Usted está aquí

Ponerse en el lugar del otro, esencial en la docencia

Pese a las adversidades e incluso a las amenazas, esta docente, amante de las motos y madre de un joven de 21 años, tiene a la empatía como su bandera.

Mayo 31, 2019

Lenily Báez Neusa podría llamarse, perfectamente, Dolorfen, Aspiceta o Diclopina. Su padre, don Bernardo, con su desbordada inventiva, decidió que sus hijos tendrían nombres muy originales, y el de su tercera hija no sería la excepción. Don Bernardo, que trabajaba con fármacos en el Instituto Nacional de Salud, combinó los prefijos de dos medicamentos del vademécum y de ahí surgió Lenily. A la fecha, esta docente de 42 años es una sin tocaya.

Desde adolescente, esta amante de las motos y los animales tuvo la corazonada de que ‘cuando fuera grande’ lo suyo estaría relacionado con la niñez. Recuerda con claridad el día en el que vio a un grupo de niños con discapacidad, en el parque El Salitre. “En ese momento, le pregunté al profesor que nos acompañaba: ‘¿Qué se debe estudiar para trabajar con estos niños?’. De inmediato, él me dijo: ‘Una licenciatura’”. Y esa inquietud le quedó sonando.

Con el paso de los años, fue descubriendo sus fortalezas y debilidades, y así mismo fue transformando sus intereses. Hasta último momento quiso cumplir con los deseos de su padre, quien quería que fuera matemática, pero, finalmente, y pese al disgusto que le causaría a su progenitor, tomó la decisión de estudiar licenciatura en Educación Especial, en la Universidad Pedagógica. Luego vendría el magíster en Educación con énfasis en Ciencias Naturales, en la Pontificia Universidad Javeriana, mediante una beca del Ministerio de Educación Nacional (MEN).

De acuerdo con Lenily, ser maestra le ha significado grandes desafíos y, a la vez, inmensas satisfacciones. Para ella, la docencia es “una oportunidad para crecer, a partir de reconocer y ponerse en el lugar del otro”.

Esa empatía, precisamente, es la que la ha llevado a trabajar con comunidades vulnerables y, quizás, un poco olvidadas, a pesar de que esa disposición muchas veces le ha costado amenazas.

Camino de rosas y espinas

Lenily se inició como docente en el Programa de Implante Coclear de la clínica Rivas, donde brindaba terapia y apoyo pedagógico a los pacientes con dificultades auditivas, para que ingresaran a las aulas regulares. Allí estuvo durante siete años, pero sus aspiraciones la llevaron por el camino del emprendimiento. Fue así como ella y su familia abrieron el colegio Maravillas del Saber, en el barrio Rincón de Suba, donde atendían a niños con dificultades para aprender a leer y escribir. Esta fue una experiencia muy interesante, pero en febrero 2009 recibió una llamada de la Secretaría de Educación para cubrir una vacante como docente en aulas de aceleración en el colegio Juan Rey, de la localidad de San Cristóbal.

Este fue un choque bastante fuerte, pues pasó de relacionarse con médicos, enfermeras y empresarios a manejar adolescentes problemáticos en estado de vulnerabilidad, que en dos años debían sacar su primaria. Allí palpó problemáticas como la droga y la violencia intrafamiliar.

Para enfrentarlo y, a la vez, retener a los chicos en las aulas, Lenily y su compañera Sandra Chacón emprendieron varias actividades. Una de ellas, la huerta escolar. El ‘plante’ salió de su bolsillo, pero luego tuvo tal acogida que diferentes entidades se vincularon y se amplió a las demás sedes del colegio.

“Los chicos se empoderaron con la huerta y salían a vender sus lechugas, sus zanahorias. Fue un proceso muy satisfactorio ver cómo pudimos ‘engancharlos’ en el estudio desde el proyecto de la huerta”, cuenta.

Pese a los excelentes resultados y a la reducción de la deserción, con el tiempo el proyecto se acabó y, casi al tiempo, Lenily pidió traslado de colegio debido a algunas amenazas sobre las que prefiere no ahondar. Sin embargo, esto no la amilanó y ella continuó su trabajo como docente en el colegio Guillermo León Valencia, donde emprendió otro proyecto. Esta vez, un mariposario.

Con esta iniciativa, además de cumplir con su tesis de grado para la maestría, logró movilizar a todo el colegio, indirectamente, hacia la investigación sobre los ciclos de vida de las mariposas, los caracoles y el tomate.

Lenily recalca que, en este proceso y en el de la huerta, evidenció que, inculcándoles a los estudiantes el sentido de pertenencia, es posible lograr que se mantengan en las aulas y, sobre todo, que se comprometan y encuentren otros caminos al éxito.

Pensando en los demás

El profesor Raúl Sánchez, coordinador del colegio Cultura Popular que la conoce desde hace 13 años, asegura que las mayores cualidades de Lenily son la tenacidad y la persistencia. