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“La escuela es un espacio de elucubración de sentido”: Miyer Fernando Pineda

El maestro Miyer Pineda responde cómo se debe enseñar la historia reciente en el colegio y explica cómo usa su proyecto Mnemósine para hablar del tema en el aula de clases.

Agosto 21, 2019

En Colombia ¿Se debe enseñar la historia reciente en el colegio? ¿Cómo?

Luego de una década intentando reflexionar en las aulas sobre las sucesivas etapas de violencia en Colombia, hemos concluido que la esencia de la historia tiene que resignificarse desde los problemas del presente. Es posible hacer de las ciencias sociales un laboratorio de investigación científica  en el que los estudiantes del país analicen la situación por la que atraviesan millones de compatriotas, y desde los resultados de dichos análisis proponer nociones de ciudadanía capaces de aprender de las lecciones de la memoria. Sin memoria, como depuración del saber histórico, no hay ciudadanía, y sin una ciudadanía consciente de los problemas que obstaculizan su dignificación, no hay formas de lograr un país democrático.

Sobre este aspecto la pregunta sobre el cómo es más compleja pero también es fascinante porque lleva implícita una forma de legitimar la esencia misma de la escuela y de la pedagogía. Lo que hemos concluido es que ejercicios similares a lo que se conoce como Aprendizaje Basado en Proyectos, puede ser una estrategia que desarrolla competencias en los estudiantes mientras los motiva a volverse autónomos. Retarlos para que se conviertan en científicos sociales es abrir el camino para que se asuman como ciudadanos críticos el día de mañana. Otra estrategia que se ha comenzado a explorar es el poder del lenguaje y de la palabra como potenciadora del pensamiento crítico; hay que disputarle el poder de la creación y de la palabra a las clases de Español; allí se la encarcela en muchas ocasiones; en la clase de sociales se les puede contemplar en su dimensión crítica, y estudiantes que creen y piensan desde el asombro, pueden hacer la diferencia en procesos universitarios o ciudadanos.

¿Cómo se discierne la verdad en un mundo en el que hay tantas fuentes de diferente calidad e intenciones?

Quizás sobre este problema sea suficiente con escuchar a las fuentes, a las víctimas, a los frentes de exterminio, a los artistas y escritores. La escuela es un espacio de elucubración de sentido en el que deben caber todos los puntos de vista. Sobre ellos se utilizan las herramientas de la ética, es decir, de una filosofía activa para que con el tiempo podamos sacar conclusiones tamizadas por el saber ético.

Dentro del desarrollo del proyecto Mnemósine creamos la Cátedra Jaime Garzón como una forma de escuchar y de reflexionar a partir de lo que nos cuentan los invitados a la cátedra. En ese espacio invitamos a algún personaje de la ciudad o de la vereda, para que nos enseñe algo; luego le hacemos preguntas y aprendemos de las lecciones de sus historias. Sabemos que escuchar es un proceso complejo pero desde nuestro silencio valoramos su punto de vista, porque criticar es valorar, es pensar desde la experiencia del otro, desde su verdad y su visión de mundo. Incluso sobre este aspecto se puede repensar el papel de las redes y del manejo poco ético de su poder, a la hora de manipular a una ciudadanía que no está preparada para un ataque tan estratégico; desde esta perspectiva, se hace urgente hacer de la lectura crítica un arma de caballería.

¿Qué lenguajes usar en el aula para hablar de la historia reciente?

Luego de tres años de implementación del proyecto Mnemósine en un colegio rural (se había trabajado durante siete años en un colegio urbano), se pueden señalar dos posiciones. Para explicarlas es necesario recordar que uno de los retos del proyecto es el montaje de un Museo vivo de la memoria histórica; los estudiantes que participan leen informes del Centro nacional de la memoria histórica (CNMH) y lo socializan con la comunidad. Es requisito pedir permiso a los padres para este ejercicio; algunos padres leen con sus hijos o los escuchan; apenas un porcentaje mínimo no autoriza o no acepta que sus hijos lean este tipo de informes porque lo que narran es muy duro. Las posturas sobre el Museo son dos. Una dice que no es posible que los adolescentes lean estos libros porque los pueden traumatizar; la otra dice que sí es posible. Para respetar las posiciones se da libertad y se exige el permiso de los padres. Sin embargo, como docente líder del proyecto debo decir que soy de la postura número dos. Los niveles de violencia a los que están sometidos los adolescentes en la actualidad es preocupante, y la escuela no se puede mantener al margen de esas manifestaciones que degradan lo humano, por tanto es válido asumir con rigurosidad su análisis.

