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Solución a los vacíos en la Cátedra de la paz

La paz no debe ser vista como una norma, sino ir más allá, entendiéndola como un elemento clave en el gran desafío para conseguir la calidad en la educación de Colombia.

Agosto 29, 2016

Colombia es un país que tiene una historia muy compleja sobre el conflicto armado: en la década de los cincuenta con las fuerzas guerrillera de izquierda, a mediados de los sesenta se establecieron como grupos guerrilleros, siendo el principal las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, durando este conflicto hasta la actualidad.

Hoy existe un proceso de negociación de “La paz”, tema que se ha convertido en moda, no solamente para el país, también los ojos del mundo están puestos en el desarrollo de este proceso. Surge entonces la inquietud: ¿Qué papel tiene la educación en el tema de la paz? Un argumento válido es que, a través del espacio educativo, se puede transformar la visión de la paz que se ha visto silenciada por el mismo impacto que produce la violencia.

El Gobierno tiene una propuesta: La Cátedra de la Paz; su intención es buena, inicia con entes gubernamentales que establecen esta idea a partir de un proyecto de ley (Nº. 174 y Nº 201 del 2014) presentado ante el Congreso, luego se acoge el proyecto de ley radicado el 9 de Abril 2014 buscando cumplir con el artículo 22 de la Constitución Nacional, en donde reza que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, y el artículo 41, explicando la enseñanza de la instrucción cívica obligatoria en todos los colegios y universidades. Siendo así, se instauran la ley Nº: 1732."Por la cual se establece la Cátedra de la Paz en todas las instituciones educativas del país". Dada en Bogotá, D.C., a los 1 SEP 2014 y el Decreto 1038 del 25 de Mayo de 2015, por el cual en Colombia se da obligatorio cumplimiento a esta Ley.

Una vez hecho el análisis de la normatividad vigente, se logra establecer que existen unos vacíos a la hora de  indicar cómo aplicarlos, los cuales son: asumir la cátedra de la paz como su nombre lo indica una Cátedra más, lo que genera inmediatamente para muchos el imaginario que es una asignatura o un proyecto; otro aspecto para tener en cuenta está en el artículo 3 del decreto ya mencionado, señala que  solo las áreas de ciencias sociales y naturales, ética y valores podrán implementar la Cátedra de la Paz orientando estos temas de forma transversal, lo que da pie a que las otras áreas del conocimiento no se responsabilicen en ponerla en práctica. De conformidad con el mismo decreto, en su artículo 7, Capacitación y formación docente para la cátedra de la paz, en la actualidad la cualificación de los docentes en este tema es poca, y para enfrentarse a las situaciones que se presentan en una forma innovadora, es indispensable que se generen estrategias en el sector educativo para que cada uno de los docentes, en las diferentes áreas del saber, se apropien de una metodología idónea.

Haciendo el análisis identificando los que considero ‘Vacíos de gran relevancia’ para la implementación de la normatividad vigente y en donde no solamente debe ser visto el tema de la paz como una norma, sino ir más allá, entendiéndolo como un elemento clave en el gran desafío para conseguir la calidad en la educación, desarrollando competencias personales y sociales del individuo como una dimensión fundamental, es indispensable plantear una propuesta que demanda el fortalecimiento del currículo, haciendo una reestructuración del mismo, donde se trabaje en forma transversal una educación para la paz en todas las áreas del conocimiento, convirtiendo la Cátedra de la Paz en un eje transversal, fortaleciendo aspectos como: cultura de la paz, desarrollo sostenible, saber ser y una pedagogía social enmarcada en la paz. Se deben fijar rutas temáticas y/o curriculares que fomenten llevar a las aulas esta Educación para la Paz, apropiando a todos los actores que participan de la educación y la formación del individuo a involucrarse de forma activa en este proceso, como un engranaje y no como una rueda suelta.

(Zurbano, 1998) dice “Un tema o enseñanza clave para la vida es la paz o convivencia pacífica. El ser humano, social por naturaleza, necesita aprender a relacionarse con los demás. Se trata de una necesidad básica. El éxito de la vida radica en la consecución de la armonía consigo mismo, con los demás y con su medio ambiente”. Pero esto no se enseña con un área del conocimiento específica o entregando temáticas a varias áreas, necesitamos formar seres humanos integrales, y esto se logra a través de la transversalidad, en donde se consiga implementar la Cátedra de la Paz como un eje transversal para todas las áreas del conocimiento y de esta forma convertirla en un instrumento articulador entre el sector educativo, la familia y la sociedad.

Hablar de paz es toda una utopía. Debe ser participativa y sistémica, donde la familia, lo político y lo educativo interactúen entre sí con autorregulación, avanzando con pequeños pasos pero firmes.  Esta lucha es todo un proceso de construcción, donde se busca la integralidad a través de la justicia, dignidad, democracia y libertad, consiguiendo al final que se reviertan las condiciones estructurales de la violencia y de esta forma se mejoren las condiciones de vida material, social y psicológicas.

A la escuela le concierne aportar en la construcción de esta paz integral donde se practiquen los derechos humanos, la sana convivencia, se respete la interculturalidad, donde se dé la inclusión libre de discriminación, la gestión pacífica de los conflictos, la equidad de género, el respeto al derecho a la vida, la tolerancia y demás principios que socialicen una verdadera cultura y educación para la paz.

Trabajar en ello implica que no se dé de forma aislada, debe ser un compromiso de toda la comunidad educativa, tiene que ser una opción de vida para los docentes, administrativos, estudiantes y padres de familia y/o acudientes; por ende, debe estar de forma horizontal,  integrando la teoría y la práctica desde todas las áreas del conocimiento y esto se logra con la transversalidad de los planes de estudios y el currículo articulándolo específicamente con el tema central: la paz.

Surge, entonces, este nuevo enfoque curricular: la transversalidad, que la plantea el Ministerio de Educación República de Chile, (2007) de la siguiente forma: “Se caracteriza por la definición de contenidos, habilidades y valores que atraviesan el currículum tradicional. De esta manera, se conectan y articulan los saberes de los distintos sectores de aprendizaje  y se dota de sentido a los aprendizajes disciplinares, estableciéndose conexiones entre lo instructivo y formativo”. Este tema es una nueva experiencia para la educación y es indispensable ponerla en práctica, siempre y cuando se haga de la forma adecuada. Es preciso que la comprensión de la transversalidad se plantee desde una perspectiva sistémica.

Lastimosamente, en nuestro país, se tiene claro lo que significa la transversalidad en educación y existe una normatividad que habla de la obligatoriedad de los temas transversales, pero su implementación es por medio de proyectos que desempeñan un papel fundamental como contenidos para la vida y, a la hora de abordarse desde todas las áreas como ejes temáticos vertebrados, entregan la responsabilidad a quienes tienen afinidad con el tema.  En Medellín (Botero, 2006) argumenta en su artículo ‘Los ejes transversales como instrumento pedagógico para la formación en valores’ que “Los ejes transversales se constituyen entonces, en fundamentos para la práctica pedagógica, al integrar los campos del ser, el saber, el hacer y el convivir, mediante conceptos, procedimientos, valores y actitudes que orientan la enseñanza y el aprendizaje”. A mi juicio, esto quiere decir que los ejes deben cumplir su función de recorrer e incorporarse al currículo a través de todo un plan de estudio, articulándose en forma sistemática y holística.

