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La escuela como fábrica: la historia oficial

"No tiene sentido hablar ya sea de 'la era industrial" o del desarrollo de sistemas de los sistemas de escuelas públicas como una sola fase coherente de la historia nacional".

Mayo 3, 2015

Ya sea que nos pongamos del lado de los “progresistas” para quienes la escuela que tenemos es una mala copia de la retratada por Pink Floyd en “A hole in the wall” o de los “críticos” para quienes la escuela es solidaria de instituciones totales como las prisiones, los hospitales y las fábricas; y por lo tanto es impotente e incapaz de seguirle los pasos a un siglo que se vende como creativo, artístico, insobornable, y sobretodo profundamente imaginativo y original. Lo cierto es que ese modelo de la escuela como fábrica es mucho mas un hombre de paja que una evidencia histórica.

Nuestra densidad histórica se disuelve a medida que nos vestimos de tecnología día y noche. Por eso repetimos los mismos errores, y por eso creemos que los déficits pedagógicos que atribuimos a anteriores innovaciones tecnológicas (en este caso a la educación masiva industrial), se curarán no con menos (y mejores) usos de la tecnología, sino con dosis masivas de tecnología (de eso tratan los modelos  a 1) que terminan haciendo mas de lo mismo.

Por eso para entender porqué vamos por mal camino, porqué dispositivos asombrosos como el Apple Watch no remediarán lo que docentes insulsos y estructuras curriculares anquilosadas (sumada a prácticas burocrático-ministeriales totalmente desinformadas) empeoran cada día, es necesario no tanto imaginar las soluciones tecnopedagógicas mágicas del futuro, cuanto revisar los entramados complejos del pasado, y rescatar de iniciativas variadas y a veces parcialmente exitosas, que una uniformización descriptiva simplista ignora y pierde de vista.

El modelo industrial de la educación asimilado a líneas de montaje, cohortes ordenadas por edades, instrucción de clases enteras, estandarización, modelo prusiano (o lancasteriano), y el mito de que la educación no ha cambiado nada en los últimos 120 años, no resiste el menor análisis histórico.

La solución no provendrá pues de las máquinas que tenemos hoy, o de los algoritmos que las habitan. El futuro de la educación depende mucho más del rediseño (ontológico) de los docentes, y del hackeo curricular, del tiempo, el espacio y la evaluación, que tendrá lugar muchas veces sin máquinas, o a pesar de las máquinas.

Mucho antes de que se promulgaran leyes nacionales de alfabetización obligatoria en muchos países latinoamericanos (empezando por la argentina en 1884), ya existían demandas de educación ampliada, diversos sistemas de organización escolar como el sistema de monitores (método "Bell-Lancaster”), editoriales que publicaban libros de texto antes de que los estados los compraran por millones, y hasta escuelas de formación docente, sistemas de gestión y seguimiento y una descentralización que en algunos países (como en USA) llegaron a extremos amplísimos, muy lejos de la estandarización tan deplorada.

Quizás el más grande de los errores es suponer que la escuela copia  a la industria para generar trabajadores dóciles y acríticos. Si bien ello ocurrió ocasionalmente, los desfasajes fueron enormes porque en muchos países (especialmente los latinoamericanos), los modelos educativos se desarrollaron décadas o hasta un siglo antes de la supuesta industrialización, a la que obedecerían mansa y tranquilamente. En rigor en muchísimos lugares la vida interna de la escuela anticipó la sociedad industrial en vez de ser su inalterado reflejo.

Como bien lo mostró Dorn (2011) la denuncia del modelo industrial de educación mas que una fenomenología de una enseñanza indeseada, no es sino un arma retórica para, criticando una práctica inexistente, imponer otra que la superaría, cuando en realidad no hace mas que calcarla y reproducirla, solo que amplificando desmedidamente el rol de la tecnología en la educación.

Ninguna escuela fue nunca una fábrica, aunque algunos dibujos y croquis lo supongan. Los maestros no son un ejército aunque a algunos sindicatos les gustaría que así ocurriera.

La apelación de los tecnofílicos a la modernización escolar busca introducir masivamente a la tecnología (encarnada actualmente en modelos 1a1 costosos y mutilados en casi todas sus encarnaciones, a excepción tal vez de El Plan Ceibal en Uruguay) es parte de esta danza de equívocos.

El encanto (favorecido por los fabricantes de equipos de hardware y software) para imponer sus modelos es el supuesto infundado de que las máquinas de enseñar personalizarán y revolucionarán la educación, permitiendo que los alumnos aprendan a medida, siguiendo sus necesidades y gustos, aprovechando sus conocimientos previos, y apreciando el estado del arte mas actualizado en las disciplinas.

Los sistemas de educación virtual que datan de varias décadas atrás, y los MOOCS mas recientemente, son testimonio de esta tendencia hacia la algoritmización de la educación, que en décadas pasadas se denominaba automatización.

Resulta gracioso -cuando no extremadamente paradójico- imaginar que estos nuevos sistemas de estandarización y control (utilizados muchas veces con el objetivo no declarado de abaratar costos y de masificar la instrucción), son mejores y mas eficientes que los que teníamos hace 50 o 100 años atrás

Y si como bien conjetura Audrey Watters (2015) ¿esto del modelo industrial de la educación no fuese mas que un cuento que nos hemos inventado para así justificar la actualización (upgrade) del software y del hardware, solo que trasladando el control de los maestros a los ingenieros y de los gobiernos al mercado?

Son varios los factores que convergen para darle verosimilitud a esta historia de la industrialización (inexistente) de la educación:

  1. El supuesto mal funcionamiento masivo de los sistemas educativos.
  2. El costo creciente y los rendimientos decrecientes de los sistemas heredados.
  3. La masificación del uso de dispositivos tecnológicos supuestamente cada vez mas inteligentes.
  4. El éxito (inicial) que han tenido los sistemas de educación virtual y los cursos masivos on-line.
  5. La aparición de nuevos sistemas de almacenamiento de  información y el uso de soportes como Youtube para amplificar el conocimiento visual de  la humanidad.
  6. Nuevos buscadores de tinte académico que mejoran al acceso a una cantidad creciente de información producida por el sistema educativo y sobretodo fuera de él.
  7. El mejoramiento de los sistemas expertos y de aplicaciones de “inteligencia artificial” que empiezan a imitar la heurística humana.
  8. El uso de “Big Data” que permite generar hipótesis inesperadas fuera de los circuitos convencionales de la ciencia tradicional y de la educación conservacionista.

Estos 8 puntos son mas o menos ciertos o válidos, pero de allí a imaginar que las máquinas (las que tenemos hoy o las que tendremos en los próximos años) nos enseñarán (sustituyendo a los buenos docentes, que eso si lamentablemente son escasos). Y que el software (que tenemos hoy y que esperamos tener mañana) permitirá optimizar los aprendizajes, siguiendo los lineamientos de los fabricantes de software y hardware, es una ingenuidad política y un error pedagógico que ya estamos pagando a través del uso inefectivo de la tecnología que ha invadido las aulas (y las oficinas) en los últimos años y que salvo excepciones ha estado muy por debajo de sus promesas, y encima fomentando el riesgo de exterminar especies mediáticos (y formativas) que seguimos necesitando y que debemos mejorar. So pretexto de que forman parte de ese imaginado modelo industrial, responsable de todos nuestros males.

Deberemos pues revisar nuestra denuncia sistemática de la educación industrial (que nunca existió), solicitando a gritos una educación post-industrial basada en máquinas y en algoritmos (la de los ingenieros, los fabricantes, los vendedores de aceite curalotodo).

La solución no provendrá pues de las máquinas que tenemos hoy, o de los algoritmos que las habitan. Como comentábamos en columnas anteriores el futuro de la educación depende mucho mas del rediseño (ontológico) de los docentes, y del hackeo curricular, del tiempo, el espacio y la evaluación, que tendrá lugar muchas veces sin máquinas, o a pesar de las máquinas, que supimos conseguir.

 


Referencias

Buckingham, David Más allá de la tecnología: aprendizaje infantil en la era de la cultura digital. Buenos Aires. Manantial, 2008.
Dorn, Sherman Being careless with education history Sept 4, 2011
Horn, Michael B. & Evans, Meg A factory model for schools no longer works.
Maggio, Mariana Enriquecer la enseñanza. Los ambientes con alta disposición tecnológica como oportunidad. Buenos Aires, Paidós, 2013.
Watters, Audrey The Invented History of 'The Factory Model of Education' 25 Apr 2015
Watters, Audrey The Automatic Teacher 04 Feb 2015 

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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