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Educación para toda la vida: una necesidad

La lista de ocupaciones que hoy parecerían irremplazables es larga y vinculada a campos como la banca, el mercadeo, la salud y la educación, entre muchos.

Octubre 27, 2018

La profunda revolución que el mundo experimenta, resultante de la interacción entre la globalización digital, los mercados, los dramáticos avances tecnológicos en ámbitos como la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y la nanotecnología, entre otros, tiene un impacto profundo en el mercado del trabajo y en la forma en que nos preparamos y estudiamos.

La velocidad del cambio es de carácter exponencial, particularmente en lo que se refiere a la manera en que individuos y comunidades, empresas y estados podemos comunicarnos entre unos y otros. La capacidad de almacenamiento de información, las velocidades de transmisión de la misma, la creciente complejidad de “enredamiento” entre personas y organizaciones, se traducen en cambios insospechados en los modelos de negocios. Producir, distribuir, consumir, componentes básicos del circuito económico, operan de forma radicalmente diferente a como ocurría hace dos décadas.

El cambio ocurre a una velocidad mayor que la capacidad de adaptación al mismo. Aunque en economías avanzadas se debaten temas como el de la cuarta revolución industrial (OCDE),  y autores como Thomas Friedman* y Yuval Noah Harari** desarrollan, en sus respectivas visiones, mapas de los riesgos y los retos para la humanidad en las próximas décadas, lo cierto es que el tema no está en la agenda prioritaria de la mayor parte de los políticos influyentes en el mundo.

En Colombia, lamentablemente, no es un tema de interés, pese a las implicaciones que sobre la estructura del empleo y, en consecuencia, sobre el sistema educativo tienen y tendrán los cambios en la tecnología y los mercados.

Es claro que en países como Colombia ya se sienten los pasos de animal grande. Se puede apreciar en las protestas de los antiguos conductores y propietarios de taxis contra las nuevas plataformas tipo Uber, o en las protestas de los “rapitenderos”, los jóvenes que llevan a domicilio pedidos tramitados digitalmente en Rappi, carentes de cualquier tipo de protección social. Son solo la muestra de cómo desaparecen empleos tradicionales y cómo emergen nuevas ocupaciones.

En su obra, Harari plantea que la inteligencia artificial (IA) y la biotecnología serán piezas angulares en la sustitución de empleo.

La revolución digital ha suprimido ocupaciones caracterizadas por rutinas automatizables. Hasta hace poco se creía que trabajos de alta calificación no serían susceptibles de ser remplazados por máquinas. Sin embargo, tomando como ejemplo a Watson (el computador de IBM que puede aprender, 2007), emblema de la IA, se abre un panorama en el que trabajos que hoy son considerados complejos por la preparación académica requerida, como el de los médicos, pueden ser sustituidos por “médicos IA” en dos décadas. La lista de ocupaciones que hoy parecerían irremplazables es larga y vinculada a campos como la banca, el mercadeo, la salud y la educación, entre muchos.

Ni qué decir de oficios como el de conductor de vehículo o piloto de avión que podrán ser sumprimidos gracias a carros inteligentes y drones. En el caso de los vehículos resulta sencillo comprender que la IA será mas efectiva que los humanos: en el mundo hay 1.3 millones de muertos por accidentes de tráfico al año, mas del doble que la suma de muesrtos por terrorismo, guerras y delincuencia común. Teniendo en cuenta que el 90% de los accidentes de tránsito son causados por falla humana (alcohol, distracción con celulares, falta de atención al conducir, autos no mantenidos en forma), el uso de carros autónomos puede ahorrar mas de un millón de vidas humanas… ¿Y los conductores desplazados?

Es obvio que aparecerán nuevos empleos que, a su vez, por la velocidad del cambio en las tecnologías, desaparecerán en pocos años.  Así, un cajero automático, innovación ya “vieja”, sustituye a los antiguos cajeros y, sin embargo, la innovación se asocia a la generación de nuevas ocupaciones (programarlos, mantenerlos, etc.). El carro sin conductor se relacionará con técnicos y profesionales que estarán atentos al sistema y su programación.

La consecuencia social más importante es la de los empleados y trabajadores desplazados de sus antiguas ocupaciones. En algunos casos ha sido posible el reentrenamiento y la adquisición de competencias para el desemeño de nuevas ocupaciones. Sin embargo, quedan millones tendidos en el desempleo y que, independiente de si sus gobiernos consiguen ofrecerles un subsidio, pasan a una categoría que podría denominarse de “no necesarios”. En tal óptica podrían comprenderse fenómenos populistas de derecha del tipo Trump o Bolsonaro (Brasil), cuyas audiencias principales están conformadas, principalmente, por tal tipo de personas.

La educación para toda la vida, la adquisición de competencias para nuevas ocupaciones, la actualización permanente, debe ser una prioridad para estado y empresas y enfocada a los jóvenes. Lejos de pretender estar vinculados a una empresa por décadas, como ocurría en el siglo 20 con sus padres y abuelos, los jóvenes de hoy y de mañana tendrán que estar en permanente estado de aprendizaje y adquisición de nuevas competencias. Aún así, nadie garantizará su inserción plena en el mercado laboral.

 


*T.Friedman, Gracias por llegar tarde, 2017.
**Y.N.Harari, 21 lecciones para el siglo 21, 2018.
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Consultor en educación
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