La historia que legitima el Museo la contamos en un artículo publicado en un libro [1], y permite comprender las razones por las cuales pensamos que para hablar de paz se debe hablar de la historia de violencia del país; la experiencia enseña que la escuela es también un espejismo retórico y que si no asume la realidad de lo que ha sido nuestra historia de injusticia, desprecio y crueldad, no se comprenderá la importancia que tienen la paz, la democracia, los derechos humanos y la dignidad del otro.

Hasta el momento el ejercicio enseña que los padres son importantes en estos procesos y que la escuela puede asumir el papel de abanderada de los espacios de reconciliación. La escuela es un oasis en el que la dignidad humana bebe y descansa un poco; allí se resguarda en la juventud, inocencia y energía de los niños que van a heredar un país que naturalizó la crueldad.

Hemos podido concluir al conversar con los jóvenes, muchos ya profesionales, que han participado en algún momento en el Museo, que los temores que existen al enfrentar estas lecturas, son erróneos y bastante discutibles. Esos exalumnos ahora son conscientes de los problemas de su país y están dispuestos a entablar diálogos sobre la importancia de una democracia seria que vislumbre un país humano. 

¿Es el desarrollo del pensamiento crítico una ruta para construir o aportar a la verdad? Si es así, ¿Qué papel juega la pedagogía en la construcción de la verdad? y ¿cómo?

No hemos podido lidiar con los problemas del mundo contemporáneo porque no hemos podido pasar las páginas de violencia que se heredan y que se encuentran enquistadas en la cotidianidad de lo que somos como país. Apenas sí hemos logrado intuir que la violencia es una forma de encubrir la corrupción tan aberrante que ya tiene anémica a una nación que no ha entendido que merecería un mejor presente. Los daños al medio ambiente y los niveles de desigualdad contrastan con las posibilidades que tendríamos si logramos acuerdos sociales enmarcados en la Constitución política de 1991. Casi diez millones de víctimas, dos niños abusados cada hora, más de cien mil desaparecidos, cincuenta billones de pesos perdidos al año, una guerra que cuesta lo que podría dedicarse al agro, o a luchar contra la pobreza, etc., son problemas que prueban la importancia de hacer del pensamiento crítico una de las estrategias que permita visibilizar las causas estructurales que impiden que dejemos de hacerle culto al ladrón y al asesino. Por eso la escuela tiene mucho qué decir al respecto porque es el espacio desde el cual podemos analizar esos datos y humanizarnos en ese tránsito de repensarnos frente al conflicto. 

¿Cómo debe cambiar el sistema educativo para no perpetuar las condiciones que llevaron al conflicto?

A estas alturas del partido podemos decir que las lecciones de la memoria son fundamentales. El conocimiento de la sustancia histórica permite comprender que hemos sido una nación que no conversa sobre sus cicatrices. Por ello quizás deba comenzarse desde las universidades, desde las facultades de educación, y luego con una reflexión seria con los docentes. Han sido de gran ayuda la Cátedra para la paz, la conjunción de las ciencias sociales, el proyecto transversal de democracia y derechos humanos. Sin embargo los docentes son fundamentales, por eso su formación debería ser integral, sin especializarla como se hace hasta el momento. En nuestro caso, trabajar creación y literatura desde las ciencias sociales ha sido una herramienta fundamental; pero a un docente en este momento no lo educan así; lo especializan incluso por líneas o disciplinas y esto es un error, porque lo vuelven inactivo para los demás. La solución para este malestar universitario es la autoformación, pero con esa estructura creada para limitar a los docentes en las aulas, le quedan pocas energías y poco tiempo para explorar otros campos. Se tendría que reestructurar el proceso educativo, pero mientras se logra, dependemos de los docentes que guerrean a pesar de las circunstancias, y que se atreven a innovar o a explorar otros campos del saber.

 


[1] Educar para la paz. Apuestas de los docentes para construir país. En http://quebecmnemosine.blogspot.com/p/publicaciones.html

 


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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Diego Fernando Barragán Giraldo
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Invitó a sus estudiantes a armar pieza por pieza un rompecabezas mental cuya imagen final dejaba ver la realidad del país.