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La construcción de comunidades justas en la escuela del posconflicto

Si las instituciones se convierten en espacios de cooperación, de democratización de las relaciones, será posible que emerjan sentimientos altruistas y de responsabilidad social.

Diciembre 2, 2015

La convivencia es un proceso inacabado de construir formas de relación y de darles sentido. Es un concepto plural que desde la alteridad está siempre abierto a nuevas formas de interacción enmarcadas en la responsabilidad y el respeto por el otro. En el contexto de una educación para el postconflicto es importante avanzar hacia una concepción más amplia de convivencia, con miras a constituir comunidades justas e incluyentes, concepto que Kohlberg (1980, 1985) introduce como una perspectiva que proporciona a los estudiantes, maestros y padres de familia, la posibilidad de regular la vida interior de la escuela, mediante un proceso participativo de toma de decisiones democrática, aprendiendo así los aspectos cognitivos, afectivos, morales y sociales que conlleva este proceso [1].

Las investigaciones y trabajos adelantados con respecto al ámbito escolar -y que pueden aportar para el trabajo con población desvinculada en medio institucional- señalan que “la democracia escolar y las experiencias de participación activa por parte de los estudiantes, promueven el desarrollo moral, el tratamiento de los conflictos y la convivencia en la escuela, resaltando que los ambientes democráticos permiten que los estudiantes se enfrenten con problemas y soluciones de la vida real presentes en sus relaciones sociales. De igual manera, hacen referencia a los procesos de reconocimiento, equidad y transformación de las relaciones de poder, lo que motiva a los estudiantes a pensar por sí mismos y no depender de autoridades externas para efectos de autoregular sus acciones”[2].

En el contexto de una educación para el postconflicto es importante avanzar hacia una concepción más amplia de convivencia, con miras a constituir comunidades justas e incluyentes.

Es importante poner de relieve que la vivencia y apropiación de la normatividad son elementos centrales en la construcción de comunidades justas, en la medida en que se acuerda públicamente la conveniencia de las reglas para garantizar el interés colectivo, favoreciendo de este modo  la indagación y la argumentación de posturas críticas en los alumnos. En la misma línea, Constance Kamii (1998), considera que la autonomía moral es primordial para promover la democracia, y que “es necesaria para que  estudiantes y docentes, puedan tomar decisiones razonables y responsables cuando se diriman cuestiones de justicia. De esta manera, la autonomía moral se construye en la medida en que las instituciones educativas generan espacios y oportunidades, para que los/ las estudiantes puedan elegir y opinar sobre aspectos que tiene que ver con la gobernabilidad y la convivencia escolar; reconociendo de esta manera, a los alumnos como sujetos de derechos moralmente competentes, para asumir su participación en la vida de la escuela y su comunidad”[3], y para asumir públicamente la responsabilidad de sus acciones.

En este sentido, la justicia se constituye en el principio rector sobre el cual se cimienta y se diseña el marco normativo que configura la comunidad justa, promoviendo un sentido público de comunidad y de cooperación. Por consiguiente, si las instituciones  se convierten en espacios de cooperación, de democratización de las relaciones, donde se aprende el valor que encierran la solidaridad, la pluralidad, el reconocimiento y el cuidado por los otros, será posible que emerjan sentimientos altruistas y de responsabilidad social.

Es importante poner de relieve que la vivencia y apropiación de la normatividad son elementos centrales en la construcción de comunidades justas, en la medida en que se acuerda públicamente la conveniencia de las reglas para garantizar el interés colectivo.

En el aula resultan pertinentes metodologías de trabajo basadas en la lúdica, las artes, la música, el trabajo en equipo y la utilización de técnicas corporales y de representación como el teatro y el sociodrama, para conocer los conflictos que se presentan en las relaciones de los recién llegados, como también, las dificultades que usualmente afrontan en su proceso de reintegración a la vida civil y que entre otras, están relacionadas con la estigmatización, la exclusión, la desconfianza, la timidez y la inseguridad. De aquí la importancia también de construir un clima moral que regule la convivencia escolar y social, caracterizado por la emergencia de vínculos y afectos en las formas diversas de estar juntos,  con prácticas de cuidado centradas en la empatía, la consideración, la indignación, la benevolencia y la responsabilidad por el otro.

De aquí la importancia también de construir un clima moral que regule la convivencia escolar y social, caracterizado por la emergencia de vínculos y afectos en las formas diversas de estar juntos,  con prácticas de cuidado centradas en la empatía, la consideración, la indignación, la benevolencia y la responsabilidad por el otro.

A partir de los anteriores planteamientos es posible que la educación cumpla un papel reparador y la escuela se convierta en un territorio de paz, donde niños y jóvenes desvinculados de los grupos armados ilegales puedan construir sus proyectos de vida, reivindicar sus derechos como ciudadanos, potenciar sus capacidades y vincularse con la sociedad civil.

[1]. Para María  Mercedes Oraisón, “esta propuesta concibe a la escuela como una pequeña comunidad gobernada a través de una auténtica democracia participativa, donde las normas que regulan la convivencia y el trabajo escolar son acordadas por todos los integrantes de la comunidad, a partir de procedimientos consensuales”. ORAISÓN, M. M. La escuela: ambiente moral y participación democrática En: Revista IRICE No 14, Pág. 115, Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación, Argentina, OEI, 2000. P. 5

[2] DELGADO, Ricardo y LARA, Luz Marina. De la mediación del conflicto escolar a la construcción de comunidades justas. Universitas Psychologica. Bogotá, Volumen 7 N° 3, 2008. P. 5.

[3] Ibíd., P. 5 y 6

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Gustavo González Palencia
Gran Maestro Premio Compartir 2008
ogré incentivar en niños y jóvenes el gusto por la música y la ejecución de instrumentos musicales.