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Libertad, escuela y sociedad

“Libres son quienes crean, no copian y libres son quienes piensan, no obedecen. Educar es enseñar a dudar”, concluye Eduardo Galeano, y yo agregaría: educar es enseñar a pensar y a hacer uso responsable de la libertad.

Octubre 3, 2019

“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos
no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen,
y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen…”

Eduardo Galeano

El tema de la libertad que resulta bastante sugestivo y retador, tiene además relación con el papel de la escuela, por eso en este aspecto centraré mi disertación. Vivimos una extraña paradoja: nunca el hombre fue tan libre, ni jamás se percibió tan esclavo como en la época actual.

La diferencia es que dicha esclavitud no comporta a imagen de los imperios antiguos ni de la época colonial en la que pueblos enteros eran sometidos por la fuerza de las armas, y quedaban en la condición de mercancías u objetos de quienes los tomaban como un botín para su servicio. No, las nuevas ataduras no son físicas, tampoco son grilletes ni cadenas, y aunque no sujetan corporalmente tienen el poder de doblegar voluntades, las conciencias. Tal como lo expresa Eduardo Galeano, las nuevas ataduras son la sujeción del hombre a la sociedad de consumo. “¿Cuánto tienes cuánto vales?”, como dice la canción.

Es la presión de los medios de comunicación que nos invitan a la competencia, que nos repiten hasta el cansancio que la felicidad del hombre es alcanzar el éxito a como dé lugar. La libertad se convierte en la posibilidad de tener y tener a nuestro antojo. La presión que se vive en los espacios escolares se mide a través de dos interrogantes: ¿Qué marca y qué modelo de dispositivo electrónico tienes?” y ¿Estás a la moda? Como si el disfraz hablara por ti. El concepto de libertad se convierte en ropaje, en lo superficial, en lo light del ser humano. Hay un afán no por ser sino por querer parecer. Niños y jóvenes que claudican su libertad por el ánimo de ser aceptados por el grupo. Niños y jóvenes que se dejan llevar por la masa para infringirle daño a otro u otros. Una escena que se ha vuelto repetitiva en los espacios escolares y que se torna cada vez más imperceptible por las “bondades” de la Internet: los estudiantes son víctimas del ciberacoso o ciberbullying, cuando alguien, haciendo uso de su libertad, decide burlarse de su apariencia, de su modo de ser o alegremente inventa una historia para dañar su reputación o, peor aún, hace un montaje para ridiculizarlo.

Por esto el tema de la libertad resulta tan cercano al contexto escolar: asistimos a una ceguera colectiva que ha pervertido el concepto y el sentido de la libertad. Libertad, sí, pero ¿para qué? ¿Para dejarnos vencer por drogas psicoactivas?, ¿para pensar que soy más porque tengo X o Y marca de celular, porque paso por encima de los demás y obtengo lo que deseo, para hacerle daño a los otros, para que otros tomen las decisiones por mí? ¿Qué es entonces la libertad?

En 1941 el filósofo Erich Fromm, en su libro ‘Miedo a la libertad’, pone en evidencia algo extraño en el hombre moderno: su inclinación cómoda de ceder su libertad para que otros asuman el mando de sus vidas. De esta manera Fromm explica el surgimiento y triunfo de los totalitarismos en el que conglomerados enteros se arrodillan y obedecen a los dictados de Hitler, “el Führer”, en Alemania; de Stalin, en la antigua Unión Soviética; de Mussolini, en Italia y de Franco, en España.

Ser libre no es algo fácil, es más fácil ser esclavo. Quien decide ser libre asume las riendas de su vida, el esclavo permite que otros decidan por él. Es la metáfora de esta época. Vivimos en una carrera loca: cada uno en su dispositivo cree atrapar el mundo, su tiempo es controlado por esas demandas de las redes virtuales… ¡conteste el WhatsApp!, ¡envíe el mensaje!, ¡endéudese, compre, adquiera!, “no viva el instante, tómese la selfie”. Tome fotos y fotos y luego bórrelas, siga tomándolas y en esa maraña se nos va la vida, perdiendo el trasfondo de lo verdaderamente importante, el ser.

En los comienzos del siglo XX, José Ortega y Gasset decía algo que cobra mayor sentido en la época actual: “La forma de la vida ha cambiado mucho más que sus contenidos: hoy es inminencia, improvisación, acritud, prisa y aspereza”. ¿Qué ha sucedido con la libertad? Este filósofo español consideraba al ser humano como un proyecto en el que la libertad se constituía en su piedra angular. Al igual que Fernando Savater, Ortega consideraba el uso de la libertad como un valor que traza nuestra diferencia con otros seres vivos. Ambos afirman que el privilegio y el drama de la libertad es nuestra posibilidad de elegir, de tomar decisiones. Ortega, palabras más palabras menos, afirma algo muy bello que sintetiza nuestra condición humana y su relación con el ejercicio de la libertad: “(…) todos llevamos dentro como el muñón de un héroe… Héroe es…quien quiere ser él mismo».

Ortega va a lo profundo del uso de la libertad. En su análisis nos interpela a decidir si queremos ser hombres masa u hombres egregios. Se entienden los primeros como los que se suman alegremente al parecer de los demás, los que se unen al coro sin preguntar motivos ni razones, los que prefieren esperar la iluminación de alguien que les debe decir lo que hay que hacer: «El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva» Los hombres egregios, en cambio, son aquellos que dan un paso al costado y deciden ser ellos mismos, optan desde sus convicciones y no permiten que la marea humana los tome y los lleve a voluntad. Todos somos héroes si seguimos los postulados de Ortega, con la simple decisión de ser lo que queremos ser y no lo que otros quieren que seamos.

Abramos un poco más el horizonte de la discusión para sorprendernos por manera como nuestra libertad es tomada por otros. En la vida escolar es común que se formen pequeños grupos en torno a afinidades y gustos. De repente el joven termina haciendo parte de una barra “brava” o de una banda. Algo aparentemente normal respecto al uso de la libertad se convierte en un abrir y cerrar de ojos en una situación que puede atentar contra el interés general o contra la integridad de otras personas. En nombre de un equipo de fútbol o por defender la pertenencia a un grupo, un colegio o un barrio –problemática conocida en Cali como las fronteras invisibles– niños y jóvenes terminan perdiendo la vida. Esta imagen refleja el hilo sutil, pero trascendental, entre la libertad y la educación.

Esa voz libertaria te habla al oído, es una voz que se afina con el acceso a la cultura, a los libros, a las diversas formas de pensamiento, a la pluralidad que dibuja el mundo, a las ventanas del saber que ofrece la escuela, Enseñar a pensar

Es que la libertad es la capacidad de tomar decisiones responsablemente y asumir la consecuencia de nuestras acciones. Como decimos insistentemente padres y maestros, libertad es tener la valentía de decir NO, cuando se nos pide romper nuestro sistema de creencias y de valores; decir NO, cuando se nos reclama actuar bajo la presión del grupo, cuando en el aula de clase se nos invita a ser héroes rompiendo los acuerdos para la convivencia; decir NO, cuando vemos a nuestros compañeros que hacen algo que violenta o daña a otro ser humano. ¿Cómo aprendemos a tomar la libertad en nuestras manos? El único camino es la educación. En un disco de salsa titulado ‘Uno mismo’, de Tony Vega, su mensaje es claro: “Uno mismo se enreda… Uno mismo se encierra y se corta las alas” Esas alas se agigantan cuando nos educamos, esas alas se vuelven una manera de ver y de interpretar el mundo cuando se transforman en criterios éticos para la toma de decisiones y entender que mi libertad no puede transgredir la libertad de los demás.

Con gran acierto, José Martí afirmó: “La educación os hará libres”. Por tanto ser libre es cuestión de seres pensantes, de ser niños y jóvenes críticos que no tragan entero y que antes de crear una opinión propia, contrastan la información que reciben de los medios y que circula en redes virtuales. La actitud más cómoda, insisto, es renunciar a la libertad: acatar las recetas de vida de la sociedad de consumo, creer que fumar me hace grande, no ir a la escuela y esperar un golpe de suerte para encumbrarme en el éxito, actuar desde un pensamiento machista, hacer burla con comentarios discriminatorios, unirme al coro de quienes afirman que el mundo se divide entre “el que da papaya y el que se come la papaya”, tomar el atajo de la vida “breve” y de los “duros” que se la ganan fácil mientras contaminan a media humanidad y pensar que el instantes es lo que hay que vivir. Dictados todos estos que encierran un profundo egoísmo y que privilegian la ley de la selva.

El uso de la libertad encierra profundos principios éticos que solo se interiorizan educándonos. Quien se educa entiende los retos que encierra vivir en sociedad, entiende que en el uso de la libertad siempre se debe pensar en los otros, ponernos en sus zapatos, que el uso creativo de la libertad es lograr aunar voluntades para proyectos que beneficien a todos, es poner la libertad al servicio de la vida en comunidad, de tejer lazos de fraternidad y solidaridad, de hacer cambios profundos en la sociedad para hacerla más equitativa y justa y de realizar acciones para salvaguardar la vida del planeta.

En una visión equivocada de la libertad, unos cuantos le prenden fuego al Amazonas o a las laderas de la ciudad de Cali para calmar sus apetitos individualistas, otros causan una tragedia en el estadio Pascual Guerrero al decidir orinar a los de otra tribuna, el “más avispado” se cuela en la fila o toma una pertenencia de su compañero y otros se sienten “libres” y, con el libro sagrado como justificación, derrumban las torres gemelas de New York.

