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Pensar las concepciones desde donde se asume la escritura

La problemática de la escritura desde la óptica de los maestros implica revisar las concepciones desde las cuales, esta se asume y se propone a los estudiantes.

Agosto 28, 2015

La persistencia de una determinada manera de pensar, fundamentada en ideas, modelos, símbolos, íconos, imágenes, constructos mentales que ya han sido revaluados fehacientemente, conduce a los grupos y a las sociedades a la inmovilidad, al conformismo con aquello que consideran verdadero, impidiendo el cambio hacia nuevas cosmovisiones.

Para  empezar habría que tomar conciencia de que en el imaginario de muchos colegas, escribir es una tarea meramente escolar que se plantea con el  único propósito de que los estudiantes aprendan a escribir. Y  he ahí el  gran dilema,  porque en ese contexto, la escritura solo tendría sentido para el maestro, quien de buena fe, asume que está cumpliendo con su deber de “enseñar a escribir”. Pero como afirma Delia Lerner, “Si la escuela enseña a leer y escribir con el único propósito de que los alumnos aprendan a hacerlo, ellos no aprenderán a leer y escribir para cumplir otras finalidades, ésas que la lectura y la escritura cumplen en la vida social”.

En este sentido vale la pena preguntarse por las condiciones en las que se produce el acto de escribir, en la vida real. Es claro que escribimos  con distintos propósitos: Para registrar algo que no queremos olvidar, para hacer una solicitud, para expresar nuestro descontento, para convencer a alguien de nuestro punto de vista, para tocar el corazón, para felicitar, para invitar, para enamorar.

En ese orden de ideas, la escritura se constituye en una práctica social plena de sentido; en un instrumento poderoso que logra efectos reales en un destinatario real: Se escribe para algo y para alguien; se escribe para ser leído. No obstante, en el contexto escolar, comúnmente, la escritura pierde ese estatus y se convierte en otra tarea más por calificar.

En el imaginario de muchos colegas, escribir es una tarea meramente escolar que se plantea con el  único propósito de que los estudiantes aprendan a escribir. Y  he ahí el  gran dilema,  porque en ese contexto, la escritura solo tendría sentido para el maestro, quien de buena fe, asume que está cumpliendo con su deber de “enseñar a escribir

De acuerdo con estos planteamientos, un primer paso sería repensar las propias concepciones sobre el sentido de la escritura en al aula, calcular la distancia que la separa de esa práctica “viva” que circula por el mundo real, y asumir lo que es  necesario hacer: Que esta cobre verdadero sentido para los estudiantes -incluso desde el nivel preescolar-, cuando aún los niños no dominan la convencionalidad de la escritura.

Lerner lo ilustra de manera magistral:

“Lo necesario es hacer de la escuela una comunidad de escritores que producen sus propios textos para dar a conocer sus ideas, para informar sobre hechos que los destinatarios necesitan o deben conocer, para incitar a sus lectores a emprender acciones que consideran valiosas, para convencerlos de la validez de los puntos de vista o las propuestas que intentan promover, para protestar o reclamar, para compartir con los demás una bella frase o un buen escrito, para intrigar o hacer reír... Lo necesario es hacer de la escuela un ámbito donde lectura y escritura sean prácticas vivas y vitales, donde leer y escribir sean instrumentos poderosos que permiten repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento….[i]

La escritura se constituye en una práctica social plena de sentido; en un instrumento poderoso que logra efectos reales en un destinatario real: Se escribe para algo y para alguien; se escribe para ser leído.

El dilema adquiere dimensiones colosales si se tiene en cuenta, que más allá de las fronteras escolares, la escritura, al igual que la lectura cobran sentido en la medida en se constituyen en  condiciones claves para la formación de ciudadanos capaces de superar el  silencio cultural, de pronunciarse frente a la realidad social y política  y de esta manera ejercer  el derecho legítimo de participar en la construcción de verdaderas democracias.

No se trata entonces de formar “escribidores” competentes, sino ciudadanos  pensantes. El cómo lograrlo, se podrá ir dilucidando, en la medida en que se vaya tomando conciencia  clara de muchas  otras concepciones [ii]  que se han ido solidificando en ese imaginario que la sociedad, la cultura y la misma escuela han edificado sobre  sobre la manera como se aborda la escritura en las aulas, porque el asunto no es sólo de  implementar técnicas y rutinas puntuales.

No se trata entonces de formar “escribidores” competentes, sino ciudadanos  pensantes. El cómo lograrlo, se podrá ir dilucidando, en la medida en que se vaya tomando conciencia  clara de muchas  otras concepciones   que se han ido solidificando en ese imaginario que la sociedad, la cultura y la misma escuela han edificado sobre  sobre la manera como se aborda la escritura en las aulas

En primera instancia debe estar el análisis crítico de los supuestos disciplinares, ideológicos y pedagógicos que soportan las acciones educativas por parte de un sujeto reflexivo y crítico respecto a su práctica pedagógica; que revisa permanentemente los supuestos que hay detrás de su accionar. Esta debe ser la primera tarea.

 

[i] Lerner, D., Lotito, L., Levy, H. y otros (1996). Documentos No  2 y N°4 de Actualización curricular. Buenos aires: Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
[ii] El término “concepciones” se retoma como el conjunto de ideas, creencias y valoraciones que un sujeto o un grupo social comparte y que determinan su accionar  en determinado campo.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
-E. Normal Superior Ibagué, Licenciada en Ciencias de la educación con énfasis en Lengua Castellana de la Universidad del Tolima; nominada al Premio Compartir en el año 2006 y Finalista en la edición 2015
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer