Usted está aquí

Movilización por la primera infancia en Bogotá: apuesta desde las prácticas artísticas, la política pública y la gestión cultural

Un llamado a los educadores, cultores y gestores culturales a comprender su labor como un acto político y una responsabilidad para con su entorno. 

Enero 26, 2018

Hablar de primera infancia, ineludiblemente lleva a hablar de construcción de realidad. Es pensar en la experiencia y la relación con el mundo a través de la potencia del ser. No de una etapa del llegar a ser adulto. Hablar de primera infancia no es entonces hablar de lo que aún no son los niños, pero van a llegar a ser, sino ya de una manera de ver el mundo (Arenas, 2014).

Esta población, hasta hace un tiempo relegada en los procesos de educación artística en la ciudad y tímidamente partícipe de la oferta cultural, hoy se encuentra ante un nuevo panorama. La dificultad para el acceso a diferentes procesos educativos que incluyan el cultivo de la sensibilidad estética y las expresión simbólica en el ámbito educativo de básica y media, siguen llevándonos a la pregunta por cómo exponer la importancia de los procesos educativos en artes ante las instituciones, estamentos y organismos con los recursos para movilizar la educación artística como política pública.

Mucho más entonces para la primera infancia. Aquí quisiera aclarar que este no es un texto con fines políticos, sino más bien un llamado a los educadores, cultores y gestores culturales a comprender su labor como un acto político y una responsabilidad con sus contextos. Para ello, me valdré de dos ejemplos que podrían permitirnos generar puentes entre la educación artística, la gestión cultural y campos del conocimiento que habitualmente no relacionamos.

Preguntarle a un agente del sector cultural y aún más del sector de la educación artística por cuál es la importancia de promover los procesos culturales, resulta aparentemente lógico. Pero tal vez la respuesta no sea tan obvia. Durante años, a este respecto nos hemos valido de las afirmaciones de la Unesco como referente internacional por una parte y de la Ley de Cultura y los documentos de la legislación cultural colombiana como referente nacional, por otra.

Sin embargo, existen apreciaciones que desde otras miradas podrían darnos argumentos para nuestro ejercicio como el estudio “Social impacts of Participations in the Arts and Culture Activity (Impactos sociales de las participaciones en la actividad artística y cultural)” del Grupo Experto Australiano en Industrias Culturales (AEGIS por su sigla en inglés) y la Encuesta de Consumo Cultural DANE 2010, por mencionar algunos (Barona y Cuellar, 2014).

En primera instancia, quisiera referirme a una propuesta que me resulta interesante por la metodología que emplea para dar cuenta de los procesos culturales, por las disciplinas de las que se vale para ello y sobre todo por la fuente de donde procede.

En pleno 2014, a diecisiete años de la formulación de la Ley de Cultura, el Banco de la República a través de la Subgerencia Cultural publica los Índices de Impacto Cultural, un documento que analiza el comportamiento durante cinco años (2007-2012) de la población que se benefició de sus servicios culturales, entre los que se encuentran bibliotecas, salas de conciertos, museos, colecciones de arte, becas, seminarios, foros, conferencias y talleres, entre otras ¿Por qué un banco emprendería esta labor en un campo que pensaríamos no le corresponde? Afirman en dicho documento que una de las funciones del Banco de la República es ser “promotor del desarrollo científico, cultural y social del país” (Barona y Cuellar, 2014, p. 13).

Entonces, para esta institución ¿para qué sirve promover la cultura? Los procesos culturales contribuyen con factores de desarrollo para el país que posibilitan transformaciones de las dinámicas sociales, afirman.

Es así como dentro de su propuesta, el documento plantea una estrecha relación entre el capital social, la sostenibilidad y el desarrollo humano, conceptos que podrían leerse desde disciplinas lejanas al arte, pero que resultan fundamentales para la construcción de proyectos sociales y emprendimientos culturales.

Sin embargo, hacia donde apunta esta propuesta es hacia la medición del impacto y efecto que tiene su programación en la formación, construcción y consolidación del sentido de ciudadanía. Para ello, se valen de criterios como la pertinencia, la calidad, la equidad y la eficiencia para analizar sus servicios culturales.

