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Movimiento liberador

Agosto 2, 2013

Definir al ganador de un premio en el que, como sucede con este de Compartir, cada historia representa un enorme sacrificio y unos logros extraordinarios, es la injusticia más grande del mundo. suena a lugar común, pero es verdad: todos, o al menos los finalistas, tienen sobrados méritos para llevarse el premio mayor siempre que se es jurado es inevitable ese sinsabor o esa duda.

¿Por qué –me pregunto desde entonces– me sentí tan tranquilo aquella tarde a la salida de la reunión final del jurado donde decidimos que la gran maestra 2013 era Sandra suárez?  Habíamos pasado horas escuchando a los finalistas, atónitos ante su admirable capacidad para crear entornos pedagógicos novedosos, productivos y, lo más impresionante, a pesar de la carencia de los recursos mínimos para semejante tarea. Nadadores contra la marea para llevar a puerto el futuro de este país eran todos ellos. Ni más ni menos.

Pero había en la experiencia de sandra algo muy particular que nos llenó de confianza a los jurados, o al menos a mí: esa presencia del cuerpo como herramienta no solo pedagógica sino de sanación del propio cuerpo, y de la mente, y del ser íntegro. estábamos no frente a una manera especial de en- señar la danza, no frente a unas técnicas pulidas y finamente aplicadas, sino ante la vida expresada en el movimiento rítmico, o no tanto; fluido, o no tanto; hermoso, o no tanto; extrovertido, o no tanto; coordinado, o no tanto… La danza era pretexto, era camino. No estábamos frente a unas clases de danza, estábamos ante un desarrollo vital de estas muchachas a través de la danza.

Eso la hacía tan especial. Porque a partir de esa apuesta, el movimiento se convertía en la expresión de toda una comunidad, la íntima en cada individualidad tanto como la pública del colectivo. en él, entonces, alegrías se confundían con dolores, y las primeras iban sanando los segundos, y en ese movimiento liberador se iban gestando mejores seres hu- manos. y no propiamente en el centro de un paraíso, sino en medio de las más crudas realidades, esas que son tan comunes en las escalas más bajas de los ingresos y las oportunidades que todos conocemos. ¿qué más puede aspirarse a que logre conseguir un maestro?

sí, todos merecían el premio a este llegaron experiencias cautivantes y admirables que también con las uñas y contra la marea han sacado adelante estas mentes prodigiosas para entregarles nuevas oportunidades a quienes apenas se asoman a la vida, que es larga y tortuosa. Pero había entre ellas una más cautivante que nacía, crecía y se graduaba en el centro del ser humano, la clase de danza de la institución pública magdalena ortega de Nariño, en el barrio Las Ferias de Bogotá. La injusticia, esta vez, ha sido absolutamente justa.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Fabián Moisés Padilla De la Cerda
Gran Maestro Premio Compartir 2016
Logré que el aprendizaje del inglés se convirtiera en una alternativa para la construcción de un proyecto de vida y el mejor aprovechamiento del tiempo libre