El hombre libre no se deja llevar con orejeras, el hombre libre cuestiona y ante todo argumenta, el hombre libre no se hace cómplice de las actitudes que vayan contra el bienestar general. Ser libre es cuestión de seres valientes y educados como ustedes. Savater nos recuerda que los antiguos griegos llamaban “idiotez” –idiota– a la “persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos”, hoy en día son llamados “bobos útiles”. En nuestros colegios son los que disculpan una actitud disociadora manifestando que “alguien los mandó” o que “lo hizo porque otros lo hacen”. Entre los adultos son bobos útiles aquellos que regalan su voto por un tamal, por trago o por dinero, sin importarles que esas acciones están siendo cómplices de los corruptos, de quienes se apropian de los recursos públicos y engañan a los niños con los alimentos que entregan en el PAE.

Cualquiera que sea el concepto de libertad –tomar decisiones o actuar pensando en los demás– lo que se pone de presente es ¿qué formación tiene el ser humano?, ¿cómo puede trascender ante los demás? Esa voz libertaria te habla al oído, es una voz que se afina con el acceso a la cultura, a los libros, a las diversas formas de pensamiento, a la pluralidad que dibuja el mundo, a las ventanas del saber que ofrece la escuela. La posibilidad más inaprensible de ser libre reside en el pensamiento. ¿Quién puede entrar en tus pensamientos? ¿Quién puede tomar tu conciencia? Nadie. Nadie, si tú no lo permites. La conciencia habla todo el tiempo al ser humano en el oído, te recrimina, te hace sentir culpable, no te deja en paz. Podría afirmarse que la conciencia es el espacio físico de la libertad. Es la que en últimas nos permite sentirnos en gozo con nosotros mismos o en terrible falta. Le podemos mentir a los otros, pero la conciencia estará allí para recordárnoslo. Eres tú, desde tus ideas, tus conceptos y, en especial, desde tu conciencia el que te hace proceder de una u otra manera. Eres tú frente al mundo, eres tú con toda la carga de valores que has interiorizado frente a un grupo de amigos, a una clase, a una comunidad, es el YO DECIDO en relación a lo que esos amigos, esa clase y esa comunidad esperan de mí.

Lo que alimenta y engrandece la conciencia es el estudio. Si el uso de la libertad está indisolublemente ligado al uso de la razón, es la razón –la capacidad de pensamiento– lo que debemos cultivar si de verdad deseamos ser libres. Siguiendo al pensador Isaiah Berlin, un hombre es auténticamente libre si actúa de acuerdo a sus deseos racionales y domina sus deseos irracionales. Él lo denomina libertad positiva.

La educación es lo que permite asumir la libertad como valor construido por el ser en el ámbito social, un valor que le permitirá asumir una voz propia y discordar de la masa. La libertad, en este sentido, va de la mano con alcanzar autonomía, un propósito transversal de la educación. Jorge Larrosa la asemeja con una especie de mayoría de edad, donde el ser alcanza tal madurez que puede conducirse solo. Es la libertad como “emancipación, como autonomía, como la propiedad de un sujeto que se ha liberado de todo tipo de sometimiento y se ha convertido en ‘causa sui’, en dueño de sí mismo y de su historia… Es libre el individuo que se da su propia ley y que se somete obedientemente a ella cada vez que es capaz de escuchar la voz de la razón en su propia interioridad.” Es un concepto de la libertad donde brota lo capacidad de transar lo individual por lo colectivo, mi “quiero” con el “debo” o el “puedo”, la satisfacción de mi ego o el gozo de participar en un proyecto de beneficio comunitario.

No es tomar algo lo que da alas, porque pasado viene el remordimiento. Ser libre es tomar las riendas de tu destino y ello solo es posible si te educas y te enalteces como ser humano. No es el éxito ni la competencia salvaje, es la serenidad del espíritu que se alcanza cuando logramos encaminar la vida a nuestro arbitrio y nos sentimos mejores seres humanos. Sigue estudiando y de esa manera, como dice el poema de Elías Calixto Pompa, no serás “Ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos”. Aprenderás que en el uso responsable de la libertad aparece siempre el rostro de esos otros que tienen tanto derecho como yo, y que con ellos debo tener la libertad de discutir y llegar a acuerdos para imaginar y construir caminos comunes. “Libres son quienes crean, no copian y libres son quienes piensan, no obedecen. Educar es enseñar a dudar”, concluye Eduardo Galeano, y yo agregaría: educar es enseñar a pensar y a hacer uso responsable de la libertad.

“Estudia, y no serás, cuando crecido,
Ni el juguete vulgar de las pasiones,
Ni el esclavo servil de los tiranos.”

Elías Calixto Pompa

 


Imagen Stanley Morales from Pexels

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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Gustavo González Palencia
Gran Maestro Premio Compartir 2008
ogré incentivar en niños y jóvenes el gusto por la música y la ejecución de instrumentos musicales.