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La cartografía pedagógica de experiencias investigativas

La academia en esta apuesta no se ampara en la unicidad disciplinar; al contrario, es consecuente con las intencionalidades de lo pedagógico.

Junio 22, 2018

La Red Chisua es un colectivo de maestras y maestros investigadores que desde 2007 ejercen su labor en el país. Chisua es un vocablo muisca que significa mochila, tejido de saberes, pensamientos, relatos, gente. A lo largo de estos años, el colectivo se ha extendido y hoy genera escenarios para tejer y compartir pensamientos, saberes y relatos en las comunidades, con el fin de potenciar experiencias pedagógicas de otras escuelas.

Desde el tejido de intereses investigativos con un sentido político emancipador promueve la constitución de sujetos críticos, estéticos y éticos, de acuerdo con las subjetividades infantiles, juveniles y comunitarias, que se interrogan por el buen vivir. Este recorrido reconoce a las maestras y maestros como sujetos políticos intelectuales de la educación y productores de saber pedagógico que se aviva en el dialogismo pluricultural de voces y afectos, visibles en las trayectorias vitales de propuestas educadoras de las diferentes regiones en el ámbito nacional.

Las experiencias que admiten dialogar en la red proponen procesos en torno a la restitución de los derechos, la formación de una ciudadanía activa y la transformación de una convivencia más solidaria e incluyente, en aras de la reconfiguración de tejido social mediante prácticas pedagógicas que empoderen a los sujetos en el buen vivir, a partir de aprendizajes que conecten sus realidades con el mundo del saber, la ciencia, el arte y la cultura. Este argumento se enuncia desde la cartografía pedagógica como estrategia que implica situar la cotidianidad escolar en notación de praxis para poder comprender cómo se agencia el acontecimiento formativo en las experiencias educativas.

¿Cómo concebir la cartografía pedagógica? La entendemos como un dispositivo analítico de investigación de experiencias basado en la deconstrucción, que muestra una red de significancia (Deleuze, 1999: 190) en la que emergen múltiples cascadas de interpretaciones entre los elementos propios del rastreo sistemático y diferencial de realidades. La cartografía pedagógica, en el aspecto epistemológico permite ir tras la huella de sí desde la indagación reflexiva y participativa de las realidades educativas, así como de los imaginarios de los sujetos que la hacen posible.

Este dispositivo analítico conlleva develar de forma cualitativa intencionalidades, modos de organización, códigos, discursividades, acciones, bases teóricas, vínculos, creaciones, objetos y todos aquellos insumos que caracterizan el acontecimiento formativo entre sujetos.

Se concibe también como una metodología que, a decir de Barragán y Amador (2014), se sitúa en el enfoque comprensivo-crítico y que contribuye de manera significativa a develar los sistemas simbólicos que los sujetos activan para aprehender el mundo y transformarlo (p. 133).

Se nutre de la sistematización de las perspectivas, acciones y vectores que delinean sus propios paisajes, representada en mapas y relaciones que georreferencian la fecundidad de su emergencia, siempre problematizada.

En este sentido, la cartografía pedagógica convierte la realidad educativa en un contexto de aprendizaje de la propia práctica, en el que se reconocen cómo los entornos familiares, culturales, ambientales, económicos, comunicativos, estéticos y geográficos se entraman en los trayectos del saber que colectivizan el espacio escolar. Además de convertirse en un medio alternativo para construir conocimiento contextualizado y situado, es una herramienta de planificación y transformación social (Barragán y Amador, 2014, p. 133).

Varios de los maestros y maestras de la Red Chisua, a partir de esta metodología, se enfrentaron por primera vez a la lectura de sus experiencias en clave de cartografía pedagógica, dado que no las habían documentado y por lo tanto sistematizado.

Por ello, el equipo base de la red se dio a la tarea de consolidar una rejilla para poner a dialogar la cotidianidad de la experiencia, la cual se refiere en algunos de los siguientes descriptores de problematización:

Los descriptores planteados en clave de cartografía pedagógica permitieron situar intuiciones y propósitos en dinámicas de registro de la cotidianidad educativa, las cuales hicieron que la interpretación de sus acciones y por ende la investigación de su propia práctica girará en torno a la pregunta formativa por el sujeto.

