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Premio Compartir y el capital social

Un ejemplo de cómo el sector empresarial puede impulsar procesos de cambio de gran impacto en la sociedad, particularmente en el área más importante para el futuro: la calidad de la educación.

Junio 13, 2019

El Premio Compartir es una forma de capital social de inmenso valor en la sociedad colombiana. Con la ceremonia del pasado 10 de junio, la Fundación Compartir conmemoró sus primeros veinte años del Premio otorgando sus máximos galardones al docente Carlos Enrique Arias, de la institución educativa San Antonio María Claret de Montelíbano (Córdoba), y al rector de la I.E. Nuestra Señora del Pilar, Orlando Ariza Vesga, de Villa Garzón, Putumayo.

El Premio Compartir ha significado un inmenso aporte en la construcción de capital social en Colombia.

El sociólogo y politólogo norteamericano Robert Putnam, ha sido uno de los principales desarrolladores del concepto de capital social. Se trata de la densidad del tejido que construyen los individuos a través de su participación en asuntos de la sociedad. ¿Qué tanto le importa a la gente el estado de la infraestructura, la calidad de la educación, el medio ambiente, entre muchos campos?

El grado de participación de la ciudadanía en la problemática social, mediata e inmediata, de manera voluntaria, da la medida del grado de capital social que caracteriza a una sociedad determinada. Alta conciencia cívica suele asociarse con altos niveles de confianza de la ciudadanía respecto a sus instituciones, bajos niveles de corrupción, profundo respeto por los flujos de información validada.

Al contrario, la desconfianza y los niveles de corrupción, así como la preferencia por información carente de validación, son rasgos típicos de una sociedad en la que el lema de los individuos es el “yo hago lo mío” y “usted preocúpese de lo suyo”.

La forma en que los miembros de una sociedad se afilian entre sí resulta determinante para medir el capital social. Sin embargo, hay formas de afiliación que no construyen capital. Por ejemplo, la preferencia de individuos a conformar grupos y relaciones exclusivas con pares semejantes es, por definición, excluyente. Es una forma de capital vínculo que implica la afinidad con lo similar y la distancia infranqueable respecto a lo diferente.

Al contrario, que los ciudadanos tiendan puentes con quienes son diferentes, sí apunta a fortalecer el tejido social. La complejidad de las sociedades modernas supone que el capital social sólido se construye en la diferencia.

En Colombia, según John Sudarsky (Baròmetro de Capital Social, Colombia, 2018), el capital social ha disminuido en las últimas dos décadas. Menos individuos le dedican parte de su tiempo a causas de interés social. A la vista están niveles en alza de corrupción y la palpable desconfianza de los ciudadanos en la institucionalidad.

Dado lo anterior, el Premio Compartir al Maestro, que completa veinte años, así como el galardón que se otorga a los rectores (creado hace cinco años), constituyen un valioso ejemplo de construcción de capital social en contextos en los que la polarización y el capital vínculo han tenido preminencia.

En primer lugar, porque se trata del esfuerzo voluntario y conciente de empresarios que, al crear la Fundación Compartir, decidieron contribuir a resolver problemas de alto calado. En un comienzo, se trató (años 80) de su aporte a resolver el drama de miles de familias damnificadas por catástrofes naturales. Pasados los años, habiendo incursionado en diversos ámbitos (apoyo a microempresarios, por ejemplo), la Fundación creó el Premio Compartir, que se ha convertido en un emblema de hondo significado: combatir la inequidad social y económica mediante la búsqueda de la excelencia en la educación.

El método se basó, principalmente, en el reconocimiento al maestro colombiano que, con sus propuestas pedagógicas de aula, tiene a su cargo la formación de los niños y niñas colombianos.

La Fundación Compartir ha sido pionera en la valoración de los docentes y rectores a lo largo y ancho del país, en ciudades y campos, incluyendo las más lejanas veredas y aquellas sometidas a los fragores del conflicto.  Dicho reconocimiento tiene un notable efecto multplicador: se abre la puerta a que miles de maestros y rectores puedan conocer las mejores prácticas que sus colegas impulsan.

Segundo, el trabajo de la Fundación Compartir ha sido posible gracias al apoyo de valiosos aliados que, año tras años, apoyan, desde distintas ópticas, el Premio. Se trata de aliados públicos y privados, del orden nacional y regional, de actores internacionales (Fundación SM. British Council, Gobierno de Canadá, por ejemplo) y prestigiosas universidades. Es una forma clara de tejido social.

Tercero, la Fundación Compartir ha podido desarrollar, por la vía de sus aprendizajes, propuestas de política pública enfocadas al mejoramiento de la calidad de la educación por la vía del fortalecimiento al principal actor, a saber, el docente. Una de las consecuencias radica en que, tanto en el orden nacional como en el regional y local, las propuestas de Compartir son plataforma imprescindible a la hora de discutir los rumbos de la educación en Colombia.

Es así como la ceremonia de otorgamiento del Premio Compartir es un portente símbolo: un ejemplo de cómo el sector empresarial puede impulsar procesos de cambio de gran impacto en la sociedad, particularmente en el área mas importante para el futuro de niños, niñas y jóvenes: la calidad de la educación.

 


 

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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.