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“El campo es un soporte de la vida en sociedad”: Carlos Arturo López, director docente

El rector del colegio José Celestino Mutis de Ciudad Bolívar de Bogotá y panelista del Foro Educativo Distrital 2018, cree en la educación rural como herramienta para la equidad y la inclusión. 

Septiembre 6, 2018

Este 6 y 7 de septiembre Bogotá reunirá a estudiantes, docentes, familias, organizaciones, entidades y expertos nacionales e internacionales en torno a una gran conversación sobre educación inclusiva y rural.

El Foro Educativo Distrital 2018 busca fortalecer las políticas educativas de ruralidad e inclusión, así como identificar retos y desafíos para la educación de miles de estudiantes en los próximos años.

Carlos Arturo López, rector del colegio rural José Celestino Mutis, licenciado en química y biología, magister en Educación y especialista en Educación y Gestión Ambiental, fue invitado al panel equidad, ruralidad e inclusión del Foro, para dar a conocer la experiencia pedagógica de su colegio como aporte al fortalecimiento de la ruralidad bogotana.

La Secretaría de Educación del Distrito conversó con este docente sobre cómo la implementación de cultivos de alimentos (algunos de ellos hidropónicos) o el funcionamiento de una granja con diversos animales que hoy funciona en esta institución, ha permitido fortalecer el clima escolar entre sus estudiantes, pero también generar arraigo, identidad, dignidad e incluso proyectos de vida para sus estudiantes. Estas son las claves de la educación en la ruralidad que él propone.

Un soporte para la vida de la ciudad

Para este docente, “el campo es un soporte estructural de la vida en sociedad” porque gracias al campo, en las ciudades se puede decir que hay buena parte de los alimentos que se consumen a diario. Pero también porque allí, hay una cultura más rica en la que se transmiten más fácilmente las costumbres y tradiciones familiares.

Según López, en las zonas rurales “los niños tienen un contacto más continuo con sus padres y eso permite que las familias puedan transmitir sus costumbres, tradiciones y la idiosincrasia que fortalece la dignidad y el arraigo”, asegura.

Además, considera indispensable que la educación en la ruralidad desarrolle la empatía por la vida en el campo y por el contacto con la naturaleza. “Coger una gallina o arreglar el suelo con un azadón, como lo hacemos en el colegio, ayuda a desarrollar la personalidad y la sensibilidad.

En la urbe, la falta de ese contacto impide de cierta manera la sensibilidad con el cuidado de los animales o las demás personas”. Sin embargo, afirma que el fortalecimiento de la educación en la ruralidad también implica mirar de cerca las características y necesidades que se generan en el contexto.

Formar para enseñar en la ruralidad

Históricamente los resultados de las pruebas que miden la educación muestran una distancia entre la educación en la ruralidad y el sector urbano. El objetivo es identificar y trabajar para reducir esas brechas y garantizar que haya la misma calidad.

Una de sus claves para lograrlo es formar para enseñar en la ruralidad: que los maestros que se encuentran en las veredas reciban capacitación, para que más allá obtener un logro personal, atiendan de manera más adecuada las necesidades de sus comunidades educativas.

“Nadie se forma para la ruralidad. Se forma para el inglés o la química, pero el profesor en la ruralidad tiene que llegar a asimilar esa realidad y desarrollar conocimientos que no tiene. A veces no es necesario una maestría o una especialización. Lo que se busca es que más allá de emanciparse económicamente, el docente ayude a desarrollar el proyecto educativo de su colegio y de sus estudiantes”.

De manera complementaria a la formación de docentes, Carlos Arturo considera indispensable que también existan recursos para que haya una educación de calidad. “Los recursos que se ofrecen a los estudiantes permiten procesos educativos que le apuntan a la calidad. Por ejemplo, en nuestro colegio, gracias a las rutas escolares, al comedor a una planta de maestros completa, en los últimos 3 años tuvimos un mejor índice sintético de calidad educativa, esa es una gran evidencia”, señala.

Una política educativa para transformar la educación

López asegura que es indispensable implementar una política educativa diferencial ajustada a la ruralidad, que permita transformar los currículos de los colegios y que promueva la permanencia de las poblaciones rurales en sus territorios.

En ese sentido, valora el proceso de la Secretaría de Educación del Distrito en la identificación de necesidades de las comunidades en la ruralidad, así como de las proyecciones personales y familiares de sus habitantes para formular estrategias que propicien esta dinámica.

“Por años, a la población de la ruralidad la han formado para irse del campo, porque no hay una política educativa diferencial para que se reconozcan las características propias del contexto, para que les permita a los estudiantes generar un proyecto de vida allí en el campo”.

Es por eso, que la nueva política educativa, que ya tiene avances importantes, debe mantener un estrecho contacto con las prácticas sociales, culturales y productivas de cada territorio, así como con los rituales y costumbres de sus pobladores. Esto permitirá, según el rector, reconocernos como diferentes, pero incluidos dentro de un proyecto de ciudad.

Este nuevo enfoque de la ciudad, ha permitido que su colegio se haya integrado a un convenio interadministrativo entre las secretarías de Educación y Desarrollo Económico para la producción limpia de hortalizas, con el cual se construye un proyecto de vida para sus estudiantes. Este, en su opinión, debe ser el objetivo final de la política educativa de la ciudad.

El estudiante debe recibir formación para saber para qué son buenos dentro de su contexto. Y que puedan proyectar su proyecto de vida. Que la educación inicial, secundaria y media estén orientadas a ese objetivo”, concluye.

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María Del Rosario Cubides Reyes
Gran Maestra Premio Compartir 2006
Desarrollé una fórmula química que permitió a los alumnos combinar los elementos claves para fundir la ciencia con su vida cotidiana sin confundir los enlaces para su futuro.