Las categorías de apropiación, bienestar, capital social, identidad y sostenibilidad permiten miradas que cierran el lente de la observación. Ejes de evaluación y variables son otras entradas para el análisis. Así, indicadores como la apropiación, satisfacción, ocio productivo, autoestima, confianza, empoderamiento, autonomía y pertenencia aparecen en su muestra. Dentro de sus conclusiones, este análisis plantea que los estudios de medición de efecto e impacto de políticas culturales deben valerse de métodos estadísticos, econométricos, psicométricos y etnográficos para dar cuenta de una medición completa desde múltiples puntos de vista y escenarios en los que contribuyen las prácticas artísticas y culturales (2014, p. 70).

En un segundo momento quisiera presentar, aterrizando a la primera infancia, el planteamiento del proyecto Tejedores de Vida-Arte en Primera Infancia Instituto Distrital de las Artes de Bogotá (Idartes).

Dentro de un plan de gobierno con apuestas que valdría la pena observar por la educación, surge este proyecto que busca llevar apropiación, apreciación y disfrute a todos los niños y niñas de 0 a 5 años de la ciudad de Bogotá, a través de una batería de oferta artística muy variada que abarca encuentros grupales, eventos de circulación, una plataforma de contenidos específicamente dedicada a esta población y un componente de adecuación de espacios para la primera infancia.

Por la relación directa con otras instituciones esta oferta se ha dado principalmente a las poblaciones que no poseen los medios para el acceso a la generalidad de la propuesta cultural de la ciudad sea por su centralidad, costo, o por la simple distancia que ésta mantiene con los contextos de dichas comunidades.

La ciudad posee una oferta amplia en educación formal básica y media en los colegios oficiales; respecto a la educación artística, dentro del Plan de Desarrollo 2012-2016 se contempla “mejorar el desarrollo humano de la ciudad, dando prioridad a la infancia y adolescencia con énfasis en la primera infancia”(Secretaría de Educación del Distrito) –una vez más, el desarrollo emerge como motor de construcción de política– que da paso a la estrategia “Jornada educativa única para la excelencia académica y la formación integral”, una ampliación paulatina de la jornada en colegios oficiales que busca generar procesos de formación integral, a través del fortalecimiento en artes y educación física.

A través de la estrategia intersectorial del distrito “Ser Feliz, Creciendo Feliz”, enfocada a la atención integral de la primera infancia, Bogotá cuenta con una infraestructura amplia de jardines infantiles y de grupos de encuentro familiar que trabajan por la primera infancia, además, desde la Secretaría de Educación y la Secretaría Distrital de Integración Social respectivamente se apoya este proceso, y se han consolidado como pilar del Gobierno Distrital en esta campaña.

Por su parte, la oferta de educación artística en estos espacios ha sido fortalecida con el proyecto Tejedores de vida-Arte en Primera Infancia Idartes, una iniciativa que busca llevar a las comunidades la posibilidad de acceder y apropiarse de las prácticas artísticas desde la experiencia y vivencia de las mismas.

Este proyecto moviliza un gran número de artistas originarios de las mismas localidades donde trabajan, quienes proponen experiencias artísticas que permitan a las niñas y niños acercarse al lenguaje artístico, pero también a sus familias, construyendo nuevos imaginarios y llegando a barrios tradicionalmente desconectados en gran parte del entorno cultural de la ciudad.

Este modelo de experiencia artística está marcado por el respeto al ritmo propio de los niños y niñas, por propuestas inter y transdisciplinares, por una apertura constante a la re-significación, deconstrucción y reconstrucción de la propuesta por parte de las niñas y niños y de los asistentes, por el diálogo permanente con la realidad, tomando como suyo el presente, acogiendo todas las maneras de habitar la experiencia, de esta manera las niñas y niños comprenden como sujetos.

En un trabajo conjunto entre la Secretaría Distrital de Integración Social, la Secretaría de Educación del Distrito, la Secretaría de Salud y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, a través del Idartes, Bogotá apuesta por construir procesos de atención integral a la primera infancia en los cuales los componentes cultural y artístico resultan fundamentales. Lo que hoy este panorama nos pone sobre la mesa en el discurso institucional no son sólo las cifras, metas y recursos.

Estamos hablando de puentes entre instituciones con lógicas, misiones y perfiles diferentes que se reconocen como corresponsables en la transformación de la realidad de los niños y las niñas de la primera infancia y en la de sus familias.