Algunos de estos aspectos, en el desarrollo de la experiencia, se hicieron evidentes; otros, se reconocieron en el proceso de leer, escribir y pensar las dinámicas propias de cada una. Incluso, varios de estos elementos antes no pensados se empezaron a concebir como necesarios en el fortalecimiento de los recorridos investigativos.

En este ejercicio, se tuvo como epicentro el territorio que contextualiza y georreferencia la vitalidad de la experiencia, los actores participantes y la construcción colectiva de conocimiento, elementos sin los cuales no sería posible su seguimiento y mapeo gráfico, textual y mental. La gran mayoría de maestros y maestras que agencian tales proyectos lograron reconocer la valía de sus procesos y, en este andar, sus fortalezas, debilidades y modos de robustecerlos, pues muchos de ellos ni siquiera se habían dado cuenta de la potencialidad que tienen en sus manos.

Al revisar las experiencias en pleno, se podría intentar categorizarlas de acuerdo con el énfasis que persiguen: infancias y juventudes, formación de cultura política, procesos metacognitivos, calidad educativa, empoderamiento docente, alfabetización y tecnomediaciones, territorio y cuerpo, territorio y ciudad, entre otros tópicos. Algunas de estas se denominan, a partir de sus reflexiones, como: El arte de verse a sí mismo: teatro foro y performance, Festival Arte-Acción.

Una propuesta de diálogo con otros saberes, La escuela como escenario resignificador del cuerpo en la incertidumbre del posconflicto, La alfabetización como una puerta hacia la emancipación, Relatos de vida en y para la escuela, Calidad en la escuela vs. Prácticas pedagógicas: los relatos como medio para la reflexión y la emancipación de los maestros en tiempos de le eficiencia, Aproximación a la decolonialidad de las infancias, Comunidades de saberes: el diálogo escuela, cultura y sociedad, Educación popular virtual: rutas en clave de red para los tiempos de cambio, Creación de mundos posibles: el cuerpo como sujeto político; construcción de cultura política de las juventudes en espacios colectivos, Turismo rural comunitario Agroparque Los Soches, una escuela de puertas abiertas, Saberes Otros: una apuesta desde la interculturalidad en la escuela contemporánea.

No obstante, las narrativas que en estas se identifican de manera cartográfica permiten expresar que el vector fundante que las cohesiona es la pregunta acerca de la formación del sujeto, dado que en cada una confluyen oportunidades dirigidas a que estudiantes, maestros y comunidad encuentren las vías de ejecución de sus proyectos éticos en formas de convivencia asociativas, yoicas y cognitivas, es decir, con el otro, con el ambiente, consigo mismo y con el conocimiento, que se tejen con sus mundos y realidades.

La academia en esta apuesta no se ampara en la unicidad disciplinar; al contrario, es consecuente con las intencionalidades de lo pedagógico, como constitutivas de la educabilidad, y la entrelazan con interdisciplinariedades que vinculan el ámbito familiar, local, nacional y social, en el acopio de principios, valores y expectativas desde las que se siente, se actúa y se comprende la realidad.

Si bien persiste la dicotomía entre la investigación y las dinámicas escolares, las experiencias referidas se resisten a esta partición, por cuanto hacen de la investigación un elemento estructural que constituye de manera renovada la práctica pedagógica, el currículo, los procesos académicos y convivenciales, el contexto, los aprendizajes y el mundo de la vida.

Los propósitos perseguidos dan cuenta de que es posible otra escuela en la que el abordaje pedagógico y didáctico de los saberes haga que niños, niñas, estudiantes, familias y maestros consoliden otros marcos de sentido y comprensión para pertenecer a la sociedad y para ser conscientes de lo que implica estar en diferentes colectividades. El conjunto de descriptores permite comprender las experiencias en el sentido de un ensamble entre la pedagogía y la didáctica, que se puede ejemplificar así:

En el esquema se puede interpretar que la pedagogía y la didáctica son verbo y acción dirigidos a la formación del sujeto, no en la unicidad de individuos, sino en la polifonía de un sujeto colectivo que cobra vida mediante sus formas de comunicación, posibilidades de interacción y construcción identitaria, “en un lenguaje que da forma a la conflictiva experiencia de convivir, en horizonte de reciprocidad de cada hombre, como los otros en el mundo” (Barbero, 2003, p.31).

Tomado de la página web de la Editorial Magisterio.


Imagen pixabay.com

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Doctorada en Interinstitucional en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional.
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Ángel Yesid Torres Bohórquez
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