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Tras el rastro de la alquimia

En la IED Arborizadora Alta, en Bogotá, la profesora Yolanda Rojas investigó cómo los estudiantes inciden en la construcción cooperativa del conocimiento a través de la conversación.

Agosto 3, 2017

“Para que se establezca entre los estudiantes una interacción efectiva que les permita construir de manera cooperativa el conocimiento, no basta con organizarlos en grupo. Para lograr el aprendizaje colaborativo es necesario que maestros y estudiantes se sientan involucrados en un proceso capaz de responder a sus expectativas, intereses y necesidades.”

Fueron estas las consideraciones que llevaron a la profesora Yolanda Rojas a enmarcar su trabajo en la pedagogía de proyectos, y a preguntarse qué es lo que sucede cuando los estudiantes conversan y cómo podía su conversación contribuir al propósito de la construcción conjunta del conocimiento.

En su búsqueda, la escritura sería el propósito del encuentro. Esto pondría en acción los tres tipos de conversación identificados por Mercer (1997, p. 109): de discusión, acumulativa y exploratoria, esta clasificación fundamentaría el análisis de la investigación y mediaría en operaciones cognitivas (tales como el análisis, la interpretación, la comparación, la predicción, la anticipación, la asociación, el razonamiento lógico y la memoria), implicadas en el proceso escritural.

Así pues, el primer paso de la profesora Rojas consistió en documentarse sobre los ejes que orientarían su trabajo investigativo: la construcción del conocimiento, el lenguaje, la interacción social y la escritura.

Así mismo, optó por el análisis del discurso como estrategia metodológica y definió las categorías a la luz de las cuales procesaría la información recogida en las secuencias conversacionales: los tres niveles en los que se estructura el discurso (contextual, referencial y representativo) serían las categorías macro, dentro de las cuales se ubicaron tres sub-categorías (estrategias discursivas, tipos de conversación y proceso de la metacognición).

Para organizar la información se diseñaron varios formatos de rejillas que permitirían registrar los datos de forma sistemática. Por su parte, las producciones textuales de los estudiantes serían también objeto de análisis: tres versiones de cada una permitirían observar el proceso de cualificación de la escritura como resultado de la conversación.

Las categorías de análisis serían, en este caso, la competencia textual (coherencia y cohesión) y competencia pragmática / argumentativa (intencionalidad y superestructura). Estaba pues definida la estructura fundamental del proyecto de investigación de la profesora Rojas.

A partir de ese momento las conversaciones de los estudiantes de grado noveno, en Arborizadora Alta, dejarían de ser eventos inadvertidos y, a través de ellas, sería posible entender la alquimia social del conocimiento.

La investigación permitió observar que cuando existe la mediación de un propósito escritural conjunto, los estudiantes discuten, se cuestionan y controvierten sobre qué escribir (el tema o el contenido) y sobre cómo hacerlo (la forma discursiva).

La conversación en este contexto propicia el proceso de reflexión y de análisis que se traduce en lo que se denomina concienciación cognitiva. Esto permite a los estudiantes avanzar en la construcción y la transformación del conocimiento en ciernes.

“El hecho de volver sobre el texto y conversar sobre lo escrito ―explica la profesora Rojas―, no sólo conduce a cambiar palabras o corregir ortografía sino que entraña una transformación: las ideas que inicialmente se plasmaron en el papel se revisan y se vuelven a pensar”.

Ese es el secreto de la alquimia. La investigación permitió reconocer que las conversaciones más enriquecedoras entre los estudiantes obedecieron a dos situaciones específicas: la “construcción de una base de conocimiento común”, que les permitió entenderse, y el hecho de “tener suficientes diferencias o discrepancias”, que los condujo a confrontar y a enriquecer las ideas de cada uno.

La reflexión sobre los escritos a partir del análisis de los borradores, por su parte, favoreció entre los estudiantes la concienciación sobre sus procesos cognitivos, lo cual les dio la posibilidad de apropiarse de la estructura textual desde un criterio lógico de organización: a partir de nociones como el seguimiento del eje temático, la concordancia y el uso de enlaces conectivos, pudieron replantear paulatinamente sus construcciones.

Pero más allá de esta habilidad para entretejer el pensamiento, la profesora Rojas señala que “la propuesta contribuyó al desarrollo de habilidades especificas relacionadas con saber dialogar, respetar los turnos de habla, saber explicar, pedir aclaraciones y atender las demandas de los demás; el trabajo cooperativo cobró validez para los estudiantes en la medida en que se concienciaron de que todos poseen conocimientos, de orden experiencial o cognitivo, que se hacen visibles cuando se conversa de manera intencionada”.

La dinámica social de este modelo de aprendizaje, permite así entrever que quizá el conocimiento como construcción colectiva, entraña el secreto de una alquimia social de más vasto alcance, y que acaso, empeñándonos en conocer el mundo desde estos principios, podemos llegar a erigir sociedades de espíritu más igualitario y dinámicas más consensuadas de participación civil y ciudadana. Ese sería el portento. 

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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector 2016
La escuela no puede seguir siendo un espacio cerrado: hay que abrir las puertas de las aulas y de la institución para que lleguen otros saberes. Esto sólo lo permite el tejer puentes