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Maestros gestores de ideas, productores de esperanza

Los seres humanos llegamos desnudos al mundo y tardamos aproximadamente un año en poder desplazarnos por nuestros propios medios.

Mayo 23, 2018

A medida que crecemos, nuestro cuerpo va adquiriendo lentamente la fortaleza necesaria para arrastrarnos, reptar, aferrarnos a un asidero, levantarnos y ponernos sobre nuestros pies. Mientras nuestro cuerpo apenas se adapta a su entorno, nuestro cerebro ya ha empezado a desarrollarse a mediados del primer mes de embarazo y comenzamos a aprender antes de palpar el mundo con nuestra piel.

Los seres humanos nunca desarrollaremos garras, colmillos afilados, adaptaciones para el frío o el calor y aun así necesitamos comer. Por eso formamos tribus, clanes y familias que nos ayudan a sobrevivir brindándonos los cuidados necesarios para sobrellevar la enfermedad, la tragedia y el dolor al que estamos expuestos constantemente.

Los seres humanos nunca lograremos vencer la furia de los elementos, ni tampoco seremos más fuertes que las grandes bestias. Hasta que, con sagacidad y astucia, empezamos a desarrollar las ideas que nos han puesto en el trono más alto de la cadena alimenticia como el mayor depredador en nuestro planeta.

Estas ideas contienen, también, el poder para salvar nuestras comunidades si las utilizamos de manera inteligente y buscamos los saberes que puedan aumentar nuestra probabilidad de sobrevivir y mejorar nuestra calidad de vida y la comodidad en la que viven nuestros niños y ancianos, quienes aportan la alegría y sabiduría necesarias en nuestras comunidades.

Esa necesidad de preservar y transmitir las ideas de nuestros ancestros y construir una memoria en colectividad permitió la aparición de líderes gestores de conocimientos, grandes maestros que a través de las diferentes épocas y culturas acompañaron a los niños mientras se hacían hombres y mujeres que llevaron la humanidad a grandes viajes y descubrimientos.

​Los docentes no somos dueños de las ideas, mucho menos del conocimiento. Nos encargamos de acompañar a nuestros pequeños seres humanos el 30% de sus días de escuela durante toda su infancia y adolescencia. Ponemos en ellos parte de los insumos por medio de los cuales podrán organizar sus ideas para confrontar el devenir de los tiempos.

​Es deber de los docentes convertirnos en verdaderos maestros, conocer lo que nuestros estudiantes demandan y lo que debemos inculcar en ellos, formándonos de manera recíproca, ya que también estamos en construcción.

​Recibimos un material delicado y generoso, que bien modelado permitirá la formación de seres humanos conscientes de su rol ciudadano, así como sus deberes como miembros de la especie con mayor responsabilidad sobre la tierra, cimentando una humanidad capaz de crecer con esperanza desde nuestras comunidades.

​Actualmente la humanidad tiene la necesidad de formar redes de conocimiento que nos faciliten comprender el sentido de la búsqueda que emprendemos en el vientre de nuestras madres, esa búsqueda que sabemos que no es por poder sino por conocernos a nosotros mismos.


Imagen Photo de escuela creado por freepik

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente de humanidades adscrito a la secretaría de educación de Cartagena. Docente de lenguaje e inglés para ciclo III, IEFPD. Candidato a magister en educación, Universidad de Cartagena 2018. Comunicador social con énfasis en periodismo y cultura, Univer
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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.