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Un nuevo contrato social para cumplir el ODS 4

Necesitamos involucrarnos y participar activamente en el sistema educativo para entenderlo y poder proponer cambios pertinentes a lo que la realidad social y cultural demande.

Junio 16, 2021

Entramos en la tercera década de siglo XXI y todavía encontramos que muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), planteados para cumplirse en el año 2030, no han evolucionado según lo esperado, viendo difícil su cumplimiento en la década que nos queda.

Respecto al ODS 4 –Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos–, son importantes los avances que los países con mayores retos han tenido en cubrimiento e inclusión, sin embargo, las medidas de aislamiento preventivo del COVID-19 han afectado los sistemas educativos, donde algunos de estos han retrocedido años. 

Aunque preocupante la situación actual, frente al ODS 4, quiero reflexionar sobre el “cómo” actuamos para lograrlo y no en “qué” hacemos, es decir, el objetivo plantea que se quiere llegar a tener una educación formativa, inclusiva y para toda la vida, pero intentamos obtener resultados distintos replicando el modelo educativo tradicional; inclusive en el manejo de la pandemia donde no se replanteó el abordaje pedagógico, sino que se pretendió trasladar la actividad de aula a los hogares, usando otro medio de comunicación (PC, Smartphone) en los casos donde se cuenta con conectividad.

Me gustaría resumir mi reflexión en dos puntos:

  1. ¿Qué se busca? El ODS 4 busca una educación inclusiva (acceso para todos), equitativa (desarrollo de potenciales individuales al máximo), de calidad (que exceda cada vez más los resultados obtenidos en el pasado) y para toda la vida (conocimientos permanentes – proceso constante e inacabado).
  2. ¿Cómo se quiere lograr? Continuamos replicando el modelo educativo tradicional movido por el castigo y la recompensa (condicionamiento operante), buscando que todos los integrantes del grupo sean obedientes, “se porten bien”, aprendan lo que se les enseña y ejecuten órdenes sin cuestionarlas; este modelo fue diseñado a mediados del siglo XVIII para organizar y adoctrinar el ejército Prusiano.

No se puede desconocer los avances que se han tenido en cubrimiento, pero estamos tratando de conseguir lo que describo en el punto 1, solo replicando el punto 2, es decir, buscamos resultados diferentes haciendo lo mismo que venimos haciendo desde hace más de 200 años; no hemos evolucionado para responder a las demandas y dinámicas sociales actuales.

Hay muchos factores que impiden ver el problema desde un ángulo distinto, pero para mí el problema más grande y por el cual debemos comenzar es la apatía de la sociedad frente a la educación.

Como sociedad somos hijos del sistema educativo y creemos que el sistema está bien y no necesita modificaciones, pues nuestras vidas y logros son evidencia de ello. Sin embargo, como ciudadanos, vemos las estadísticas fría e injustamente, si los resultados son buenos, todo está bien, si los resultados son bajos, el sistema no sirve, si los resultados son excelentes, la victoria es de todos; comportamiento similar a lo que sucede con los fanáticos del equipo nacional de fútbol de cualquier país latinoamericano.

Necesitamos involucrarnos y participar activamente en el sistema educativo, para entenderlo y poder proponer cambios pertinentes a lo que la realidad social y cultural demande. Un camino que podemos tomar para iniciar el cambio, es hacer un viraje a nuestro Contrato Social con relación a la educación, donde acordemos que su propósito es la formación integral y funcional del ser humano, donde la responsabilidad no recae únicamente sobre aprendiz sino sobre la sociedad como un todo, pues, si vamos a exigir transformación social a nuestros jóvenes, tenemos que asegurarnos que tengas las herramientas para lograrla. 

Los seres humanos no solo debemos educarnos, sino formarnos. Es verdad que la educación tradicional o académica debe repensarse estructuralmente, para antes de esto, tenemos que entender que su papel es solo una fase dentro del proceso formativo del ser humano y no podemos seguir delegándole la completa responsabilidad, al sistema educativo a quien injustamente se le ha demandado como si fuese el único responsable.

Debemos asumir este nuevo contrato social como una Cultura Educativa de Participación, donde la sociedad, trabaje junto a la Academia de forma coordinada, diseñando el sistema educativo que responda a las necesidades de la sociedad, mientras entre ambas, se regulan, retroalimentan y se proyectan para aportar al desarrollo integral de la comunidad.

El sistema educativo global ha privilegiado el SABER, dando importancia casi que exclusiva a la acumulación de conocimientos sin tener en cuenta su pertinencia o usabilidad (UNICEF, s.f.); este, es uno de los aspectos de mayor importancia a modificar, puesto que un conocimiento pertinente, permite al individuo y el grupo, entender mejor las situaciones, aprovechar las oportunidades, evitar conflictos y sobre todo, desarrollarse utilizando su potencial (Morin, 1999).

Concebir la educación académica como una fase del proceso formativo, permitirá entender más fácilmente que el ser humano está en constante aprendizaje durante su vida y este proceso nunca acaba. Si logramos procesos democratizados y permanentes de aprendizaje, sin importar la edad, podremos lograr una constante evolución y crecimiento de la sociedad, dentro de un marco de valores comunes, practicando así lo que se conoce como Educación para la Vida, o definido de mejor forma (Ospina, 2018) como la Formación para vivir.

Referencias

  • Corrales, M. E. (2005). Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas. Revista Colombiana de Educación, 204-213.
  • García, R., & Candela, M. I. (2010). La educación para la vida: el reto de aprender a ser y vivir juntos en la educación secundaria. EDETANIA, 41-56.
  • Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paris: UNESCO.
  • Ospina, D. (2018). ¿Educar para la vida? o ¿Formar para vivir? Pereira, Risaralda, Colombia: Universidad Católica de Pereira.
  • Pellegrino, J. W., & Hilton, M. L. (2012). Education for life and work: developing transferable knowledge and skills in the 21st century. Washington DC: The National Academies Press.
  • Silva, L. M., & Martín, J. A. (2019). La gestión social del conocimiento: teorías prácticas y aprendizajes. Barranquilla: Fundación Promigas.
  • Sternberg, R. J., & Lubart, T. I. (1997). La creatividad en una cultura conformista, un desafío a las masas. Barceloba: Paidós.
  • Torroella González-Mora, G. (2001). Educación para la vida: el gran reto. Revista latinoamericana de Psicología, 73-84.
  • UN. (2019). Objetivos de desarrollo sostenible. Obtenido de United Nations Web site: www.un.org/sustainabledevelopment/es/education
  • UNICEF. (s.f.). Unicef para cada niño. Obtenido de Educación Práctica para la Vida: www.unicef.org/spanish/education/index_focus_lifeskills.html
  • Walters, D. (2016). ¿Qué es la educación para la vida? Nevada City, California, Estados Unidos de América: Education for Life.

 


Imagen Ismail Salad Hajji dirir on Unsplash

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Magister en Educación y Liderazgo de la Universidad de Exeter en Inglaterra, Psicólogo y Especialista en Psicología Económica y del Consumo de la Universidad del Norte. Investigador y gestor de proyectos de cambio cultural, desarrollo social y educativo.
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer