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Un reto a la creatividad

En el mediano plazo el reto es devolver la tranquilidad a los colombianos, pero sólo la educación podrá brindarnos la garantía de la convivencia.

Enero 5, 2018

La prioridad de Colombia para el siglo XXI debe ser consolidar un proyecto educativo capaz de desarrollar las herramientas necesarias para que sus ciudadanos aporten toda su capacidad en la construcción de un país que pueda garantizar el bienestar de sus ciudadanos y la posibilidad para todos ellos de vivir en paz.

Es cierto que en el mediano plazo el reto es devolver la tranquilidad a los colombianos mediante la política de seguridad ciudadana, pero en el largo plazo, sólo la educación podrá brindarnos la garantía de la convivencia.

Para lograr este propósito, el Gobierno Nacional le ha propuesto al país una Revolución Educativa. En este sentido, el Plan de Desarrollo contempla tres ejes fundamentales para el sector: cobertura, calidad y eficiencia, con metas muy ambiciosas en cada uno. Sin embargo, lo realmente revolucionario es construir un sistema educativo que trascienda el período de esta administración y que cuente con capacidades instaladas para crecer y mejorar de manera continua.

La meta de cobertura es generar 1’500.000 nuevos cupos para niños de básica y media. Es decir, pasar del actual 82 por ciento de cobertura a un 92 por ciento. Y en complemento, para los jóvenes aspirantes a la educación superior, el objetivo es subir del 20 por ciento de cobertura actual al 25 por ciento, con la creación de 400 mil nuevos cupos. Paralelo a este incremento, queremos comprometer a todo el sector a elevar la calidad de nuestro sistema educativo.

Para este proceso necesitamos la comunicación, integración y compromiso de todos los niveles. Así, cada uno, desde su papel, debe aportar efectivamente: Los estudiantes como centro de inspiración y motores esenciales de la tarea de aprender a aprender. Los padres como compañeros inseparables en el proceso de aprendizaje de sus hijos. Y los maestros y rectores de colegios y escuelas como motivadores y principales gestores de ese gran cambio.

Esta unión de voluntades, sumada a la evaluación periódica de los estudiantes para determinar su avance en el desarrollo de las competencias, hará posible la reflexión de los rectores de colegios y de sus maestros acerca de su práctica pedagógica. Toda la comunidad académica puede y debe participar de esta estrategia que tiene en los resultados de las evaluaciones una fuente invaluable para sus investigaciones y un insumo para fortalecer y mejorar sus programas y facultades de educación.

Si tenemos maestras y maestros creativos y autónomos en su labor de enseñar, desde el método o proyecto pedagógico que sea, tendremos alumnas y alumnos creativos y autónomos y, además, seres humanos con plena capacidad para transformar el país. Es aquí donde necesitamos que los maestros desarrollen todas sus habilidades.

Esta nueva visión exige acciones concretas e inmediatas de parte de nuestros maestros, en el sentido de analizar los resultados obtenidos por sus alumnos con referencia a los estándares. Allí se demostrará el alcance de su trabajo diario y la verdadera dimensión de su esfuerzo. Esta es la oportunidad para que los maestros interactúen, observen, compartan experiencias exitosas y discutan sobre qué es lo que funciona y qué es lo que no.

Aquí se debe propiciar una conversación interdisciplinaria, un diálogo constante, una discusión serena y productiva. Todos sabemos que la competencia matemática no se desarrolla sólo en la clase de matemáticas, ni la científica en la de ciencias, sino que además se aplica y se practica en la vida todos los días.

Por ello, nuestro reto es preparar a los jóvenes para que puedan decodificar e interpretar la realidad que les espera en el mundo contemporáneo. En la medida en que el maestro analice los resultados, podrá revisar su práctica, determinar las fortalezas y llenar los vacíos y debilidades de sus alumnos.

En este ejercicio continuo encontrará la verdadera gratificación: que sus alumnos se eduquen bien y su trabajo trascienda en el tiempo. No hay mejor premio para un maestro que un buen alumno. Los maestros pueden desarrollar un componente emotivo de gran valor: deben hacerse querer y dejarse querer por su trabajo. Los niños se quedan en las escuelas cuando tienen un buen maestro y cuando además les interesa y les gusta lo que aprenden.

El resultado de este esfuerzo conjunto debe hacer que en el mediano plazo nuestros jóvenes sean capaces de mejorar su desempeño escolar y las instituciones brinden una mejor calidad en el servicio, proceso en el que se debe encadenar la creatividad de los maestros con la equidad, entendida como el derecho de todos los niños y jóvenes colombianos, de cualquier vereda, pueblo o ciudad, a recibir una educación de calidad que les permita enfrentar su propia vida, desarrollarse, competir en el mercado laboral y convivir en sociedad. Yo sé que los padres de familia y los maestros lo viven diariamente: No hay ninguna fórmula mágica que nos ayude en este proceso. La única magia está en que nuestros niños aprendan.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Diego Fernando Barragán Giraldo
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Invitó a sus estudiantes a armar pieza por pieza un rompecabezas mental cuya imagen final dejaba ver la realidad del país.