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Cacao y chocolate desde La Paz

Conozca cómo la rectora Emperatriz Montes sembró amor en donde antes había guerra. Un vaivén entre la agricultura, los combates y la educación. 

Mayo 4, 2017

Arauca ha sido uno de los departamentos más golpeados por el conflicto armado y, por esto, para muchos de sus habitantes el Acuerdo de Paz, aunque no sea perfecto, ha sido como una bocanada de aire fresco y de esperanza. Así lo expresaba conmovida Emperatriz Montes, rectora de la Institución Educativa Andrés Bello: “En la Paz se siente la paz”.

La vereda La Paz, ubicada en Arauquita, fue fundada en enero de 1969 por colonos que llegaron del Valle del Cauca, en el marco de un programa de colonización de tierras promovido por el INCORA, que se frustró por falta de acompañamiento y financiación.

La riqueza de la región y de la tierra incentivó, en los años siguientes, una acelerada llegada de colonos de Boyacá, Antioquia y, especialmente, de los Santanderes. En 1971 se fundó, por iniciativa de los pobladores, la Escuela La Paz, en un rancho de palma, sin paredes y piso de tierra, con 13 alumnos a cargo del profesor José Berlaine Camacho. En 1981 se construyeron las dos primeras aulas y en 1994 se obtuvo la primera licencia de funcionamiento y cambió su nombre a Concentración Escolar Andrés Bello. 

La familia de Emperatriz, la menor de 10 hijos, llegó a Saravena en 1967, desplazada por la violencia entre liberales y conservadores, desde Norte de Santander. El camino no ha sido fácil: FARC, ELN, cultivos ilícitos, combates, reclutamiento de niños y niñas, y la violencia que tocó directamente a su núcleo familiar. No obstante, su inteligencia y corazón han estado comprometidos desde siempre con la trasformación de esta realidad.

En 2010, Emperatriz, que había tenido experiencia como instructora del SENA para temas agropecuarios, asume la rectoría del colegio y emprende un proceso de trasformación y fortalecimiento de la escuela y del territorio:

“Esta experiencia me permitió reconocer una vez más, que el desarrollo económico, social y político de las comunidades rurales, dependían de la calidad de formación que las nuevas generaciones recibieran. Me propuse como meta, contribuir desde el Colegio con la transformación de esa zona rural, históricamente permeada por la violencia que ha generado el conflicto social armado que se libra y que ha tocado directamente a la mayoría de los miembros de la Comunidad Educativa, pero sobre todo a los jóvenes escolares, que ante la falta de oportunidades educativas (solo había hasta noveno grado) y garantías sociales, económicas y culturales veían en la insurgencia una opción de vida”, señala.

Reconoce que lo que se ha hecho ha sido posible por el extraordinario compromiso de toda su comunidad educativa: los alumnos, los padres de familia, los docentes y, también, por la cooperación de diversas instituciones públicas y privadas que la han acompañado. Una comunidad, que al igual que ella, reconoce el poder de la educación como motor del cambio y la escuela como un medio para construir la sociedad de la paz.

Educando para la Paz, en medio de la guerra

En 2015 llega el ejército y se instala en los predios de la granja para las prácticas de los estudiantes. Quedan en medio del fuego cruzado y los combates. Se ven obligados a suspender clases y salidas. Toda la comunidad educativa se moviliza y después de más de un mes de dialogo y negociaciones, logran el retiro de las fuerzas militares, retornan a clase, pero las salidas a la granja y la huerta son suspendidas por seguridad. En ese mismo año, Emperatriz se postula al Premio Compartir y recibe el Premio Líder de Paz, con su propuesta Educando para la Paz. En el marco de este proceso, nos convoca a un grupo de entidades públicas y privadas a trabajar por la paz desde La Paz.

Decidimos acompañarla, como dice ella, por los próximos 12 años, para demostrar que es posible ofrecer educación de calidad en el sector rural, con ciencia tecnología e innovación. Que es posible hacer participativamente una transformación de la gestión educativa, en dialogo con el sector productivo, para que niños, niñas y jóvenes puedan quedarse en sus territorios a liderar iniciativas que respondan a sus aspiraciones y ser el motor de cambio en sus comunidades.

Nuestro derrotero compartido es, entonces, la transformación de este territorio y de la Comunidad Educativa Andrés Bello en un modelo de educación rural integral con énfasis en el sistema agroforestal cacao, que cree arraigo social, reconciliación y amor por el desarrollo agropecuario y agroindustrial de Arauca.
Don Alfonso Leal, líder, cacaocultor y presidente de la Asociación de Padres de Familia, lo tenía claro desde hace tiempo y nos decía: “con este proyecto se me está cumpliendo un sueño que tuve hace 2 años: tener un chocolate de La Paz en un aeropuerto internacional”.

Por él, por ellos, tenemos la responsabilidad de hacer que este sueño que ya empezó, sea sostenible y duradero, y sea la fuente de bienestar, felicidad y riqueza para todos los andresanos.

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Escrito por
Gerente de Innovación Social Fundación Compartir
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Gustavo González Palencia
Gran Maestro Premio Compartir 2008
ogré incentivar en niños y jóvenes el gusto por la música y la ejecución de instrumentos musicales.