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No solo puedo hacerlo, estoy obligado a hacerlo

Los estudiantes son protagonistas de su propio aprendizaje, como paso previo a ser protagonistas del cambio que desean ver en sus vidas y en sus comunidades.

Junio 15, 2018

Desde que en el año 2001, Kiran Bir Sethi en Guyarat, India, decidió tomar las riendas de la educación de su hijo sacándolo de la escuela y diseñando una a su medida; la metodología que hoy conocemos como design for change o diseña el cambio, se ha expandido a más de sesenta países del mundo.

La misma propone 4 puntos que son básicos en su postulado: Sentir para entender una situación. Imaginar para pensar en soluciones que posibiliten una mejoría. Hacer para tomar las medidas necesarias. 

Compartir para inspirar a otros. Según los resultados que maneja la organización que coordina el desarrollo global de la metodología, esta propuesta ha logrado dotar a los estudiantes de cada vez mayor confianza en sí mismos, reforzar la empatía de los chicos a sus compañeros y contexto, y lo más importante, poder resolver problemas de la vida real desde la escuela. 

“El sistema produce injusticias y es nuestro deber procurar que los estudiantes desde su lugar y con sus herramientas, sean capaces de transformar sus vidas y sus comunidades”

La idea de Kiran se sintetiza en el eslogan I can o Yo puedo, que se ha diseminado a lo largo de todos los proyectos y conferencias en donde se habla de diseña el cambio. Esta frase busca empoderar a los chicos no solo desde un enunciado, sino sobre todo desde una cosmovisión alternativa a la que plantea la escuela tradicional.

Aquí los estudiantes son protagonistas de su propio aprendizaje, como paso previo a ser protagonistas del cambio que desean ver en sus vidas y en sus comunidades. Ahora, esta máxima muchas veces ha sido cuestionada desde sectores que teniendo en cuenta las desigualdades del actual sistema capitalista a nivel global, sentencian la imposibilidad a todo el conjunto de personas dentro de una comunidad, de poder alcanzar sus sueños en este contexto y optan por proponer un derribamiento sistémico con su posterior reemplazo por modelos de fracaso empíricamente medibles. 

Sin embargo, y anclando un contragolpe ante el pesimismo que se plantea desde aquellos grupos, no solo debe ser posible que cada niño o adolescente alcance sus propios sueños bajo el eslogan yo puedo, más bien debe ser una obligación hacerlo.

Y no porque desde @lakombicholulteca ignoremos las trabas que el mundo por fuera de la escuela –y también dentro- propone a los estudiantes, sino que ceder ante esas trabas, ya sean pocas y livianas o muchas y pesadas, solo acrecienta la injusticias que ese mismo sistema global produce en los chicos de todo el mundo y por lo tanto en sus comunidades.

Manifestándose en las problemáticas globales más comunes que todos lo que han leído hasta acá conocen y que a esta altura no vale la pena recalcar. En definitiva, el sistema produce injusticias y es nuestro deber procurar que los estudiantes desde su lugar y con sus herramientas, sean capaces de transformar sus vidas y sus comunidades, y sobre todo, corregir esas injusticias y convertir al mundo en un lugar más lindo de habitar para todas las especies que lo componen.

Referencias
http://dfcworld.com

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente a bordo de @lakombicholulteca. Recorre América Latina buscando experiencias de educación no tradicional para reflexionar acerca de la escuela que queremos.
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Belkis Briceño Ruíz
Maestra del Colegio Antonio Nariño IED
Cuando uno quiere enseñarle algo a alguien, el que aprende es uno. Eso sucede en la escuela. Eso es lo que buscamos los maestros a diario