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La TV para el aprendizaje: cuando todo ha cambiado

El audiovisual tiene muchos usos para el aprendizaje que van más allá de la experiencia inicial que tuvimos los maestros cuando conocimos la televisión.

Diciembre 23, 2015

En la vida cotidiana una multiplicidad de pantallas compite por nuestra  atención.  Las pantallas se han vuelto ubicuas, persistentes y multifuncionales. Tenemos pantallas por doquier. Pantallas  en los hogares, en los sitios públicos, en los centros comerciales, en los restaurantes, en los transportes. Incluso desde hace no mucho tiempo  tenemos pantallas en nuestros bolsillos, en formatos para llevar y usar en cada momento y lugar. Y la poderosa  Google y sus rivales compiten por comercializar pantallas que están ya en nuestras gafas.

Durante un largo tiempo los profesores nos preguntábamos si había que llevar la pantalla de televisión al aula, y cómo y para qué hacerlo. Solo teníamos una televisión y se llamaba la pantalla chica. Televisión y educación fue durante décadas una ecuación que no se resolvió. Hoy no es solo una televisión, y ni siquiera es una pantalla chica. La encontramos en todos los tamaños, con tecnologías inmersivas, con representaciones tridimensionales, con  niveles de definición que compiten con la realidad. Y los productores perdieron el monopolio desde el 2005, con una de las maravillosas invenciones de Internet: YouTube.

Llevar el audiovisual contemporáneo al aprendizaje implica considerar que este objeto, a diferencia de la televisión tradicional, ha sufrido una transformación profunda, adquiriendo un rasgo fundamental: su carácter interactivo.

Así que en el nivel de los contenidos la innovación es aún más compleja en productores y productos. La enorme diversidad de narrativas y formatos es de una riqueza nunca vista. Por supuesto hay de todo, desde géneros, historias y modos de contar anacrónicos, colmados de estereotipos naturalizados hasta nuevas formas de relato, nuevas temáticas que develan lo que de otra forma no nos atreveríamos a decirnos . Así que, con todo ello, con la metamorfosis del canal, los productores  y el contenido, la pregunta que se hace un profesor sobre qué televisión usar para el aprendizaje es profundamente compleja, empezando con la más difícil de dilucidar: ¿cómo usarla?

La imagen tiene un poder enorme, en todo sentido, sobre nosotros. Los seres humanos evolucionamos con una profunda dependencia de nuestra visión. De hecho, las estimaciones neurocientíficas revelan que nuestro cerebro dedica al procesamiento visual aproximadamente la mitad de su desempeño cognitivo. Ningún otro proceso ocupa tanta capacidad neuronal.

Tenemos profundas metáforas compartidas con que recordamos el poder de las imágenes en nuestra vida. Solemos decir que una imagen vale más que mil palabras, que hasta no ver no creer, que el amor entra por los ojos, que ojos que no ven corazón que no siente. Nos gusta ver y mostrar, Facebook y YouTube son la muestra más contundente de ello. Soñamos con imágenes. Nos contamos con imágenes. Hemos desarrollado diversidad de culturas, y entre ellas, la más poderosa, nuestra cultura audiovisual contemporánea. Estamos rodeados de nuestras historias audiovisuales. Hemos generado una amplitud sorprendente de formas y tecnologías para contarnos con imágenes. Cine, televisión, internet, videojuegos y los propios usuarios, somos productores y consumidores de imágenes. Así que las opciones de uso son bastante amplias. Pero acotemos al menos tres que consideramos relevantes.

Lo primero que hay que considerar cuando pensamos en la producción audiovisual en el aprendizaje es la diversidad de la televisión temática científica, mucha de la cual está disponible en capítulos completos o en fragmentos en la web.

Así que un profesor encuentra en ella diversidad de contenidos que van desde dramatizados hasta documentales, o, con frecuencia, híbridos que mezclan a uno con otro. Antes se consideraba el “programa educativo”, como la clave. Hoy sabemos que el aprendizaje no tiene que ver con la naturaleza “educativa” del contenido. De hecho aprendemos en todo formato y género, en la vida y en las historias. Sin embargo, vale decir que en los últimos diez años el género documental se ha convertido en uno de las narrativas más interesantes y atractivas para los espectadores. Existe un amplio número de canales temáticos científicos (Discovery Channel y Natgeo entre los principales) cuyas narrativas han adoptado formatos dramatizados, en los mejores estilos narrativos, que están haciendo una producción de un alto nivel de calidad. Sus sitios web contienen materiales que podríamos usar en nuestras clases y en YouTube y otros sitios similares muchos usuarios publican fragmentos y contenidos completos, incluso seriados que podrán ser de enorme utilidad. Existen también iniciativas que llevan organizadamente la TV temática de canales científicos al aula. Y alrededor de estos contenidos se han creado comunidades de usuarios, profesores, investigadores y educadores de todo nivel, que comparten estrategias de uso, guías de aprendizaje y material complementario.

Lo segundo, llevar el audiovisual contemporáneo al aprendizaje implica considerar que este objeto, a diferencia de la televisión tradicional, ha sufrido una transformación profunda, adquiriendo un rasgo fundamental: su carácter interactivo. Esto lo hace un objeto completamente manipulable, que se puede reeditar, reconfigurar y reciclar en múltiples maneras. Muchas experiencias de incorporación de audiovisual al aprendizaje tiene que ver con la capacidad de hacer comprensible el objeto, cómo hacerlo nuestro, en nuestros propios usos y reconfiguraciones. En la web existe multiplicidad de herramientas para reeditar y publicar estos contenidos.

Lo tercero, es considerar que el audiovisual no debe ser solo el audiovisual. Es decir, el clásico ejercicio de ver una película y comentarla, en una especie de foro de opiniones, tiene una utilidad limitada, incluso llega a ser poco atractivo y contraproducente para el usuario. Más allá de esto han surgido metodologías que ligan el audiovisual a realizar actividades más complejas, como reescribir su guion, buscar un desarrollo alternativo, producir un contenido similar, reciclar sus partes, generar guiones temáticos complementarios. Muchos relatos que atrapan a nuevos lectores juntan libros seriales y producciones cinematográficas. Muchos niños y jóvenes pueden pasar del universo cinematográfico a leer el libro, o la saga de libros. Esta sin duda será una excelente manera de atrapar lectores. Así que, al pensar llevar al aprendizaje el audiovisual, piénselo en un circuito simbólico, pregúntese, además de verlo, cuándo verlo, con qué ligarlo, cómo reutilizarlo. Y en el reino de los  productores usted puede convertir a sus aprendices en productores que preparen guiones, escriban, documenten, investiguen, validen y al final, después de este proceso, produzcan el contenido de video.

Lo más poderoso que ocurrirá no será el audiovisual, que incluso podrá salir con errores, medio en borrador e inacabado, sino que será todo lo que suceda en el proceso complejo de investigar, ordenar contenidos, construir en conjunto y desarrollar competencias tecnológicas para publicar.

La recomendación sin duda, es explorar y renovar. No se imagine usar el audiovisual contemporáneo como usted lo aprendió. Cuidado con esa tentación. Solemos enseñar cómo hemos aprendido, y en el reino de las nuevas tecnologías, nuevos contenidos, el audiovisual ha cambiado tanto como ha cambiado la manera de comprender como funciona realmente nuestro cerebro en el aprendizaje.

www.neuroexplora.com

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Consultor, diseñador e investigador en aprendizaje y educación
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Belkis Briceño Ruíz
Maestra del Colegio Antonio Nariño IED
Cuando uno quiere enseñarle algo a alguien, el que aprende es uno. Eso sucede en la escuela. Eso es lo que buscamos los maestros a diario