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A “Replantear la educación” llaman

Una primera revisión a los debates que propone UNESCO para construir un modelo de educación para el siglo XXI.

Diciembre 6, 2015

He comentado que la educación tiende a ser planificada con base en indicadores económicos en lugar de orientarse a construir un desarrollo social sustentable[1]. Exploré varios documentos que proponen, para dar rumbo a la Agenda para la Sociedad Digital de América Latina y el Caribe, hacer énfasis en el desempeño de la economía. Posteriormente señalé que el origen de ese sesgo está en los propios “expertos” de la región[2].

Más recientemente apunté que el ambicioso proceso de participación empleado por la UNESCO para proponer un Marco de Acción para la Educación 2030 (MAE 2030)[3] produjo resultados que están por debajo de las expectativas que generó semejante movilización global.

Las esperanzas de construir alternativas que superen esas limitaciones, entre otras,  se ven ahora estimuladas por la invitación a debatir que la UNESCO nos hace llegar en forma de libro.

Casi simultáneamente con la presentación del MAE 2030 la UNESCO lanza lo que considera el tercer gran aporte institucional en el campo de las publicaciones[4]: Replantear la educación ¿Hacia un bien común mundial?[5]. Un libro que es el producto del trabajo de un conjunto de expertos de alto nivel convocados a responder preguntas tales como: ¿Qué educación necesitamos para el siglo XXI? ¿Cuál es la finalidad de la educación en el contexto actual de transformación social? ¿Cómo debería organizarse el aprendizaje?

El resultado de esta iniciativa se traduce un conjunto de interesantes planteamientos y abre una serie de debates sin temor a la controversia. En este artículo haremos una primera revisión a estos puntos. Merecen discusiones más amplias que desbordan el espacio del que disponemos en esta ocasión.

Claramente se reconoce que así como es cierto que el crecimiento económico ha permitido la creación de riqueza también ha implicado el aumento de la vulnerabilidad, la desigualdad, la exclusión y la violencia.

En cuanto al desarrollo tecnológico se admite que contribuye a potenciar la interconexión y habilita alternativas para el intercambio, la cooperación, la colaboración y la solidaridad, pero al mismo tiempo ha generado un incremento de expresiones de intolerancia cultural y religiosa, de polarización política y de conflictos motivados por la exacerbación de identidades grupales.

Ante las situaciones descritas la educación es un instrumento para la creación de un modelo de desarrollo alternativo, que pueda corregir las fallas mencionadas. Para lograr ese objetivo la educación se debe proyectar dejando atrás las concepciones basadas en el utilitarismo y el economicismo. En su lugar se debe incorporar una visión humanista y holística, que no excluya ni margine. El mensaje es directo, sin ambigüedades. ¡Bienvenido!

Vale la pena detenerse en tres definiciones fundamentales que introduce este trabajo. Las resumo (son discutibles también, por supuesto):

“Conocimiento: la información, el entendimiento, las competencias, los valores y las actitudes adquiridos mediante el aprendizaje. El conocimiento como tal está indisolublemente ligado a los contextos culturales, sociales, ambientales e institucionales en los que se crea y reproduce[6].

Aprendizaje: el proceso necesario para adquirir ese conocimiento. Es a la vez el proceso y el resultado de ese proceso; un medio tanto como un fin; una práctica individual tanto como una empresa colectiva.

Educación: un aprendizaje que se caracteriza por ser deliberado, intencionado, con un fin determinado y organizado. Las oportunidades de educación formal y no formal presuponen cierto grado de institucionalización, si bien buena parte del aprendizaje está mucho menos o nada institucionalizada, incluso cuando es intencionado y deliberado. Esa educación informal, menos organizada y estructurada que la educación formal o no formal, puede consistir en actividades que se desarrollen en el lugar de trabajo (por ejemplo, periodos de prácticas), en la comunidad local y en la vida diaria, de forma autodidacta, a cargo de la familia o de la sociedad[7].”

Traigo a colación estos tres conceptos porque están vinculados con un aspecto medular del libro. Es el de considerar la educación como un bien común en lugar del tradicional enfoque que la ubica como un bien público. Cuestión introducida en el mismo título del libro. Veamos.

El fundamento de este planteamiento es que el aumento de la demanda de servicios de educación en el mundo supone una mayor carga para los presupuestos públicos, una carga que generalmente es deficitariamente atendida. El gran interrogante que surge es si el derecho a la educación y el principio de bien público, ¿se aplican también a la educación no formal y a la educación informal? Esa que se da a lo largo de toda la vida. Puesto en otros términos y para ejemplificar, ¿debe el estado financiar la educación que imparten padres, tíos y abuelos dentro las familias o la que se realiza para promover la cultura organizacional de las empresas o la que se da para formar a los atletas en los equipos de futbol profesional?

Múltiples actores sociales, no estatales, han expresado su interés en participar en los asuntos vinculados a la educación y están clamando por nuevos esquemas de gobernanza democrática para esta actividad, donde sociedad, estado y mercado aporten y demanden.

La propuesta de los autores apunta a que el conocimiento y la educación sean considerados bienes comunes, patrimonio de todos los actores y por ende responsabilidad compartida. Lo que implica que “la creación de conocimiento, así como su adquisición, validación y utilización, sean comunes a todas las personas como parte de una empresa social colectiva”.

En síntesis, la educación y el conocimiento deberían considerarse bienes comunes mundiales porque nos encontramos en un entorno redarquizado, donde la colaboración y la cooperación se extienden como las formas predominantes de interacción y donde las relaciones entre las partes interesadas son múltiples y complejas. Advierten los autores, sin embargo, que no faltarán quienes pretendan descalificar el argumento aduciendo que con esto se está impulsando la privatización de la educación. Una forma de evadir el debate propuesto.

Aceptemos la invitación a discutir conceptos que se dan por inamovibles. Es un sano ejercicio.

Otros tópicos de interés están tratados en el libro, como el rol en la educación de las tecnologías de información y comunicación y de las ciencias cognitivas, el cambio climático o la diversidad cultural. Estos y otros tendrán su merecido espacio de reflexión en otra oportunidad pues esta columna llega hasta acá.

[1] www.compartirpalabramaestra.org/columnas/quien-tira-la-carreta-la-educacion-o-la-economia

[2] www.compartirpalabramaestra.org/columnas/america-latina-y-el-caribe-restan-relevancia-la-educacion-en-su-agenda-digital

[3] www.compartirpalabramaestra.org/columnas/hay-pautas-globales-para-la-educacion-hasta-el-2030

[4] Los dos anteriores son: Aprender a ser: la educación del futuro (Informe Faure, 1972) y La educación encierra un tesoro (Informe Delors, 1996).

[5] unesdoc.unesco.org/images/0023/002326/232697s.pdf

[6] Fundación Europea de la Ciencia. 2011. Responses to Environmental and Societal Challenges for our Unstable Earth (RESCUE). ESF Forward Look – ESF-COST ‘Frontier of Science’ joint initiative. Estrasburgo/Bruselas, Fundación Europea de Ciencia/Cooperación Europea en Ciencia y Tecnología.

[7] Ibid.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.