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Mosaico para la paz

Leer noticias por estos días suele ser atroz. Algunos hechos dejan mucho que desear de nuestra cultura como ciudadanos.

Agosto 2, 2015

Una feroz pelea por una carimañola en Barranquilla, una conductora de bus del SITP miente sobre un abuso sexual que nunca sucedió y causa revuelo nacional, un alcalde en Segovia (Antioquia) se sube en aparente estado de embriaguez a insultar a su pueblo y la evidencia quedó grabada en video. Tres situaciones recientes de la última semana donde la violencia, el engaño y la falta de compostura fueron los protagonistas. En los tres casos, el bienestar individual primó sobre el bienestar colectivo y personas diferentes actuaron guiadas por sus instintos y egoísmo, sin pensar en las consecuencias de sus actos.

El escenario no podría ser menos desfavorecedor para hablar de cultura ciudadana y sentido de comunidad, sobre todo teniendo ad portas la contienda electoral de este domingo. Con los niños y jóvenes expuestos a estos ejemplos famosos en medios, más muchos más que seguramente se ven a diario en la vida cotidiana, las palabras cultura ciudadana parecen casi sacada de la ciencia ficción en muchos contextos.

La cultura ciudadana hace referencia a los valores compartidos por un conjunto de residentes de un lugar: barrio, ciudad, país. En este contexto, el bienestar del prójimo es casi tan importante como el bien individual y se crea un sentimiento de unión importante, que permite cohesionar a los miembros de la comunidad para que ellos entre sí, sean quienes mejor velen por su bienestar. Pero el comportamiento de muchos, como los de los ejemplos expuestos, son la antítesis del concepto de cultura ciudadana, sumados a otros casos más comunes como tirar la basura en la calle, ir a votar o no respetar las señales de tránsito, por solo mencionar un par de situaciones.

La realidad colombiana no parece reflejar la importancia que se le da a este concepto y para muchos que desean poner en práctica estos valores, esta serie de acciones puede ser tan difícil como un pez tratando de nadar contra una enorme y fuerte corriente que no nos lleva a nada bueno. La recién decretada “Cátedra de la paz”, de carácter obligatorio, podría ser la plataforma ideal para llevar estos conceptos al aula y tratar de construir mejores ciudadanos desde los pupitres.

En cuestiones electorales, los imaginarios sobre lo insignificante que es votar en las elecciones aún prevalecen, lo que se ve en las altas tasas de abstención que siempre han sido una constante en el país. Asimismo, la violación a las reglas preestablecidas se ven a diario en casos públicos y privados, al mejor estilo de la tristemente frase “Usted no sabe quién soy yo”. Los ciudadanos del mañana deben entender la importancia de sus acciones para la colectividad en la que viven y desde temprana edad, tener un sentido de la comunidad y de la ciudadanía claro. Pero este sentido se adquiere en conjunto: es difícil ser un buen miembro de la sociedad si se está rodeado de toda serie de atropellos, que eventualmente invitarán al bueno a imitar los comportamientos de aquellos que se saltan las reglas.

Es preocupante que, a ya dos meses del decreto que reglamenta la cátedra de la paz, no se haya hecho mayor documentación al respecto: “No hay ningún documento público sobre la implementación, socialización o capacitación de dicha cátedra. Sin embargo, la fecha que determina el plazo para el cumplimiento del decreto sigue firme”[1]. Si aún hay tiempo para hacer sugerencias, propongo la inclusión de módulos donde la paz sea más que palomas blancas o cánticos de guitarra. La paz se empieza a construir desde ese famoso sentido de comunidad y esas nociones cultura ciudadana que a ratos parecieran inexistentes. La paz se construye con personas conscientes de sus acciones y preocupadas por el bienestar colectivo. Sin cultura ciudadana y sin una reflexión sobre la existencia del otro, no hay paz. Mientras sigamos sumidos en un mundo lleno de egoísmo, estaremos muy lejos de la paz.

 


[1] Charria, Arturo (29 de julio de 2015). “Enseñar la paz por decreto”, publicado en El Espectador. Disponible vía web en: http://www.elespectador.com/opinion/ensenar-paz-decreto

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Aurora Garay
Rectora Ilustre 2016
Solo cuando nos arriesgamos a comunicar nuestra experiencia y a socializar nuestros saberes estamos visibilizando el universo de dificultades, logros y riquezas que se gestan en nuestra realidad