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La pedagogía del capitán fantástico

Captain fantastic, una película que se debe trabajar con mucho cuidado porque se le puede salir al profesor (a) de las manos en su discusión y análisis.

Marzo 1, 2017

Captain fantastic es una película que no pasó desapercibida en la reciente entrega de los premios Oscar, no sólo porque tenía a Viggo Mortensen entre los aspirantes a mejor actor principal, sino porque su demoledora sátira a la sociedad norteamericana, y en general a la sociedad de consumo, la erigió como una de las mejores películas del año pasado.

La anécdota es simple: una pareja que ha decidido apartarse de la civilización con sus seis hijos entre los cinco y veinte años, en las montañas de la Norteamérica profunda, enseñándoles a vivir de la caza, la pesca y las actividades propias de la vida silvestre. Sin embargo, la esposa debe ser hospitalizada por su desorden bipolar y esquizofrenia y muy pronto el padre se entera que se ha suicidado. Decide entonces, casi por petición de sus hijos, ir al entierro para hacer valer el testamento de ella en que exige ser cremada de acuerdo a su fe budista.

En casi todas las escenas de la película hay un hecho pedagógico. Así, se inicia con una violenta: el mayor degüella un ciervo tras una silenciosa y planeada emboscada, y el padre le saca el corazón para que el muchacho beba la sangre en una clara representación de un ritual de paso del niño al hombre. Después se ve al otro niño (son dos varones y cuatro niñas) produciendo fuego mediante la fricción de dos piedras.

Meditan, hacen ejercicios de defensa personal, y los que pierden son exhortados a defenderse hasta matar al contrincante si es necesario. En las noches leen: astrofísica (a la mayor le pregunta sobre la teoría M, una complejísima teoría física sobre las supercuerdas), filosofía (Hegel, Aristóteles), literatura (la menor, Middlemarch de George Eliot, seudónimo de Mary Anne Evans, un clásico inglés sobre temas como el autoengaño y la educación), y a todos les pide que agilicen sus lecturas para su examen la semana próxima. Tras la charla, el padre toma una guitarra y toca una tonada que sus hijos, con diferentes instrumentos, comienzan a seguir y a ampliar hasta convertirse en una sinfonía de baile y alegría.

Escalando una montaña rocosa, el menor se suelta y queda colgando de los arneses al tiempo que se golpea en una mano, buscando a su padre con expresión de angustia.

-Piensa, observa y planea- le dice, mientras el muchacho se retuerce de dolor.

Cuando van en su bus al funeral de la madre, el padre le pregunta a la hija mayor qué está leyendo al verla con un libro en la mano, Lolita, responde, y a la pregunta de cómo le parece, interesante, dice. Todos gritan al unísono que interesante no vale como respuesta. Ella comienza a describir la trama de la novela y el padre le dice que eso no es un análisis sino su anécdota; por fin, la muchacha comenta cómo el personaje del hombre le parece atractivo y repulsivo al mismo tiempo y emplea palabras como violación o relaciones sexuales. La menor (de cinco años) pregunta sobre el significado de esas dos palabras y el padre le responde sin eufemismos, de forma literal:

-Relaciones sexuales es cuando un hombre introduce su pene en la vagina de una mujer y eventualmente les produce placer. La violación es lo mismo, pero contra la voluntad de uno de los dos, generalmente de la mujer-  

Hastiados de la comida chatarra, el padre decide robar de un supermercado comida sana y algunos regalos (entre los que hay excelentes cuchillos para cazar, libros sobre sexualidad y vino) que celebran como si fuera navidad porque es el día del cumpleaños del héroe de la familia: Noam Chomsky.

El padre siempre exige que se den argumentos cuando alguien está en desacuerdo, que expliquen las cosas difíciles o teóricas con sus propias palabras y, sobre todo, acoge cada punto de vista y lo somete a discusión con los otros. No busca consensos; busca claridades, explicaciones, sentidos, significados.

Pero quizás la deriva pedagógica más importante de la película sea lo que nos muestra sobre cómo enfrentar y asumir la muerte de un ser querido. Como si siguiera a pie juntillas los planteamientos y críticas de Norbert Elias en su espléndido libro La soledad de los moribundos, en los que denuncia el ocultamiento que se hace, sobre todo a los niños, de “la irrevocable limitación de la existencia humana mediante ilusiones colectivas, al tiempo que se asegura esta ocultación mediante una censura social sobremanera rígida” (página 72); el padre enfatiza el carácter biológico de la muerte, y la despoja de toda clase de fantasías asociadas a ilusiones de sobrevivencia eterna en otro lugar, o a instancias metapsíquicas de inmortalidad. No sin razón las últimas escenas de la película son no sólo unas de las más vibrantes, emotivas y desopilantes del cine, sino de las más elocuentes sobre cómo rendir un verdadero homenaje a los que se van, el cual debería ser muy parecido al de los que llegan.

En términos didácticos, es una película que se debe trabajar con mucho cuidado porque se le puede salir al profesor (a) de las manos en su discusión y análisis. Al despojarse de los tapujos, hipocresías y eufemismos de la educación formal, muchos estudiantes podrán creer que todo vale y, sobre todo, que la escuela no sirve para nada –de hecho, hay una escena que la ridiculiza al máximo- dadas las posibilidades y ventajas del autodidactismo y la necesidad de conocimientos prácticos. Por eso se debe reflexionar, antes de ponérsela a ver a sus estudiantes, qué piensa usted acerca de los propósitos y objetivos de la escuela en un mundo en el que tener tiempo para estudiar es uno de los mayores capitales materiales que actualmente poseemos los humanos para seguir evolucionando. 

Escrito por
Doctor en Educación. Magíster en Sociología de la Educación
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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.