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La ciudadanía digital del aprendiz móvil

Los sistemas de aprendizaje están preparando ciudadanos digitales bajo una noción limitada de “localidad” y la población está en movimiento.

Enero 21, 2016

Hasta hace pocos años se escuchaban voces que sostenían que era posible mantenerse al margen de la globalización. Un proceso satanizado y asociado con la expansión de mercados dominados por el capital. Esa interpretación resultó ser un poco simplista. Hoy día se ha optado por asumir la realidad mundial con sus múltiples complejidades y actuar en consecuencia para tratar de obtener los beneficios sociales deseados.

Una dimensión de esa complejidad está en la interdependencia de las naciones. Así pues, se debe prestar atención a la formulación de políticas públicas para que resulten armónicas con los compromisos internacionales que son vinculantes a los respectivos países. Para la educación, en el contexto actual, la globalización presenta retos que demandan soluciones con urgencia.

El incremento en el número de estudiantes y trabajadores que cruzan fronteras para labrarse un mejor destino, exige modelos alternativos para comparar las competencias adquiridas. Es decir, para reconocer, validar y evaluar los aprendizajes previos. Hay que tener en consideración que estas migraciones se dan tanto en el plano físico como en el plano virtual. (Lea: América Latina y el Caribe restan relevancia a la educación en su Agenda Digital)

El teletrabajo es una realidad que está permitiendo que el talento formado en un contexto local dado, esté produciendo valor en uno o varios contextos interconectados diferentes. Según al informe de la UNESCO “Replantear la educación ¿Hacia un bien común mundial?” [1], uno de cada siete habitantes del planeta está movido (“on the move”) en el mundo actual. Eso significa alrededor de mil millones de personas. Para más detalles, y de acuerdo con la misma fuente, la mayor parte de la fuerza de trabajo está destinada a ubicarse en los países del sur. Simultáneamente se ha incrementado la migración de trabajadores de un empleo a otro.

Los medios digitales han ampliado los espacios para la socialización de los individuos generando nuevas formas de relacionamiento, de participación ciudadana.

De manera que nos encontramos ante sistemas educativos formales, informales y no-formales que, con mayor o menor éxito, transmiten valores de ciudadanía, de pertenencia y responsabilidad a personas que desarrollarán su accionar en ambientes distintos a aquellos donde adquirieron esos aprendizajes.

Los medios digitales han ampliado los espacios para la socialización de los individuos generando nuevas formas de relacionamiento, de participación ciudadana. Un desarrollo que ha sido independiente de los sistemas educativos y que llegó a estos por invasión y no por diseño. La incontrolada diversidad cultural a la que están expuestas las personas con el acceso a recursos tecnológicos basados en las tecnologías de información y comunicación es a la vez una fuente de riqueza y una fuente de conflictos que amenaza la cohesión social planetaria.

El resultado de las elecciones parlamentarias en Venezuela, el pasado 6D, es parcialmente atribuido a la exitosa organización de la participación ciudadana empleando las redes sociales. La existencia de ISIS es una dramática alerta acerca de los peligros extremos que tenemos encima. (Lea: Sostenibilidad en la educación digital, la apuesta en Iberoamérica

El referido informe de la UNESCO afirma que estamos en medio de un proceso donde aumentan el subempleo, el empleo precario y el desempleo juvenil.  Consecuencias que adjudica al ineficiente desempeño de la relación educación formal-empleo. La situación se agrava por la prevalencia de una visión tradicional hacia la producción de políticas públicas para el sector centrada en medirse con base en indicadores tales como la dimensión de la población escolarizada en cada nivel del sistema. 

A la par de esos manifiestos efectos indeseados de la globalización sobre el empleo, crece la convicción de que la educación ha ido dejando de ser un vehículo de movilidad social, un instrumento para mejorar la calidad de vida del aprendiz. Los jóvenes al ingresar al mercado laboral, luego de completar ciclos de educación formal, ven que hay una brecha entre sus aspiraciones y las alternativas de bienestar que ofrecen las restringidas plazas de empleo disponibles. Además, para llenar esos puestos la competencia es numerosa como nunca antes. 

Estamos en medio de un proceso donde aumentan el subempleo, el empleo precario y el desempleo juvenil.  

El círculo oferta-demanda de empleos impulsa a los candidatos a procurar un nivel de educación más elevado, ya no sólo en el sistema formal. De esta manera se van surgiendo los nuevos parámetros que regirán la competencia por los puestos de trabajo. Por si fuera poco, continuamente el desarrollo científico tecnológico hace aparecer profesiones que no están incluidas en los catálogos de los centros de estudio. ¿Dónde adquirir las competencias que ellas requieren? Se obtienen con recursos como el autoaprendizaje, el aprendizaje colaborativo, pasantías, períodos de prueba, en el propio empleo, por citar algunas de las opciones más usadas.

El panorama descrito da luces sobre el por qué se han comenzado a cuestionar las bondades de las profesiones tradicionalmente reconocidas y de las instituciones educativas que, en abrumadora mayoría, siguen apegadas a estructuras que no han evolucionado al ritmo de los tiempos. (Lea: Tecnología, informática y aprendizaje digital para los líderes educativos

En síntesis, la educación está predominantemente concebida bajo unos parámetros de ciudadanía (incluye valores, sentido de pertenencia, compromiso y responsabilidad) orientados hacia expresiones más bien restringidas del contexto donde se desempeñarán las personas. Los sistemas de aprendizaje están preparando ciudadanos digitales bajo una noción limitada de “localidad” mientras la población se desplaza a existir en realidades diversas, multiculturales. Física o virtualmente.

Bajo el entendido que el aprendizaje se da a lo largo de toda la vida, es responsabilidad compartida entre el sector público, el sector privado, las comunidades y las familias, el promover que los ciudadanos tengan presente que están en un mundo digital cada vez más interconectado e interdependiente. Donde las nociones tradicionales de nación, comunidad y participación ciudadana están en permanente revisión y redefinición.


unesdoc.unesco.org/images/0023/002326/232697s.pdf

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.