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La educación es el asombro

A propósito de la 8ª Muestra estudiantil de tecnología, innovación y emprendimiento Duitama, Boyacá, 2018.

Octubre 31, 2018

En estos días los transeúntes que pasaban frente a la UPTC Duitama se encontraban con sus puertas cerradas. No se veían los estudiantes en los alrededores ni esa vitalidad que transmiten sugiriéndole al país que a lo mejor las cosas podrían cambiar. Han sido tantos los años de nación descuadernada que aún no entendemos la importancia que tiene la universidad pública para una sociedad que merece ser distinta, y en la que la creatividad y el asombro permitieran que todos pudiéramos buscar la felicidad en igualdad de condiciones.

La universidad ha hecho del saber la palanca que podría transformar a Colombia. Solo falta que toda la sociedad lo entienda, que supere el imaginario de ver la protesta y la defensa de lo público como algo negativo y comience a valorar el ejercicio de reflexión que implica pensar en las causas que motivan las marchas de estudiantes, profesores y esa parte de la sociedad que comprende el soporte de conocimiento que se necesita para pasar la página del subdesarrollo, el atraso, la corrupción y la violencia.

Escribo esto mientras transcurre el segundo día de la 8ª MUESTRA ESTUDIANTIL DE TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN Y EMPRENDIMIENTO (METIE) liderada y organizada por la UPTC desde hace ocho años. Escribo mientras el movimiento de los visitantes alrededor de los proyectos expuestos por los estudiantes de decenas de colegios de la ciudad y del departamento, produce un rumor que recuerda la efervescencia de la vida universitaria y mientras uno de mis estudiantes favoritos expone el uso de algunos de los dispositivos elaborados por sus compañeros, y que permiten el desarrollo de competencias científicas a través del aprender-haciendo. Escribo mientras los compañeros de la UPTC Duitama, lideran procesos de reflexión con la comunidad estudiantil acerca de la coyuntura por la que atraviesa nuestra Alma Mater y mientras algunos estudiantes acampan dentro de la universidad, resistiendo el abandono en el que se encuentra todo el sistema educativo.

Desde hace casi una década en alguna de las cátedras propusimos la tesis, “La Universidad a la calle” emulando el lema del proyecto Mnemósine “El colegio a la calle”; se trataba de un proyecto de aula diseñado para comprobar que en realidad los estudiantes de la UPTC lograban un aprendizaje significativo; lo que comenzó siendo un ejercicio de testeo, en términos del Design Thinking, terminó jalonando procesos en colegas, e incluso en varios estudiantes que se atrevieron a resignificar el sentido o elección de sus propias carreras, volviéndose lectores, escritores, ciudadanos críticos o asiduos visitantes de las bibliotecas; se trataba de aprender haciendo, socializando, exponiendo o asumiendo una posición crítica y desarrollando habilidades de pensamiento a través de estas estrategias.

Sin embargo no se proponía nada nuevo porque eso lo aprendimos cuando éramos estudiantes en esos intersticios que dejaban las clases; eso aprendimos en las marchas de entonces, en los recitales, en el trabajo que desarrollamos en los grupos de investigación: si en realidad íbamos a ser éticos como universitarios y futuros profesionales, tendríamos que resignificar el impacto del saber académico porque se trata de la más poderosa posibilidad de transformación social.

Y eso es METIE. Se ha propuesto a lo largo de estos años articular los procesos que permitan trascender la enseñanza tradicional en las aulas desde perspectivas tecnológicas, informáticas y de innovación, en la educación básica y media. Ha fortalecido las asignaturas de Tecnología e Informática así como las especialidades en cada IE de la ciudad y de los municipios aledaños. Se convierte en una muestra del impacto que tiene la UPTC en el entorno y en la educación de los niños y jóvenes del departamento, no solo creando un espacio de socialización, encuentro e intercambio de saberes; también sirviendo de base para proyectos de vida de muchachos que una vez culminen sus estudios de bachillerato piensen en continuar sus estudios en el SENA o en la Universidad. Ha sido grato ver exalumnos de colegio, siguiendo sus procesos en la U o en el SENA, llegando incluso a ser docentes, jurados y asesores de procesos en las diferentes IE de la ciudad, del departamento y del país.

En nuestro colegio tuvimos la posibilidad de tener algunas asesorías de Bryan Salamanca, uno de esos jóvenes ingenieros con potencial que se ha ganado la vida haciendo de la innovación una herramienta para abrirse camino en el mundo. Su optimismo y tranquilidad a la hora de asombrar a los niños de la vereda, invitándonos a pensar en lo que será el primer programa espacial de la ciudad, se suma a los esfuerzos del profesor Nelson Sierra, quien con las uñas y sin ningún tipo de apoyo, ha sentado las bases de líneas de investigación científica para desarrollar competencias en sus alumnos. Así llegamos al trabajo de Luis Miguel Rojas, nuestro diseñador estrella y una evidencia de que los procesos de inclusión funcionan. Diseñó y elaboró un trasbordador espacial, armó el puente autoportante de Leonardo Da Vinci, ha elaborado satélites y es experto en origami; y allí está, explicándoles a los visitantes del stand cómo armar el puente y enseñando cómo construyó el transbordador. Es curioso el contraste con los estudiantes que cuentan con los recursos económicos o al menos con el apoyo de sus respectivos directivos. Eso prueba una vez más que a veces la educación y el aprendizaje se dan en contravía o a pesar de estos personajes que en lugar de motivar y estimular, entorpecen procesos y limitan el alcance de los mismos. Como egresados de universidades públicas lo sabíamos hace mucho, la mayoría de las veces la educación sucede al margen de la Escuela; a pesar de ella.

Y esa es la misma razón por la cual la Universidad resiste no solo los ataques desde afuera sino los ataques desde adentro: Reformas académicas que lesionan la parte humana y ética, esa parte fundamental de un aprendizaje que impacte en una sociedad que se volvió inhumana, los recortes presupuestales o el ninguneo de asignaturas fundamentales como la Ética. Se ha limitado esta asignatura a un semestre y luego la sociedad se pregunta sobre las razones por las cuales existe tanta carencia de valores en las actuaciones de los egresados de las universidades del país. La Ética como asignatura debería verse en los últimos tres o cuatro semestres de educación superior, y tendría que ser un componente ineludible en los procesos de graduación, a través de proyectos que comprueben su esencia como aprendizaje significativo; por ejemplo, se tendría que reconocer el esfuerzo de Bryan Salamanca por motivar a los estudiantes de un colegio rural que carece de los más elementales dispositivos para hacer ciencia o desarrollar saber desde la tecnología, y en el que por si fuera poco, se suprimen los intentos de los docentes que intentan innovar. Su persistencia tendría que reconocerse como componente o dimensión de su formación universitaria upetecista.

El compromiso de la Universidad a través de METIE es asombroso. Se debería establecer un convenio con la SEM para que en todos los colegios de la ciudad, y sobre todo los rurales, reciban un curso intensivo de robótica, por ejemplo. Estos colegios condenados al atraso y la pobreza, a través de lo que se ha dado en llamar pertinencia educativa, merecen recibir estos conocimientos, merecen buenos profesores y sobre todo, directivos visionarios que en lugar de aislar a las instituciones educativas, les abran las puertas a la modernidad.

Al frente de la catapulta que fue elaborada con madera y con la que mis otros estudiantes explican procesos científicos, se ve un brazo robótico. Afuera Juanita, estudiante del colegio Rafael Reyes, explica cómo funciona su motor;  al otro lado del recinto el profesor Andrés Albarracín (del Santoto), explica cómo funciona un piano que elaboraron con propósitos pedagógicos. En la tarde el profesor Javier Torres comprueba que está bien el TV que tuvo la gentileza de prestarnos. En el auditorio se ven muebles elaborados con llantas, maquetas y tantos dispositivos que uno queda realmente asombrado; el profesor Javier Álvarez del colegio la Pradera, verá como sus estudiantes ganan  varios premios. En ese recinto se vislumbran ingenieros, empresarios, ciudadanos de bien alejados del ruido de los fanatismos ideológicos y conscientes de las posibilidades de una educación de calidad.

El profesor Oliverio Durán, Ingeniero en Electrónica, es el alma de METIE; cuenta que el evento comenzó a realizarse desde el 2010 con la participación de tres instituciones. Desde entonces la SEM Duitama y la Cámara de Comercio le dieron su apoyo a la UPTC; en el 2011 se logró la participación de diez instituciones educativas con alrededor de 70 proyectos. Hace dos años se abrió el espacio para la participación de colegios privados y de otros colegios de la Provincia del Tundama y demás municipios aledaños; incluso se ha recibido la solicitud de colegios de Cundinamarca. El comité organizador comenzó con tres delegados representando a la UPTC, a la Cámara de Comercio y a la SEM Duitama; posteriormente se integró la Secretaría de Industria, Comercio y Turismo, así como la Gobernación a través de la Secretaría de Productividad, TICS y Gestión del conocimiento. Este año se inscribieron 125 proyectos y participaron 410 estudiantes acompañados por 60 docentes. Creemos que uno solo de tantos estudiantes pertenece a un programa de inclusión y hace parte de la representación de QUEBEC; se ha compartido esta experiencia con los profesores y estudiantes de la UPTC; tendrán un año para pensar si se abre el espacio a esta población estudiantil como una línea aparte, si se les da un reconocimiento especial, o si participan en igualdad de condiciones que los demás.

La Escuela de Educación Industrial se trasladó al evento. Ver a la secretaria de la Escuela, doña Luz Mery Castelblanco, al profesor Gilberto Casas, director de la Escuela y a tantos estudiantes y profesores acompañando al profe Oliverio, demuestra el grado de compromiso con la U y con la educación de la los niños y jóvenes de la ciudad. Eso se llama apostarle al futuro a través de la educación, la creatividad y el asombro. Felicitaciones y agradecimientos para ellos, y para los estudiantes de QUEBEC por representar al colegio luego de años sin hacer presencia en el evento; y felicitaciones y agradecimientos principalmente a todos aquellos que defienden la universidad pública porque son conscientes de que solo a través del conocimiento y de la imaginación se construye un país digno para todos… Y si todo sale bien, nos vemos el próximo año a ver qué otras maravillas nos asombran.

 

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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.