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Paz, educación y cultura ciudadana

La educación y, particularmente, la construcción de una nueva cultura ciudadana, jugarán un papel de primera línea en el llamado "pos-conflicto".

Septiembre 28, 2015

Hace tan sólo dos meses el proceso de paz colombiano parecía naufragar. La muerte violenta de once policías en el departamento del Cauca fue el florero de Llorente en un proceso plagado de  señales mutuas de desconfianza que podría heber culminado en la terminación de los diálogos de La Habana.

La sociedad colombiana enfrentará, al menos durante una generación, retos de gran magnitud, particularmente en el campo de la educación.

Los anuncios de la semana pasada, en presencia del Presidente Santos, el de Cuba, Raúl Castro y del líder de las Farc, Timoleón Gómez, referidos al punto más álgido de la agenda de negociación, el de la justicia, así como al de la fecha fija para concluir las negociaciones (Marzo 23 de 2016), ha generado un clima de optimismo en parte importante de la población colombiana.  El apoyo de los principales gobiernos de la OCDE y, no menos importante, el del Papa Francisco,  representan un contexto altamente favorable para la culminación de las negociaciones. Todo apunta a que el proceso se va a cerrar con éxito, aunque este es sólo el comienzo de un largo camino.

La cultura de la guerra ha impregnado durante décadas el lenguaje y las actitudes de muchos colombianos, incluyendo personajes públicos de primera línea.

La sociedad colombiana enfrentará, al menos durante una generación, retos de gran magnitud, particularmente en el campo de la educación y, dentro de él, en el de la cultura ciudadana.

La cultura de la guerra ha impregnado durante décadas el lenguaje y las actitudes de muchos colombianos, incluyendo personajes públicos de primera línea.  Alrededor de cinco millones de colombianos desplazados, sumados al dolor de miles de familias que han sufrido la muerte de alguno de sus miembros a manos de grupos de uno y otro bando, el reclutamiento de menores, la frustración provocada por el fracaso de otros intentos de paz en el pasado,  son algunos de los factores que condujeron a la polarización de las actitudes y al uso del lenguaje en el señalamiento de los “amigos” y los “enemigos”.

Un proceso de reconciliación, respaldado en los preceptos de justicia, verdad y reparación, requiere  un cambio profundo en las actitudes de los colombianos

Un proceso de reconciliación, respaldado en los preceptos de justicia, verdad y reparación, requiere  un cambio profundo en las actitudes de los colombianos. Para ello no sólo deberá haber propuestas que directamente incidan en aspectos curriculares en los distintos tramos de la educación formal, sino campañas masivas que propendan por una cultura ciudadana de perdón, respeto, tolerancia  y reconciliación.

La tarea no sólo recae en el Estado. Trabajadores, empresarios, organizaciones comunitarias y de la sociedad civil, todos tenemos responsabilidad de cara al  fomento de una nueva cultura ciudadana que propenda por la convivencia y el respeto entre los colombianos.

La firma de un acuerdo de paz en marzo de 2016 es una oportunidad para que la sociedad colombiana, en conjunto, desmonte las actitudes que promueven la violencia en los distintos escenarios

La firma de un acuerdo de paz en marzo de 2016 es una oportunidad para que la sociedad colombiana, en conjunto, desmonte las actitudes que promueven la violencia en los distintos escenarios. Se trata de comprender, además, que, dentro de las llamadas competencias del siglo XXI, se encuentran las relacionadas con las maneras de vivir en el mundo. Específicamente, las asociadas a la responsabilidad personal y social que, por supuesto, guardan íntima relación con el respeto a los demás.

La Fundación Compartir invita al trabajo mancomunado, de largo plazo, hacia una cultura ciudadana que nos permita construir escenarios de reconciliación entre los colombianos.

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Consultor en educación
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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.