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Las competencias, ¿algo nuevo, o más de lo mismo?

Desde 2004, uno nuevo ha hecho aparición en el escenario educativo: los estándares básicos de competencias. ¿Acaso se trata de meros cambios de lenguaje?

Enero 18, 2018

Adelita Pinzón era una joven maestra recién egresada de la licenciatura en matemáticas y física. Se distinguía por su inteligencia y por su picardía, la que sabía armonizar a la perfección con mucha seriedad y dedicación a sus estudios. Era el año 1974 y acababan de salir los programas de secundaria del Decreto 80.

En la normal y en la universidad había aprendido a elaborar programas y a hacer parcelaciones por contenidos, pero ahora su coordinador académico le exigía que, en lugar de organizar sus parcelaciones con listas de contenidos para cada clase, debía hacerlas con objetivos específicos.

Le dio vueltas al asunto y pronto se dio cuenta de que no era sino poner “el alumno” como sujeto, consultar una lista de verbos permitidos, escoger uno de ellos y escribirlo antes del contenido. Por ejemplo, si el contenido decía: “Las ecuaciones cuadráticas”, para cambiarlo a objetivo específico bastaba decir: “El alumno resolverá ecuaciones cuadráticas”. ¡Listo el objetivo! Muy pronto había cambiado todas sus parcelaciones de contenidos a objetivos específicos.

Así le daba gusto al coordinador con esa picardía y le podía poner toda su seriedad y dedicación a la preparación de sus clases. Adelita siguió muy contenta enseñando sus matemáticas, sin preocuparse de si se trataba de enseñarlas por contenidos o de enseñarlas por objetivos. Daba lo mismo. Adelita acababa de celebrar sus 20 años como maestra licenciada cuando salió la Ley General de Educación en 1994. Durante año y medio, su colegio elaboró un PEI muy concertado y discutido entre directivos y docentes.

Cuando se aprobó el PEI, el coordinador académico reunió a los docentes y les dijo que ahora había que cambiar los programas del Ministerio por unos programas nuevos hechos según el PEI del colegio y que, según la nueva Ley 115, ya no se debían elaborar con objetivos específicos sino con logros e indicadores de logro. Nadie entendía la diferencia, ni siquiera el coordinador mismo, y hubo que esperar otro año más a que saliera la Resolución 2343 de 1996 con la lista de indicadores de logro.

Adelita, a la que ya no le decían así, sino “doña Adela”, estudió con cuidado la Resolución, comparó la redacción de los contenidos, los objetivos y los logros, Las competencias, ¿algo nuevo, o más de lo mismo? Carlos Eduardo Vasco U. Matemático y educador y pronto se le ocurrió una idea brillante: un logro tenía que ser el logro de un objetivo, porque lo único que se podía lograr era un objetivo.

El asunto no era tan difícil. No era sino tomar el objetivo y cambiarle el verbo en futuro por el mismo verbo, pero en presente de indicativo. En vez de decir: “El alumno resolverá ecuaciones cuadráticas”, ahora había que decir: “El alumno resuelve ecuaciones cuadráticas”. ¡Listo el logro! Muy pronto había cambiado sus programas y parcelaciones de objetivos específicos a logros e indicadores de logro, y pudo volver a poner toda su seriedad y dedicación a la preparación de sus clases. Así, doña Adela siguió muy contenta enseñando sus matemáticas, sin preocuparse de si se trataba de enseñarlas por objetivos o de enseñarlas por logros. Daba lo mismo.

Doña Adela acababa de celebrar sus 30 años como maestra licenciada, cuando salieron los estándares básicos de competencias matemáticas en el 2004. El Icfes también había cambiado sus exámenes de grado 11, dizque de aptitudes a competencias interpretativas, argumentativas y propositivas.

En el año 2005 la nombraron coordinadora académica de su colegio. Doña Adela, a quien ya no le decían así, sino “doctora Adela” porque ya había terminado su maestría, recibió de la Secretaría de Educación la orden de cambiar todos los programas y parcelaciones del colegio de logros a competencias. Ella trató de entender qué era ese asunto de las competencias, y se puso a estudiar el tema con la seriedad y dedicación que la caracterizaban. Era un asunto difícil.

Al poco tiempo se acordó de lo que había pasado en 1974 y en 1994 y se le ocurrió una idea: de pronto eso de las competencias no era sino más de lo mismo, y debía haber algún truco fácil para hacer el cambio de logros a competencias. “¡Apuesto a que basta cambiar el verbo en presente de indicativo por la expresión ‘es competente para’, y luego escribir el verbo en infinitivo!”.

Así, en lugar del logro: “El alumno resuelve ecuaciones cuadráticas”, la competencia quedaría así: “El alumno es competente para resolver ecuaciones cuadráticas”. ¡Lista la competencia! ¿Lista? Algo le sonaba mal. La doctora Adela era demasiado inteligente para no caer en la cuenta de que esta vez no le había funcionado la picardía.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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