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“La educación inclusiva es una apuesta de libertad”: Claudia Werneck

La especialista brasilera en inclusión, derechos humanos y diversidad, compartió su opinión frente a los retos que tiene una sociedad para construir una comunidad sin discriminación.

Octubre 29, 2017

Para Claudia Werneck, fundadora de la ONG Escola de Gente, la inclusión es libertad. Un concepto complejo y amplio que, en muchos casos, apabulla. Sin embargo, al considerar que en las escuelas confluyen la diferencia y riqueza que viene de la diversidad, maestros, estudiantes y familias puedan transformar las aulas en espacios realmente inclusivos.

En sus palabras, “la educación inclusiva es una propuesta de libertad y así deberíamos verla todos los actores sociales: como una oportunidad para aprender del otro y enriquecer nuestra experiencia de vida con la del otro”.

Esta fue una de las principales ideas que la investigadora y periodista brasilera dejó durante su participación en el encuentro inspirador ‘Convivencia e Inclusión’, que tuvo lugar en el Foro Educativo Distrital 2017. Espacio donde se invitó a promover una comunicación inclusiva accesible para todos, capacitación y acompañamiento para los docentes y una conciencia social que vincule a todos los actores alrededor de la idea de que la diversidad no es un obstáculo sino una oportunidad para enriquecer y para aprender.

En esta entrevista, realizada por la Secretaria de Educación de Bogotá, la autora de numerosos estudios publicados por la ONU y Unicef y conocida en su país como ‘la voz de los que no tienen voz’, ahonda sobre estos planteamientos y sobre la necesidad de apostarle a la construcción de sociedades donde todos, sin importar su condición, tengan espacio.

¿Cuáles son los factores que hacen que una escuela sea realmente incluyente y diversa?

La escuela inclusiva para mí es solamente la consecuencia natural de una escuela de calidad, que contempla todos los modos de existir, que tenga en cuenta todas las formas de manifestarse y de comunicarse. No hay escuela inclusiva sin comunicación inclusiva y sin comunicación accesible, y allí agregamos la amplia oferta de accesibilidad comunicacional y física.

Y esa comunicación inclusiva debe contemplar a todas las poblaciones que existen entre los estudiantes (con discapacidad visual, auditiva, cognitiva) y debe extenderse a su entorno próximo, a sus padres, a su familia y a su comunidad para que la comunicación sea efectiva. Por ejemplo, un niño cuyos padres sean analfabetas y que no puedan leer las notas que la profesora les envía, ahí hay una ruptura en la comunicación y eso es algo que las escuelas deben contemplar y buscarle soluciones.

Por eso reitero que más que políticas públicas, más que infraestructura (factores que, por supuesto, deben estar presentes para que las personas con discapacidad puedan gozar de su derecho de recibir educación de calidad), lo más importante, lo más esencial, es que a nivel gubernamental y social se maneje una comunicación que contemple las diferencias y la diversidad y vincule a todo tipo de poblaciones sin distingo. Es la única manera en que todos estemos en igualdad de condiciones.

¿Cómo superar las barreras y obstáculos que aún persisten para que no solo la escuela, sino que toda la sociedad sea incluyente?

Pienso que transformar la escuela en una escuela inclusiva es un proceso cotidiano, sistemático, libertador, desafiante, inimaginado, sorprendente y complejo que altera también los presupuestos públicos planificados para esta escuela.

Hacer de la escuela un espacio de inclusión y de tolerancia es un trabajo que se hace de forma constante y cotidiana y que cada día presenta nuevos retos. Por más que uno trabaje capacitando a los maestros, adecuando los espacios para que todos tengan acceso, promoviendo una mentalidad inclusiva, un día cualquiera puede llegar un estudiante con una discapacidad más compleja y todos quedamos apabullados porque no estábamos preparados para atender a ese estudiante como deberíamos.

Y nunca vamos a estar completamente preparados. Lo que sí podemos hacer es formular políticas que contemplen, desde lo logístico hasta lo presupuestal, el factor de inclusión y accesibilidad para todas las poblaciones.

