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El equipo ‘Sonrisas’ de la profe Carola

Con narices rojas y vestidos de alegría, esta docente y su grupo de estudiantes llevan felicidad a niños de fundaciones y hospitales en la localidad de Kennedy, Bogotá.

Mayo 24, 2016

Sus zapatos son grandes porque viaja mucho. Su ropa, como su alma, es una mezcla vibrante de color. Y su nariz de goma, roja como un tomate, es la máscara más pequeña del mundo. Ella, Carola, no se hace llamar clown porque asegura que “es una profesión muy seria y me falta mucho para llegar a serlo”, pero para sus pupilos, los estudiantes de los colegios Paulo VI y Eduardo Umaña Luna, es la ‘payasita’ que les cambió la forma de ver la vida.

“Yo soy maestra de profesión, de corazón y de nariz”, dice con una sonrisa pintada en el rostro Carolina Mojica o Carola, creadora de ‘Compartiendo Sonrisas y Transformando Proyectos de Vida’, una iniciativa que, desde el arte, la inteligencia emocional y la terapia de la risa, salió escuela para hacer de sus estudiantes unos auténticos embajadores de la alegría.

Periódicamente, y con la sencilla pero poderosa premisa de ponerse en los zapatos del otro, 22 estudiantes liderados por esta psicóloga y licenciada en básica primaria, se toman los pasillos de hospitales, fundaciones y hogares para cambiar por unas cuantas horas la rutina de niñas, niños y jóvenes que, por motivos de salud o abandono, se encuentran en estos lugares.

Sin embargo, este trabajo va más allá de un simple ejercicio de llevar alegría o de enseñarles a los muchachos habilidades propias del clown para que salgan y compartan ese conocimiento con otras personas. También se trata de enseñarles a quererse, a respetarse, a creer en ellos para que se den cuenta que, sin importar lo difícil que sean sus circunstancias, pueden construir el futuro que desean. Allí está el secreto de este grupo más conocido como el ‘Equipo Sonrisas’.

Sin importar la edad, colegio o tiempo en el proyecto, todos los integrantes de ‘Compartiendo Sonrisas y Transformando Proyectos de Vida’, coinciden en señalar un mismo punto: su vida les cambió cuando conocieron a la profesora Carolina.

Aquí encontré mi otro yo. Pude enfrentar mis miedos frente a mi sexualidad porque ella me enseñó que lo más importante es que yo me acepte, lo demás no importa. Por eso para mí este proyecto es mi vida y la profe Carola, mi segunda mamá”, dice Paula Solórzano, estudiante del Eduardo Umaña Luna.

Algo similar opina Steven Moreno del Paulo VI, que antes de conocer a esta docente, libraba su propia batalla con el consumo de sustancias psicoactivas.

Ser maestra es algo mágico. Es estar conectado todo el tiempo con historias de vida, con sentimientos, con tristezas y alegrías que marcan y transforman, es una experiencia de vida, y por eso estoy convencida de que no basta con quedarse con el tablero y los libros, los niños tienen que aprender ciudad, y por eso espero seguir aquí formando más niños en este equipo de sonrisas para que cuando salgan al mundo lo pinten de colores, paz y mucho amor”, concluye la payasita Carola, una mujer de cabello alborotado y sonrisa infinita a la que por sus ganas de cambiar el mundo los estudiantes el agradecen constantemente.

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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer