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¿La escuela está preparada para acceder a la cibercultura?

Conozca las tres fases del conocimiento por las que ha atravesado la humanidad al adoptar diferentes tipos textuales para construir, almacenar y comunicar el saber. 

Febrero 23, 2018

En el presente artículo, se muestran las tres fases del conocimiento por las que ha atravesado la humanidad al adoptar diferentes tipos textuales para construir, almacenar y comunicar el saber: el tipo textual oral, el tipo textual escrito y el tipo textual de la multimedia.

A partir de allí, se establece un campo conversacional que permite pensar acerca de las transformaciones socio-cognitivas que se están produciendo en la escuela por efecto de las nuevas textualidades virtuales, y se concluye con la identificación de los cambios y retos en las formas de conocer y trasmitir conocimiento que enfrenta la escuela debido a esta evolución.

Cibercultura es una palabra compuesta a partir del prefijo “ciber” y la palabra “cultura”. El prefijo se utiliza en la Comunidad Internet para denominar conceptos que refieren a las redes (cibernauta, ciberespacio…), su origen es la palabra griega Kibernao, que significa pilotar una nave.

Por su parte, la palabra cultura tiene las siguientes acepciones en el diccionario de la RAE: conjunto de modos de vida y costumbre; conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.; y resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre.

Cibercultura como termino, ha sido y sigue siendo usado por los académicos de la Antropología para hacer referencia al impacto de la internet en la sociedad, ya que es vista como un nuevo campo de investigación interdisciplinar basado en el análisis cultural de las tecnologías de la información y la comunicación (Valle de Frutos, 2011).

Esta nueva disciplina, a principios del siglo XXI, dio paso a los denominados estudios de la Internet los cuales han generado nuevas realidades sociales digitales y han planteado interrogantes que disciplinas como la Antropología, Comunicación Social y Psicología han intentado responder mezclando teorías y métodos (Valle de Frutos, 2011).

Por la misma época, desde la sociología, surgieron análisis que permitieron a las anteriores escuelas funcionalistas y estructuralistas dar un salto cualitativo y crear el concepto de cultura de la virtualidad, por lo cual actualmente, algunos estudios apuntan hacia nuevos análisis más tecno-sociales donde la cultura no aparece como centro de estudio, sino que el énfasis radica en el análisis de las redes internacionales.

Las tecnologías de la comunicación han generado un cambio transcendental en la idea de cultura. Si la cultura había sido un tema de mucho desencuentro entre las disciplinas, ahora la dispersión será mayor desde que se incorporó el ciberespacio como aquel lugar donde también hay existencia de cultura.

Estos cambios culturales conllevan a cambios en las formas de conocer, los cuales no pueden ser ignorados cuando se piensa en la escuela, y los retos a los que se enfrenta en el seno de una cultura de la virtualidad.

Para abordar las implicaciones cognoscitivas de la cibercultura es preciso hacer un recorrido por las formas de conocimiento que ha adoptado la humanidad a lo largo de su evolución. Scolari (2009) hace referencia a ellas mencionando tres fases: el paso de la oralidad a la escritura, con especial énfasis, y a la llegada de nuevas textualidades interactivas y multimedia.

La primera fase de la cultura oral, por su inmediatez y fluidez, no se presta a la conservación del conocimiento (entendido este, como hechos y experiencias adquiridas de manera teórica o práctica y que el sujeto organiza sistémicamente) debido a la libre interpretación a la que están sujetos los textos de dicha cultura.

En las sociedades preliterarias, la memoria humana fue el instrumento dispuesto para el almacenamiento de la información y es por eso que en las comunidades orales, la inteligencia se identificó con la memoria, sobre todo la memoria auditiva.

Durante esta primera fase de la cultura oral, la humanidad trató de inventar mecanismos y técnicas para mejorar la memoria: rimas, ritmos, repeticiones y aliteraciones. Estas técnicas aparecieron como un dispositivo destinado a asegurar la inestable capacidad de archivo del Homo-Sapiens.

Aunque las aliteraciones son tan antiguas como el hombre mismo y aunque su empleo no facilitó el desarrollo significativo de conocimiento, aún hoy en día, estas estrategias están presentes en actividades de aprendizaje en las cuales la memorización no es posible; por ejemplo, aquellas actividades dirigidas a estudiantes que no tienen un estilo cognitivo relacional.

Las primeras técnicas de memorización se basaron en la construcción de representaciones interconectadas linealmente entre sí mediante una relación causa–efecto; con esta técnica, se intentó asegurar el conocimiento de manera lógica.

Las representaciones adoptaron un fuerte carácter narrativo a través de los mitos y se entrelazaron con la vida cotidiana de las comunidades por medio de los rituales y, de este modo, las principales representaciones sociales se codificaron en forma narrativa lo cual aseguró su preservación de generación en generación.

En las comunidades ancestrales de las actuales sociedades, se asiste a este tipo de rituales para recordar las enseñanzas aprendidas por medio de danzas o expresiones orales con ritmo para mantener en el tiempo las enseñanzas que de no ser así, fácilmente se olvidarían (Scolari, 2009).

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* Publicado bajo licencia Creative Commons-Reconocimiento-No comercial-4.0 International (CC BY-NC 4.0). 

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