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La primera infancia: avances y desafíos

Mayo 4, 2009
El tema de la primera infancia está sobre la mesa. Los avances en esta materia son palpables y responden al empuje y la participación de las organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil, los estudios en la materia, y las tendencias internacionales.

En nuestro país, en el Plan Decenal 2006-2015 se le dio prioridad. Allí se apuntó una línea de concepción del desarrollo infantil temprano como un proceso que incluye varias dimensiones (física, intelectual, social, emocional) y fue reconocido el “enorme potencial educativo de los primeros años de vida”, así como la importancia de la educación temprana como reflejo de lo que implicará posteriormente la experiencia y el involucramiento de los niños y las niñas en el sistema escolarizado. A su vez fue señalada la trascendencia de preparar a las nuevas generaciones de padres y madres, se propuso reorientar el programa de madres comunitarias y de organismos locales afines, y se hizo énfasis en la necesidad de realizar acciones intersectoriales y de ubicar “múltiples alianzas y enfoques complementarios”. En el documento Conpes Social 109 del 2007 quedó también expresada la política pública nacional de primera infancia.

Que la educación a las niñas y los niños más pequeños requiere una atención profesional y especializada es algo que por fortuna ya no podemos poner en cuestión. Ha quedado señalado el camino de reflexión que las autoridades y la sociedad entera debemos recorrer para estar a la altura de lo que los niños necesitan. Por ejemplo, es apremiante que todos los sectores trabajemos mancomunadamente a favor de la primera infancia de modo que garanticemos condiciones de vida que reflejen lo que hace tanto tiempo consagran los derechos en las declaraciones internacionales y en los documentos jurídicos: nutrición, educación, seguridad, identidad y participación ciudadana. El trabajo intersectorial e interinstitucional requiere en algunos casos ajustes, y en muchos otros, hechos concretos y miradas de largo aliento. Por supuesto, exige también liderazgos fundamentados más allá de coyunturas políticas y aspiraciones demagógicas.

Otro reto inaplazable es ahondar en la comprensión y caracterización de la primera infancia como un ciclo de vida completo que va desde la gestación hasta los ocho años y que no se interrumpe ni se dirime con los primeros grados de escolarización; nos urge precisar sus requerimientos de acuerdo con los rangos de edad, basarnos en los avances de la psicología del desarrollo y darle mayor difusión a todo ello en foros y espacios. Así mismo, nos urge indagar y establecer qué tipo de intervención pedagógica específica e intencionada debemos poner en marcha con los niños, y diseñar estrategias ajustadas a las características y desafíos de cada etapa. Es evidente que padecemos la tendencia a concebir y aplicar esquemas escolarizados para la primera infancia, cuando precisamente se trata de introducir concepciones y formas de trabajo distintas y particulares.

Por otra parte, debemos hacer un trabajo muy serio y decidido para capacitar a quienes fungen como cuidadores, buscando que tengan un determinado perfil; ofrecerles una formación que retome y valore lo que ya saben, que lo cualifique, enriquezca y les permita el intercambio de experiencias, la búsqueda de alternativas creativas e innovadoras, y la profundización en la reflexión y el conocimiento sobre las necesidades específicas de los infantes. Y no menor es el desafío de prestar atención a las familias. Es inaplazable que pensemos su papel y tracemos estrategias que permitan el contacto directo y efectivo con ellas, y enriquecer un espacio de reflexión basado en lo que hacen y en cómo pueden mejorarlo.

Pero quizá uno de los mayores desafíos que tenemos como sociedad, es el de reconocer e identificar, de manera auténtica, que las niñas y los niños tienen el estatus de ciudadanos, que contribuyen a construir alternativas para ellos mismos, y que este reconocimiento tiene implicaciones prácticas y expresas en las estrategias y acciones que se planeen y lleven a cabo con y para ellos. Como conjunto social, necesitamos ver y hacer palpable que los niños son activos en la construcción del conocimiento, y se involucran si tenemos la sensibilidad y la preparación para ayudarlos a hacerlo. Nuestro reto, nuestra labor, es aprender a cuidarlos, formarnos en ello, y ofrecerles un entorno que efectivamente favorezca su desarrollo.

Mayo 2009
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer