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La Garantía de no Repetición solo habita en la educación

No hay que temerle al dolor. A los que no vivimos la violencia directamente, debemos acercarnos a ella, para no vivir en la urna de cristal, donde nada nos toca y todo lo vemos. Para lograr entender porqué se necesita un proceso donde todos podamos ser parte.

Agosto 11, 2015

Una de los primeros e inciertos caminos que viene con un posconflicto en nuestro país, es la forma en que nos reeducaremos para poder vivir con el perdón, con el dolor, con la tristeza y, a su vez, con la esperanza y con el anhelo de la no repetición.  

Ahora, que siguen saliendo más y más historias de dolor y muerte, me pregunto ¿cómo poder reconstruir una sociedad que se ha armado contra sí misma?  Y uno de los primeros ejercicios que he realizado en mi experiencia como comunicador y formador, ha sido tocar el “nervio” del dolor para ayudarlo a sanar. 

Hay que tocar lo que realmente nos duele en estos procesos de reconstrucción social y de aprendizaje para que no confundamos nuestro dolor y no se transforme en odio.

Definir ese “toque” es llegar a ese momento en el que te acercas al dolor mismo y dejas que salga, que se expanda; dejas que sea dolor y que no se convierta en odio, que no se transforme en la correlación de la violencia misma. Es decir, que hay que tocar lo que realmente nos duele en estos procesos de reconstrucción social y de aprendizaje para que no confundamos nuestro dolor y no se transforme en odio.

Cuando se acompaña ese acercamiento a víctimas y a la vinculación con la justicia que exigen, sea divina o terrenal, es que encuentras que las lágrimas no son solo lágrimas, son la expresión misma de lo que nos obliga a caminar hacia algún lugar, y esa es la oportunidad que tiene la educación, una y mil oportunidades, no solo para presentar la verdad sin prenda y las atrocidades sin veto, sino para que reaprendamos de nuestros errores como sociedad y hagamos que las generaciones que vienen no sigan repitiendo lo mismo.

Para que haya justicia y paz, la no repetición debe ser una garantía

Los educadores tenemos que aprender, y me incluyo como parte de aquellos que pueden acompañar estos procesos, a reescribir también desde el dolor para aquellos que aún no han sido víctimas, para esa porción de la Colombia que no vive la guerra en directo sino por referencia y para poder enseñar que la vida de los que se ha perdido es una amenaza a un futuro que no se valida solo con homenajes, sino con aprendizajes de cada muerte.

Esa famosa garantía de no repetición que exige la Ley de Justicia y Paz es la que debe estar basada en la educación, porque no hay posibilidad de no repetición si las víctimas siguen siendo más y más todos los días, porque no hemos aprendido a la tolerancia y la empatía.  Si las balas siguen quitando vidas de cualquier bando y las lágrimas y el dolor se siguen convirtiendo en nuevas acciones de terror. 

Educar en violencia para formar pacifistas inteligentes

En búsqueda de ejemplos, veamos uno cercano: un insumo es el de los medios de comunicación que se han acercado a la historia del país desde el drama y la industria del entretenimiento, para poder contar a las nuevas generaciones en cada escuela, colegio y universidad del país lo que han traído las decisiones de los que ahora son líderes políticos, sociales o militares, o simplemente actores del conflicto mismo.

Ser educador es una  de las pocas profesiones que puede con esta responsabilidad, pues son quienes  se arriesgan a enseñar

Series como “Escobar, el Patrón del Mal”, historia de la forma en que Pablo Escobar Gaviria se hizo el capo de capos para el mundo, o la de “Los Caínes”, que contó la historia de los hermanos y paramilitares Castaño, son productos comunicativos, que si se tratan y acompañan, salen de convertirse en mero entretenimiento; que alejándolos de la ficción y las acciones de la dramaturgia pueden mostrar a los que están en la escuela que si no paramos ahora mismo, desde lo micro, lo pequeño, desde la convivencia diaria de la misma violencia, siempre tendremos un espacio, un punto, una línea, para tener un pretexto y reiniciar un círculo de dolor, de agresión y de irrespeto por la vida.

Cuanto a más niños y jóvenes en toda Colombia les brindemos espacios para reflexionar sobre el país y no los metamos en una urna de cristal, donde ven todo pero nada los toca, más será posible que como nación logremos que la no repetición sea una verdad de a puño. Ser educador es una  de las pocas profesiones que puede con esta responsabilidad, pues son quienes  se arriesgan a enseñar; ahora debemos formar desde la realidad de la violencia cotidiana, para formar mentes pacifistas que lleven a Colombia a una nueva realidad, la de un posconflicto que no se construye en mesas de negociación, sino en el cotidiano.

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Director de Comunicaciones Fundación Compartir
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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.