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Urgencia vital de las universidades

Se requiere urgentemente que las universidades modifiquen sus modos de producir conocimientos.

Enero 26, 2016

"Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas." Mario Benedetti.

 

Buscar la verdad es una tarea que hoy día es propia de un Alonso Quijano siglo XXI. Resulta que esa es la misión última de las universidades. Menuda faena.

La vida universitaria se alimenta de su interacción con la sociedad. Bajo cualquier modelo de desarrollo vigente resulta inaceptable que se enclaustre en sí misma. De modo que conociendo esta interdependencia observamos que las razones que apremian a estas instituciones pueden ubicarse como externas o internas, según la preponderancia de los agentes que las propulsan.

Los múltiples actores que intervienen en la gestión de políticas públicas hacia el sector convienen en la necesidad de incidir y tomar ventajas de la producción de las universidades. Esto se aplica tanto a la formación de profesionales como a la generación e incorporación de innovaciones que se producen desde sus ambientes de investigación y extensión. El caso es que tal percepción está anclada en tiempos idos. Es así como se encuentra que la excelencia se mide con indicadores poco ajustados al verdadero alcance que se espera que la academia tenga en el presente. Explicaremos el punto seguidamente.

La vida universitaria se alimenta de su interacción con la sociedad.

Por ejemplo, el número personas matriculadas o el número de egresados por disciplina son cifras que, con mayor frecuencia de la deseada, se escuchan para explicar las bondades de una gestión en educación superior. Eso sucede al mismo tiempo que, paradójicamente, crece la brecha en la empleabilidad directa del egresado universitario.

Los académicos, por su parte, generalmente prefieren medir el rendimiento de sus investigaciones e innovaciones con base a indicadores como el número de publicaciones en revistas arbitradas o la cantidad de patentes registradas. En cuanto a docencia, los especialistas de las diversas disciplinas se baten en duelos de honor para que sus asignaturas sean incluidas en los contenidos programáticos de pregrado o postgrado. Ocupan así espacios y de esa manera se sienten validados y reconocidos dentro de la comunidad.

Sobre estos temas hay importantes desarrollos y han escrito destacados autores que analizan las nuevas formas de producción de conocimiento y su inserción en la sociedad. En aras de la brevedad citaré dos referencias clásicas: el “Modo 2” de Gibbons et al [1] y la “Triple Hélice” de Leydesdorff & Etzkowitz [2].

Valga aclarar que los sistemas nacionales de innovación, de los cuales forman parte las universidades, hacen un aporte relevante en cuanto a mejorar el desempeño de los sistemas económicos y sociales, eso no está en cuestión. Lo que se argumenta acá es que la realidad tiene demandas agobiantes que hacen necesario que, sin más tardanzas, se exploren vías alternas. 

Y es que el mundo está cambiando a velocidad vertiginosa y los esquemas de análisis parecen estacionarios, con capacidad de solo tomar fotos estáticas de una realidad que avanza avasallantemente y en alta resolución multidimensional. Son muchos los indicios que nos llevan a señalar que la calidad y la velocidad de los cambios que presenciamos a todas las escalas están sustentados fuertemente en la evolución tecnocientífica.

Los sistemas nacionales de innovación, de los cuales forman parte las universidades, hacen un aporte relevante en cuanto a mejorar el desempeño de los sistemas económicos y sociales.

Recurramos al laureado pensador Zygmunt Bauman para extender esta idea. En su difundida obra “Modernidad Líquida” [3] señaló que estábamos en un mundo donde “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos hasta nuevo aviso”. Él es un vocero destacado de la tesis, cada vez más ampliamente compartida, según la cual el poder real se ha globalizado mientras que las políticas siguen siendo locales. Sustenta que tal es la desconexión entre los manejos globales y el accionar local que existe una desproporción entre lo que se cree y se hace en consecuencia, por un lado, y lo que en realidad está sucediendo, por otro. Afirma que tendemos a negar lo que está a la vista. Sostiene que las certezas han sido abolidas.

En semejante contexto “la búsqueda de la verdad” queda como un reto abierto. Para ser consecuente con esta secuencia de ideas cabe el cuestionamiento sobre si las universidades están configuradas para cumplir su misión en los tiempos que corren. Las pautas de funcionamiento dominantes y los indicadores empleados para analizar su rendimiento y procurar su mejoría ciertamente están en mora con la dinámica de la realidad.

Mientras las instituciones universitarias se debaten dentro de sus tradicionales o innovadas estructuras, en el campo de la gestión de las corporaciones globales se prueban nuevas fórmulas. Allí se han desarrollado metodologías orientadas a manejar este tipo de contextos cambiantes. Una de ellas, que proviene del sector militar, es la que se conoce como VUCA [4], por sus siglas en inglés.

… cabe el cuestionamiento sobre si las universidades están configuradas para cumplir su misión en los tiempos que corren.

En esta aproximación a la realidad se asume que esta es: volátil (los retos son inesperados o inestables, pero de duración desconocida), incierta (los cambios son posibles pero no se pueden dar por sentados), compleja (la situación tiene muchas variables y partes interconectadas) y ambigua (las relaciones causales no están claras). En fin, son puntos de partida muy distintos a los empleados cuando se observa la realidad desde áreas de conocimiento vistas como compartimientos estancos y que aspiran a dar con verdades absolutas.

En síntesis, ser la vanguardia de las sociedades en la búsqueda de la verdad y en un mundo tan cambiante demanda que las universidades modifiquen de fondo sus modos de producción de conocimiento. De manera sustancial y con urgencia vital. Queda poca holgura para equivocarse.

 

 

[1] Gibbons, Michael; Camille Limoges; Helga Simon Schwartzman; Peter Scott; Martin Trow. “La nueva producción del conocimiento (La dinámica de la ciencia y la investigación en las sociedades contemporáneas)”. Ediciones Pomares, Barcelona, 1994.

[2] Leydesdorff, L., Etzkowitz, H.. “The Triple Helix as a model for innovation studies”.  Science and Public Policy 25 Ž3., 195–203. 1998.

[3] Bauman, Zygmunt. “Modernidad Líquida”. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. 1999. 

[4] Bennett, Nathan and James Lemoine, G. “What VUCA Really Means for You”. Harvard Business Review. January–February 2014.

 

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Laura María Pineda
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