Y ese cambio en la mentalidad debe venir acompañado con cambio significativo de los presupuestos públicos, porque de nada sirve cambiar las políticas si no se cuentan con presupuestos que garanticen que esos cambios se van a dar en la realidad.

¿Qué papel tienen los maestros en este proceso de transformar las escuelas en espacios de verdadera inclusión?

El aspecto de la mentalidad de los maestros es uno de los más importantes en este proceso. Los maestros tienen la misión más bella del planeta, son la clase más privilegiada, pero sobre la cual hay una responsabilidad enorme. Porque debemos tener en cuenta que los docentes también fueron formados para discriminar, porque el sistema nos enseña a discriminar y nos enseña muy bien y cada vez mejor.

Ellos tienen un papel protagónico en esta transformación de la escuela en un espacio incluyente y diverso, por eso creo que nuestro deber como sociedad es acompañarlos en el proceso. Yo tengo la certeza de que los maestros nunca deben estar solos, la sociedad, la comunidad, los padres, todos tienen que acompañar al profesor para que pueda sentirse apoyado en este proceso de construcción colectiva.

Las soluciones que se puedan gestar en este sentido no pueden quedarse sólo en la responsabilidad de los maestros. Es preciso involucrar a los estudiantes. La escuela inclusiva necesita tener la alianza entre estudiantes, maestros, gestores, pero más que todos estudiantes y maestros porque los estudiantes no pueden ser sólo beneficiarios y receptores. Ellos están construyendo su propio futuro, son protagonistas y deben involucrarse activamente en estos procesos.

¿Qué es lo más difícil para que ese cambio en la mentalidad se produzca y tenga un impacto en la vida cotidiana de los colegios?

En todos los países hemos visto que los maestros quedan apabullados porque la inclusión es libertad y ese concepto tan amplio y tan complejo a la vez es bastante difícil de entender y de asimilar para los docentes que, en muchos casos, fueron formados y educados bajo paradigmas muy distintos a los que tenemos hoy en día.

Por eso es difícil entender que la inclusión es trabajar con todas las personas que existen, no sólo con aquellas que nos gustarían que existan y esto no es sólo para los maestros sino para la sociedad en general. No aguantamos la realidad de nuestra especie. Es como si viviésemos un delirio colectivo que nos impide percibir la realidad como es. Todos los niños tienen el derecho a conocer el mundo como es, no como a los adultos nos gustaría que fuera.

Los seres humanos vienen al mundo mezclados, no hay orden, no hay receta, pero esto debería hacer que la escuela fuese naturalmente inclusiva, porque es allí donde confluye toda esta diferencia, toda esta riqueza que viene de la diversidad. Para mí, inclusión es libertad y la educación inclusiva es una propuesta de libertad y así deberíamos verla todos los actores sociales: como una oportunidad para aprender del otro y enriquecer mi experiencia de vida con la del otro.

¿Y qué papel tienen los jóvenes y los estudiantes en este cambio de mentalidad?

La juventud es fundamental en este proceso. En diferentes experiencias en toda Latinoamérica hemos visto que practican la comunicación inclusiva. Cuando hacen un video para su clase de cine y le ponen close caption para que sus compañeros sordos puedan acceder a él; aquellos que aprenden lengua de señas sólo por el gusto de comunicarse con sus compañeros sordos. Esos son ciudadanos que tienen más posibilidades de cambiar el panorama actual.

Si todos los jóvenes practican la inclusión desde los aspectos cotidianos de su vida, como lo es la comunicación, por ejemplo, se gestará de forma masiva una ‘legitimación’ social de la diferencia. No la superación de la diferencia que es aceptar que hay alguien diferente, pero que no tiene nada que ver conmigo, sino que la diferencia haga parte de la sociedad y la enriquezca con sus matices. Ese es un presupuesto fundamental para la construcción no solo de la inclusión, sino también de la paz.

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Sandra Cecilia Suárez García
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