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El boom de la equidad de género

Desde la escuela debemos procurar que nuestras niñas y niños entiendan que las actividades y labores no se definen por el sexo con el que nacemos.

Marzo 3, 2015

Con el título de este artículo muchos se preguntarán que tiene que ver el discurso sobre el feminismo de Emma Watson1 para la campaña HeforShe (ElporElla) de Naciones Unidas en septiembre del año pasado, o la frase tajante de la recién ganadora del Oscar, Patricia Arquette2, sobre la equidad salarial entre mujeres y hombres, con un portal educativo.

Pues bien, la respuesta es que tiene todo que ver, porque las inequidades de las que hablan o a las que hacen referencia las dos afamadas actrices se construyen y consolidan desde la infancia; y el sistema educativo se convierte en uno de los rectores fundamentales para el desarrollo futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes, replicando en muchos casos los estereotipos de género.

Es acá donde probablemente muchos se cojan la cabeza y consideren que deben dejar de leer un artículo que nuevamente aboga o proclama al feminismo como eje central de nuestra sociedad. Pero es acá donde nos equivocamos. El concepto género es desconocido y en muchos casos mal utilizado.

Es importante aclarar que género no es sinónimo de mujer, como tampoco lo es de sexo. Sexo es el sistema reproductivo con el que nacemos, aquel por el que no nos preguntaron o dieron opción de cambiar cuando estábamos en periodo de gestación. Género, por el contrario, “se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres.”3 Es decir que por género estamos hablando de la construcción social de lo masculino y de lo femenino, los comportamientos que se esperan del uno y del otro en una cultura, época o sociedad determinada.

En este orden de ideas, el género incluye tanto a hombres como a mujeres. Y la equidad de género es lograr que por esas construcciones sociales no tengamos esquemas discriminatorios que priven al uno o al otro de actividades o derechos; y que de existirlos implementemos acciones afirmativas o políticas públicas que logren esa igualdad real y efectiva de la que habla el artículo 13 de la Constitución Política de Colombia.

Es en este preciso momento en donde el sistema educativo entra a jugar un rol crucial en el desarrollo de los estereotipos de género. Me explico. Hoy en día la mujer gana en promedio 21% menos salario que el hombre; sumando el trabajo remunerado y el no remunerado, nosotras estamos trabajando 18.8 horas más que ellos a la semana4; y aún persiste la tendencia de la mujeres hacia la formación en carreras con baja remuneración en el mercado laboral5.Estas estadísticas, no se dan por un mágico y espontaneo cálculo al inicio de la vida laboral, su raíz se divisa desde que nacemos.

Vale la pena entonces analizar el famoso pensum escolar oculto, donde profesores y profesoras pueden caer en el error de concentrarse en los niños cuando se enseña matemáticas, porque ellos sí entienden los números, en cambio las niñas entienden sólo lo social. Donde los padres tendemos a reproducir los modelos del cuidado en las mujeres, regalando desde los primero años de vida una plancha, una cocina y bebes a los cuales se les debe cambiar el pañal cada 3 horas6. Cosa contraria con nuestros niños, a quienes los empoderamos con herramientas, tractores, cubos y legos, siempre juegos que desarrollan las “habilidades gerenciales”.

Lo peor de estos esquemas, es que nos alarmamos si nuestros hijos empiezan a jugar con escobas, trapeadores, planchas y bebes; reproduciendo el modelo en la edad adulta, cuando la paternidad los atropella porque no la ven como una actividad propia de su rol masculino. Así mismo, pasa con nuestras hijas, a quienes preferimos jugando con muñecas que con carros o herramientas; formateándolas para ser las dueñas de la economía del cuidado7 y ajenas al mundo productivo salarial. De lo anterior, lo que resulta lamentable, es que vamos descalificando esas tareas propias del hogar y del cuidado, sin saber a ciencia cierta, que su desempeño representa la más amplia y completa maestría en alta gerencia (redistribución de los ingresos del hogar, capacidad de comunicación, innovación, creación y autoaprendizaje, entre otros).

Lo que quiero decir es que no existen, propiamente, actividades masculinas o femeninas. Y desde la escuela debemos procurar que nuestras niñas y niños entiendan que las actividades y labores no se definen por el sexo con el que nacemos, sino por la habilidad que de ellas tengamos. Que en esa educación que está por fuera del aula, nosotros los padres, no debemos ponerle límite a las capacidades de nuestros hijos e hijas en pro de una sociedad más justa e igualitaria, que no prive a la mujer de un mercado laboral y a los hombres de la gran tarea que es la crianza y el cuidado del hogar.

 

 


[1] www.youtube.com/watch?v=p-iFl4qhBsE

[2] www.youtube.com/watch?v=cZeV9Sm3ywM

[6] Es importante establecer que hoy en día la Ley 1413 de 2010 establece de incluir la Economía del Cuidado en el Sistema de Cuentas Nacionales.

[7] Con lo cual no se está menospreciando el aporte económico y social de la mujer mediante la economía del cuidado, sino promoviendo que dichas tareas se redistribuyan de manera más equitativa. 

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Laura María Pineda
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