (Juvenal 10.356-64 A.C.), y posteriormente fueron replicados en múltiples contextos geográficos, culturales y diversificados por disciplinas deportivas. En una veloz muestra de lo afirmado se incluyen Juegos Panamericanos, Juegos Universitarios, Copas Mundiales de Futbol, Campeonatos de Videojuegos, Olimpíadas Matemáticas, Vueltas a Francia y los Grandes Juegos de Meereen[3], para nombrar sólo algunos conocidos.

En el mundo así conformado, ganar es la meta, lo demás queda casi como retórica.

Este empuje y la masificación de eventos como los citados ha traído consigo una radicalización casi desquiciada en el ganar. La raída frase del Barón Pierre de Coubertin “Lo esencial en la vida no es vencer, sino luchar bien" (que es mas difundida como: lo importante no es ganar, sino competir) es, en realidad, una de las más desoídas en el ámbito deportivo.

En el mundo así conformado, ganar es la meta, lo demás queda casi como retórica. Atletas individuales y por equipos luchan por superar a sus contrincantes. Eso, además del reconocimiento personal, puede implicar importantes beneficios económicos y sociales. Abarcan desde ingresos adicionales hasta estatus privilegiados en sus comunidades.

Promotores y patrocinantes están dispuestos a financiar el delirante frenesí por el espectáculo y el reconocimiento, traducido en beneficios diversos, que conlleva el estar asociado a atletas triunfadores. Hay grandes intereses a la caza de las retribuciones por sus aportes en cada participación y dispuestos a obtener o mantener las supremacías que correspondan. Justo es reconocer que hay un rango de gratificaciones posible en las cuales se respeta la legalidad y el fair play.

Sin embargo, dentro de la dirigencia deportiva y política también se instrumentan artimañas para posicionar potencias comerciales o modelos ideológicos. Poco edificantes las lecciones que se sacan de la gestión de la FIFA, del gobierno ruso, el soviético o el de la Alemania nazi. Los regímenes totalitarios han tendido a apostar fuerte para destacarse en este campo y con prácticas non sanctas. Lo han asumido como políticas de Estado. Los grandes escándalos globales están a la vista, incluyendo autoridades destituidas o en prisión, legiones de atletas suspendidos. Cunde la desconfianza.

Justo es reconocer que hay un rango de gratificaciones posible en las cuales se respeta la legalidad y el fair play.

En medio de ese afán aparece la trampa individual, otro patrón de comportamiento rechazable para nuestros aprendices. Es así como la ingesta de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento más allá de lo “sano” para el cuerpo o el trucaje de los implementos deportivos con el objeto de obtener prestaciones por encima de las admitidas se han convertido en prácticas frecuentes. Diversos tipos de dopaje. Ejemplos notorios: Lance Armstrong, los atletas rusos descalificados para los JJ.OO. de Río 2016 y Sammy Sosa y sus bates rellenos de corcho. Una mención aparte merecen quienes evaden impuestos, de esta manera intentan escapar de sus deberes como ciudadanos. Ídolos con pies de barro, gran decepción colectiva al desentrañarse los engaños. El deseo de salir victoriosos puesto por encima de cualquier escrúpulo moral.

En síntesis, el mundo de los deportes está, en gran parte, impregnado de conductas impropias, que no deberían servir de modelo para nadie bajo ninguna circunstancia pero que se hacen visibles de manera prominente.

Vivimos en un mundo cambiante, con un dinámica vertiginosa y marcada por gran incertidumbre, que requiere soluciones construidas con sistemas abiertos, basados en la colaboración y la confianza.

La práctica deportiva que en estos tiempos tiene mayor difusión promueve paradigmas basados en la competencia desleal, la suspicacia y el escepticismo. Justo aquellas que quisiéramos desaprender para construir una sociedad con capacidad de superar los retos que enfrentamos.

La práctica deportiva que en estos tiempos tiene mayor difusión promueve paradigmas basados en la competencia desleal, la suspicacia y el escepticismo.

De manera que hay pocas esperanzas de que Messi responda positivamente a la carta que le envió una maestra argentina[4], donde de todo corazón le dice: “Por favor no renuncies, no les hagas creer que en este país solo importa ganar y ser primero.” Es probable que Lio regrese a la selección, pero lo que es casi imposible es que deje de importarle el ganar. Donde él está llegar de segundo es un fracaso.

¿Y lo de Pokémon Go? Un señuelo para ver si a este artículo le gana al anterior en número de lectores.

[1]  En este mismo portal se ha tratado el asunto equiparando la necesidad de abordar los deportes así como la música o el aprendizaje de otros idiomas. http://compartirpalabramaestra.org/columnas/beneficios-del-deporte-en-la-educacion-de-los-ninos

[2]  Una aclaratoria necesaria. Soy un fanático de los deportes de competencia y los dejé de practicar hace tiempo, no por razones morales sino por pereza. En mí habita una profunda admiración por la mayoría de las disciplinas deportivas.

[3]  Guiño a los seguidores de Game of Thrones. Temporada 5, Episodio 9: The Dance of Dragons.

[4]  http://compartirpalabramaestra.org/noticias/messi-no-les-hagas-creer-los-estudiantes-que-solo-importa-ganar-maestra-argentina

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.