En la transformación de contextos y en la construcción de nuevas ciudadanías. Para ello, los artistas de Idartes y en general todo el proyecto tuvo que encontrar lógicas discursivas que fueran comprensibles para sus pares en esta iniciativa. Exponer las ventajas de la formación artística en clave de psicólogos, trabajadores sociales y pedagogos.

Generar procesos de medición que fueran más allá de las cifras de cobertura y ejecución de presupuestos. Construir nuevos referentes que dieran cuenta de lo que se daba con la comunidad, desde lo cuantitativo, pero también desde lo cualitativo.

Entendido lo primero como una acción descriptiva que da cuenta de lo que hay y lo segundo como una acción exploratoria que habla de lo posible y del porvenir (Ozollo, 2011). Al parecer, se hace necesario entonces romper con lo establecido, canónico e inmutable de la educación artística, de los discursos artísticos y del ejercicio mismo de los artistas, hablando y construyendo pensamiento con otros artistas para generar proyectos que impacten con fuerza los contextos.

En esas fracturas tendríamos oportunidad para construir (Hoyuelos, 2007). Hablar desde atributos, índices e indicadores, como propone el Banco de la República, para exponer lo fundamental de las expresiones artísticas y culturales en la construcción de planes de desarrollo no resultaría tan ajeno a nuestra labor, si entendemos que somos sujetos-red (Arenas, 2014) capaces de movilizar a los actores de nuestro entorno y así transformarlo.

Que cada uno de nosotros se convierte en un nodo que moviliza y dinamiza toda una red. Levantar información en el ámbito cultural y de la educación artística también se hace fundamental, entendiendo que es una herramienta poderosa que debemos saber utilizar. Eso nos permitiría encontrarnos con otros. Articular la escuela y las casas de cultura; la escuela y las Ong; la escuela y el sector privado.

Dar cuenta de los procesos que suceden con la primaria infancia resultó para Idartes en nuevas maneras de narrar lo allí acontecido, pero también se valió de cifras y metas. La construcción de 51 atributos, 14 indicadores y 6 índices fue lo que resultó para el Banco de la República en el fortalecimiento de la Subgerencia Artística.

Debemos trabajar en hallar lo que funcione para nuestros contextos. Comprender la importancia de analizar nuestros proyectos culturales y educativos –(en educación artística– como modelos sostenibles, que generan impacto en los individuos y en las comunidades, que posean proyecciones claras y líneas de acción estratégicas y con sectores, funciones y recursos definidos, nos invita a pensar en términos ya no de los beneficios que para nosotros artistas y educadores artísticos posee el arte, ni desde las ventajas de su instrumentalización en procesos de rehabilitación del tejido social o reparación de víctimas, por citar ejemplos, sino desde la construcción de modelos de valoración que legalicen, ante los ojos de otros, lo que ya es legítimo para nosotros.

Referencias

Arenas, E. (2014). Conferencia Inaugural Encuentro Educación Musical en la Escuela Básica Primaria: Condiciones, experiencias y desafíos en la contemporaneidad colombiana. Bogotá, Colombia: Plan Nacional de Música para la Convivencia. Dirección de Artes. Ministerio de Cultura.

Barona, F., Cuellar, E. (2014). Índices de impacto cultural. Antecedentes, metodología y resultado. Borradores de Gestión Cultural: Documento 1. Bogotá, Colombia: Banco de la República. Subgerencia Cultural.

Hoyuelos A. "Aula de infantil". Revista Aula de infantil. No. 39. (Versión electrónica).

Ozollo, J. (2011). La información cultural: un desafío imprescindible para la gestión pública, en Instrumentos de Navegación en Política y Gestión Cultural. León Repeur y Javier Ozollo, (comp.) Mendoza, Argentina: Universidad Nacional de Cuyo.

Secretaría de Educación del Distrito. Currículo para la excelencia académica y la formación integral 40x40.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Boletín de noticias
Registre su correo electrónico para recibir nuestras noticias.
Escrito por
Licenciado en música, gestor cultural e investigador. Artista Pedagógico Territorial Primera Infancia-Idartes.
No hay votos aun
Estadísticas: .
Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer