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La nueva mirada de las habilidades socio-emocionales: saber, saber hacer y saber ser

Para generar mejores oportunidades y bienestar en futuras generaciones es necesario tener un balance entre el desarrollo de las habilidades cognitivas y las socio-emocionales.

Mayo 31, 2016

Diferentes actores a nivel internacional como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de su estudio “Desconectados, Habilidades, Educación y “Empleo en América Latina” y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) a través de su reciente publicación “Habilidades para el Progreso Social, El poder de las habilidades socio emocionales”, reconocen la importancia de desarrollar habilidades socio emocionales y el impacto directo de éstas  en el bienestar, progreso social, ciudadanía y principalmente en la relación con la salud, las conexiones sociales, familiares, la participación cívica y el mercado laboral.

Para generar mejores oportunidades y bienestar en los niños, jóvenes y futuras generaciones es necesario tener un balance entre el desarrollo de las habilidades cognitivas y las socio-emocionales, ya que este balance es primordial para  las destrezas que se requieren en el siglo XXI.

En Colombia el fomento y desarrollo de competencias socio-emocionales es un tema reciente. Desde la Constitución Política del 1991 y la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) se reconoce la importancia del pleno desarrollo de la personalidad, la participación de todos en las decisiones que nos afectan, el desarrollo de la capacidad crítica, reflexiva y analítica en aras al  mejoramiento de la calidad de vida, entre otros, en el marco del fomento de los derechos humanos como objetivo fundamental de la educación.

Entre el 2003 y 2004 se definieron los lineamientos de las competencias laborales generales y las competencias ciudadanas. Las competencias laborales generales comprenden todos aquellos conocimientos, habilidades y actitudes, que son necesarios para que los jóvenes se desempeñen con eficiencia como seres productivos y que pueden ser desarrolladas desde la educación básica hasta la educación superior y vida profesional. Las competencias ciudadanas, por otro lado, habilitan a los jóvenes para la convivencia, la participación democrática y la solidaridad, las cuales se desarrollan en la educación básica primaria, básica secundaria, media académica y media técnica.

El año pasado la Fundación Corona, en conjunto con el Departamento Nacional de Planeación - DNP, el Departamento para la Prosperidad Social - DPS, Grupo Enel y la Caja de Compensación Compensar, realizaron el Foro “Habilidades para la Vida”, durante el cual se presentaron los diferentes enfoques desde el Gobierno y el sector privado. (Consulte las memorias del foro aquí) 

En el Foro se reconoció que aunque la terminología de estas habilidades puede ser diferente - dado que algunos las llaman competencias blandas, otros competencias transversales y capacidades ciudadanas esenciales - todos concuerdan que son habilidades necesarias para hacer frente a los diferentes desafíos que encuentran los niños y jóvenes en cada etapa de su vida, motivo por el cual la agenda del país se debe centrar en cómo desarrollar estas habilidades, en qué momentos y cómo se pueden evaluar.

Frente a cuándo se deben desarrollar es importante tener en cuenta dos componentes: el contexto y el momento de educación. Frente al primero, los diferentes programas y estudios reconocen que se deben tener en cuenta cuatro entornos de aprendizaje tanto en la educación formal como la no formal: la escuela, la familia, la comunidad y el lugar de trabajo. Estos deben interactuar entre ellos para lograr el desarrollo de las habilidades de forma integral.

En cuanto al momento en la educación, diferentes estudios han demostrado es la etapa de primera infancia (0 a 5 años)  el principal momento para desarrollar las habilidades socio emocionales, dado que  éstas generan y fortalecen a su vez nuevas habilidades, en un efecto de bola de nieve, generando resultados futuros más positivos, no solo frente a las habilidades socio emocionales, sino también en relación con las cognitivas. También se ha demostrado que debido a la elasticidad mental de los seres humanos, esta condición permite desarrollarlas durante toda la vida pero el mayor impacto se tiene en los primeros años.

Uno de los principales retos frente a las habilidades socio emocionales es la información que se tiene sobre el tema. La dificultad de medir, monitorear y evaluar el desarrollo de estas habilidades, se debe a los diferentes enfoques que  actualmente se tienen.

La mayoría de iniciativas evalúan competencias o habilidades tales como: trabajo en equipo, comunicación, liderazgo, resolución de conflictos, responsabilidad y compromiso. A través de evaluación de procesos se ha demostrado que los programas e iniciativas que presentan mejores resultados e impactos son las que se basan en experiencias prácticas y que utilizan metodologías de aprendizaje activo, programas que incluyen de forma transversal y explicita en los currículos las habilidades socio-emocionales, programas que fortalecen las competencias de los docentes e involucran a los padres y a la comunidad.

Por ello la OCDE liderará un estudio longitudinal con la Secretaria de Educación de Bogotá, con el fin de evaluar a profundidad los resultados del desarrollo de competencias en cada uno de los tramos del ciclo de vida. También se encuentran otras iniciativas públicas para monitorear y evaluar estas competencias como la mesa transversal de habilidades blandas, estudios de la pruebas Saber y PISA en competencias ciudadanas.

En el Informe Sistema Regional de Evaluación y Desarrollo de Competencias Ciudadanas, “Educación, Ciudadana y Formación Docente en Países de América Latina” plantea que el principal enfoque en el país se ha dado en las habilidades ciudadanas: “la educación ciudadana en Colombia está enfocada al saber y al saber hacer antes que al saber ser, salvo porque las habilidades de las que tratan estos estándares afectan directamente los criterios y parámetros para construir relaciones de convivencia, participación y pluralidad”.

Por lo tanto, somos muchos los que estamos en la tarea de promover cambios sistémicos en toda la cadena educativa y en los diferentes contextos en los cuales se deben desarrollar estas habilidades, con el fin de fortalecer las capacidades institucionales y generar sostenibilidad en el esfuerzo de ser seres íntegros y ciudadanos.

* Fundación Corona autoriza la publicación del artículo, publicado originalmente en La Silla Vacía.

Escrito por
Directora Ejecutiva de la Fundación Corona.
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