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Un cambio de Chip para el concepto de evaluación

Es necesario analizar el propósito de la evaluación para poder replantearla de una forma constructiva, que vaya más allá de lo cuantitativo

Noviembre 26, 2015

En pleno Siglo XXI existe una gran confusión como es el caso del concepto de la evaluación, que vale la pena traer a colación debido a que repercute en la transformación que queremos en la educación. Cuando pensamos en evaluación, inmediatamente surge la parte cuantitativa, llega a la mente calificación y de hecho este aspecto si está relacionado, pero, es trascendental que se tenga una claridad como docentes de qué y para qué evaluamos a nuestros alumnos.

Según (Morales, P), “este tipo de confusión (evaluar=calificar, aprobado=objetivos conseguidos) puede llevar a conclusiones equivocadas, a las que se puede llegar de manera casi inconsciente, e impedir, dificultar o rescatar eficacia a la reflexión crítica sobre todo el proceso; y con más razón si consideramos que esta reflexión (evaluación) debe ser el punto de partida para la toma de decisiones, cambios, etc.”.

Una vez planteado esta errónea identificación entre lo que es evaluar y calificar, surge una gran expectativa: “todo aquel que ejerza la práctica docente debe tener un cambio de chip con lo que se refiere al concepto de evaluación y sus implicaciones, si quiere detectar dificultades y establecer mecanismos de mejora que ayuden al proceso de calidad asociado a excelentes resultados”.

Se debe acabar la obsesión por la calificación, lo que implica esto, la nota, una medición,  y la práctica pedagógica debe estar proyectada a realizar evaluación con un fin específico, el aprendizaje. Hay un gran reto, y es el de  romper el paradigma de las prácticas evaluativas. El concepto de evaluación no debería estar asociado a control, selección o exclusión (evaluación del aprendizaje), ahora debemos enfocarnos en algo más profundo: evaluamos para el aprendizaje. De acuerdo a (Lopez, V), evaluar para  el aprendizaje, implica que se dé la Evaluación Formativa, que busca:

  1. Evaluar para que el alumno mejore y aprenda más
  2. Que el docente aprenda y mejore en el proceso formativo
  3. Mejorar y orientar los procesos de aprendizaje 

(Tapias, J), lo resume de una forma muy concreta “si queremos mejorar la forma en la que evaluamos lo que nuestros alumnos saben y no saben en un momento dado, es necesario revisar que es lo que supone todo el proceso de evaluación, esto es, qué decisiones implica, qué factores afectan a esas decisiones y que efectos e implicaciones tiene evaluar de un modo u otro”.

El concepto de evaluación no debería estar asociado a control, selección o exclusión (evaluación del aprendizaje), ahora debemos enfocarnos en algo más profundo: evaluamos para el aprendizaje.

Ese cambio de chip que se requiere, debe conseguir que en la planeación del proceso pedagógico, el alumno se involucre de una forma democrática donde exista un intercambio de información, participación, diálogo y respeto.  Cuando el estudiante se implica en el proceso de evaluación, se desarrolla el aprendizaje de una forma crítica, se hace un proceso transversal al incluir en el proceso formativo los valores de responsabilidad y una educación democrática y se da una coherencia muy necesaria hoy en día, entre las convicciones educativas y los proyectos curriculares. 

De todo este planteamiento, surge entonces una pregunta ¿Qué hay que hacer para lograrlo?  Una propuesta que me parece interesante y a mi juicio no está desenfocada con la innovación en la evaluación, la propone (Touron, J), esta consiste en:

  1. Redefinir el aprendizaje: lo importante no es saber las cosas, sino saber gestionar la información que hoy en día se tiene y que está a la mano de todo el mundo. A partir de aprender a seleccionar la información que realmente es importante, es que se deben plantear situaciones, problemas y nuevos modelos que permitan ser resueltos con la ayuda de la información que se tiene. Si se plantea de esta forma se puede decir que esto es una forma de evaluar.
  2. Redefinir la enseñanza: se replantea el hecho de que lo significativo no es lo que se enseña, sino como lo enseña. El docente ya no es el protagonista del proceso de la enseñanza, ese protagonismo debe transferirse al estudiante, quien debe hacer que la información fluya y luego la transforme en conocimiento. Lo verdaderamente sustancial es fomentar hábitos intelectuales.
  3. Redefinir roles: es necesario que el docente cambie su rol de expositor y pase a ser un orientador y/o asesor.  El estudiante pase a ser de espectador a protagonista del proceso.

Se puede concluir que la innovación en la evaluación es una consecuencia del planteamiento que se le dé al proceso formativo, que debe buscar el desarrollo de competencias, las cuales están asociadas a lo que se quiere hoy, la calidad educativa. La evaluación en el Siglo XXI, se puede resumir en una frase bien significativa:

 “Dime cómo evaluar y te diré como aprenden tus alumnos”

C. Monereo.

Bibliografía

  • Morales, P. La evaluación académica: conceptos y planteamientos básicos. Serie didáctica N°2, Bilbao, Universidad de Desto, 1995.
  • Tapias, J. Evaluación del conocimiento y su adquisición. Volumen II, Universidad Autónoma de Madrid, 1997.
  • Webinar #6: Personalización del aprendizaje, por Javier Tourón. Disponible en: www.youtube.com
  • Webinar #7: Nuevos modelos de evaluación, por Víctor M. López Pastor. Disponible en: www.youtube.com/
Escrito por
Ingeniera de sistemas, especialista en gerencia del talento humano, especialista en estudios pedagógicos y maestrante en educación.
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Luis Fernando Burgos
Gran Maestro Premio Compartir 2001
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