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La biotecnología en el aula, un laboratorio para explorar posibilidades de ser

Sonia González es una maestra de Biotecnología que convirtió el aula en un espacio dinámico y divertido donde sus estudiantes pueden descubrir y desarrollar competencias que no creían poseer.

Mayo 9, 2019

En el colegio distrital San José Sur Oriental, de la localidad San Cristóbal Sur, palabras como biofiltro, biorrefinación y biorremediación son bastante frecuentes entre los estudiantes de los últimos grados, gracias al Proyecto de Biotecnología liderado por la profe Sonia, una iniciativa que, desde el 2016, les despierta y alimenta su curiosidad, su espíritu científico e investigativo y el deseo permanente de aprender.

“Soy una apasionada por la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias. Estudié Biología y tengo una maestría en Estudios Avanzados en Educación Social de la Universidad Complutense de Madrid. Mi interés como docente gira en torno al desarrollo de habilidades en el ámbito científico-tecnológico. Me gusta mucho la parte experimental como excusa para el aprendizaje porque, de esta forma, emergen competencias como el trabajo cooperativo, la contrastación a partir del registro de resultados, el análisis, entre otras habilidades que la realización de este proyecto potencia en mis estudiantes”, señala Sonia González. 

El Proyecto de Biotecnología del colegio distrital San José Sur Oriental consta de cuatro líneas de trabajo: biotecnología ambiental, industrial, alimentaria y médica. “La particularidad de la Biotecnología es que es una ciencia que utiliza organismos vivos o sustancias producidas por los mismos para generar un bien, un servicio o un producto con valor comercial”, explica la profe Sonia. 

De sus clases pueden surgir todo tipo de productos: abono hecho con residuos orgánicos del comedor escolar (compostaje, lombricompost), biofiltros, tintes naturales, tortas y pan artesanal, yogures, vinos, mermeladas, entre muchos otros. Así que, en el momento en el que los estudiantes eligen una de las cuatro líneas de trabajo, comienza toda una serie de aventuras guiadas por ella.

Freddie Valenzuela, estudiante de 1101, cuenta su experiencia: “Mi grupo escogió compostaje, lombricompost, biotecnología alimentaria y biorremediación. Después de muchas ideas, nos propusimos crear un yogur hecho con sábila. Desde el principio lo asumimos como un reto. Investigamos muchos productos y recetas con sábila, para conocer qué había en el mercado. Cada clase era muy emocionante. Hicimos tres intentos experimentales. Los dos primeros salieron muy mal. El tercero sí fue exitoso, se sentían los trozos de sábila y el sabor del yogur era agradable, particular. Lo vendimos en la feria del colegio y gustó mucho”.

Johan Pacheco, estudiante de 1001, por su parte, considera el Proyecto de Biotecnología como un proceso de aprendizaje emocionante y enriquecedor: “Queríamos hacer algo diferente. Un producto tradicional, sí, pero con un toque novedoso. Decidimos crear un arequipe artesanal… ¡con frutas! Al principio todo salió mal, siempre quedaba muy aguado. Después de mucho intentar, la profe lo probó y le encantó. No llevamos muchos frasquitos de arequipe a la feria y resultó que se vendieron todos. Nos tocó traer lo que había quedado preparado en la casa. Vendimos mucho y eso nos motivó, hacíamos arequipe al gusto, con las frutas que pedían los clientes, ¡hicimos hasta domicilios!”

Para Johan, Freddie y otros estudiantes, el Proyecto de Biotecnología, más que una clase, es un espacio de interacción que fomenta el trabajo en equipo, el consenso, la tolerancia, además de la investigación, la realización de preinformes y el uso de métodos científicos. “En Biotecnología, uno no solo se da cuenta de la complejidad de esa materia, sino de que es muy chévere, que el trabajo en los laboratorios es súper y se parece a lo que uno ve en el extranjero, en las películas; uno se da cuenta que hay mucho por descubrir, conocer y hacer”, afirma Freddie.

A través de este proyecto, que se desarrolla en concordancia con el Proyecto Educativo Institucional (PEI) del colegio, los estudiantes de la profe Sonia no solo aprenden sobre ciencia y tecnología, como bien lo explica Laura Buitrago, egresada del 2018: “Para mí es importante que se fomenten en los colegios distritales estas iniciativas, porque nos aportan claridad y enfoque a la hora de realizar nuestros proyectos de vida y al decidir qué queremos estudiar. Es un proyecto que nos enseña a resolver problemas, a coordinar tareas y, sobre todo, nos prepara para la universidad y la vida”.

También especifica que este proyecto les permite fusionar saberes, es decir, complementar la experimentación científica con conocimientos de tipo empresarial, por ejemplo: “Mi grupo y yo nos enfocamos en la biotecnología industrial, específicamente en la textil, mediante la preparación de tintes naturales, es decir, a base de residuos orgánicos de frutas y verduras. Un proceso que requirió mucha investigación, pero que resultó fácil de desarrollar. Como eran residuos orgánicos que se descomponían rápido, el 2017 fue muy experimental y orientado a resolver problemas a partir del ensayo y error. Y ya, en el 2018, aprendimos a gestionar recursos para hacer las preparaciones, a envasar el producto…, pero también desarrollamos un liderazgo positivo al aprender a trabajar en equipo y a convivir sin chocar en los momentos difíciles”.

Laura agradece a la profe Sonia haber aprendido en el colegio a hacer realidad un proyecto, un sueño, desde que es una simple idea hasta que es un producto terminado y listo para presentar y exponer ante cualquier público, porque eso le ha servido mucho en la universidad.

María Ximena Buitrago Carvajal, estudiante de 1101 que adelanta un proyecto de compostaje, lombricompost y biorrefinación, coincide con esta apreciación: “La inspiración que genera la biotecnología en nosotros es muy grande porque no solo nos permite sacar nuestro espíritu científico, curioso, sino que va ligada a la administración de empresas, que vemos en contrajornada los estudiantes de décimo y once. Es decir, complementamos el producto de la biotecnología con lo que aprendemos en la clase de Administración de Empresas, donde creamos el logotipo del producto, el eslogan, la misión y visión de la empresa, los objetivos, y eso nos ayuda de una manera muy positiva porque nos reta a ser mejores personas, con más conocimiento y con una idea más clara de lo que queremos estudiar”.

Con este proyecto, los estudiantes del colegio oficial San José Sur Oriental, de la mano de la profe Sonia, han participado con sus productos en Expociencia Expotecnología 2017, han visitado laboratorios de biotecnología de universidades como la Nacional y han podido intercambiar conocimientos y experiencias con expertos de instituciones tan importantes como Colciencias. Ella, además, llevó una de estas experiencias al Congreso Iberoamericano de Biotecnología en Salamanca, España, en junio de 2016, y formó parte de una beca que formuló la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, ese mismo año, dirigida a maestros de básica y secundaria.

El objetivo actual de esta docente inquieta e innovadora es adelantar un doctorado en didáctica de las ciencias experimentales y aplicar al programa de becas de formación de la SED, del que 14.666 maestras, maestros y directivos docentes ya se han beneficiado y para el cual la Administración ha destinado más de $75.000 millones. Un programa que se suma a los dos centros de innovación del maestro con los que hoy cuenta el Distrito para facilitar y promover el intercambio pedagógico y estimular la innovación del docente en sus prácticas pedagógicas.

 


Imagen educacionbogota.edu.co

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