La inquietud que surge entonces es: ¿Cómo hacerlo? En forma resumida se explica la propuesta metodológica para estructurar la implementación de un eje transversal, en este caso, enfocado en la cátedra de la paz, así: 1) La cualificación de los docentes: antes de empezar a reestructurar un currículo o de establecer un plan de aula, el requisito primordial es conocer todo lo referente al tema de educación para la paz, donde se identifiquen las dimensiones que de alguna manera influyen en la paz de una forma estratégica, no para agregar más contenido al área de conocimiento, sino como una transformación curricular en las diferentes áreas a las expectativas del tiempo presente, contribuyendo a un cambio de perspectiva. 2) La reestructuración curricular: es importante resaltar que por ley cada institución educativa tiene autonomía para organizar los aprendizajes y los ejes entorno a los que lo quiere hacer girar, por ello se requiere en primera instancia que en una jornada pedagógica se establezcan a partir de un análisis del contexto de la institución, los acuerdos acerca de las estrategias de la intervención didáctica que se va a utilizar. En ningún momento debe verse este eje como responsabilidad de áreas aisladas en el currículo. Una vez establecidas las estrategias se procede a adecuar los objetivos y contenidos marcados en el currículo en cada etapa, teniendo en cuenta el contexto, determinando las necesidades educativas inmediatas. Al establecer estas prioridades, se debe estipular la metodología de trabajo que permita alcanzar los objetivos propuestos; el entramado resultante es el soporte a partir del cual es posible construir una programación de contenidos coherentes y significativos. 3) Concretar las técnicas y procedimientos didácticos que permitan llevar a término los aprendizajes, esto es utilizar los temas trasversales como hilo conductor en el trabajo de aula, tomándolo como punto de partida del proceso formativo. Esta estrategia se convertirá en un valioso instrumento que permitirá desarrollar actividades que conducirán a nuevos conocimientos, a plantear y resolver problemas, a cuestionar y dar respuesta a las inquietudes.  Estos nuevos aprendizajes, deberán generalizarse a otros contenidos para retornarlos en el plano teórico. 4) Ajustes en la cultura escolar a través de los distintos espacios de desarrollo curricular: en el proyecto educativo institucional; el manual de convivencia escolar; el ambiente educativo; las actividades especiales periódicas; la práctica docente en el aula; el clima organizacional y de relaciones humanas;  el ejemplo cotidiano; las actividades culturales, cívicas, recreativas y gobierno escolar; el perfil del estudiante y el direccionamiento estratégico.

Finalmente, se puede concluir que la Cátedra de la Paz vista como un eje transversal desde todas las áreas del conocimiento es la oportunidad de generar una ruta adecuada para la implementación de la transversalidad en el currículo, una herramienta indispensable para fortalecer la formación integral donde el ciudadano del mañana promueva la Paz, una ventaja interdisciplinaria al dar la oportunidad de recorrer el currículo vinculando todos los campos del saber, articulándolos de manera holística con la formación en valores, y una carta de navegación para aplicar de manera adecuada en la educación como eje transversal.

Un aporte fundamental en la formación de un Ciudadano integral que promueva la paz, es que se inicie desde las instituciones educativas la implementación de una educación para la paz, en la cual se motive la justicia, la libertad, la tolerancia, la sana convivencia y, sobre todo, la democracia.

BIBLIOGRAFIA

Botero, C A. (2006). Los ejes transversales como instrumento pedagógico para la formación en valores.  Rv Politécnica N°3. Medellín, agosto- septiembre de 2006, p.p. 49-59.

Donoso, S y otros. (2007). CURRÍCULUM Y TEMAS SOCIALES: Cómo trabajar la Convivencia Escolar a través de los Objetivos Fundamentales Transversales en los planes y programas del MINEDUC. Ministerio de Educación República de Chile. 1ª Edición: julio de 2007.

Moreno, M y otros. (1995). Los temas transversales Claves para la formación Integral. Buenos Aires.  Editorial Santillana. Primera Edición.

Revista Ra Ximhai (2014). Publicación semestral de paz, interculturalidad y democracia. Universidad Autónoma  Indígena de México. Volumen 10. Numero 2

Zurbano, J. (1998). Bases para una educación para la paz y la convivencia. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Ingeniera de sistemas, especialista en gerencia del talento humano, especialista en estudios pedagógicos y maestrante en educación.
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Nancy Palacios Mena
Gran Maestra 2015
Quienes hemos estado cerca de procesos educativos somos conscientes de la importancia de la innovación y de la necesidad imperiosa de dejar atrás la forma tradicional de enseñar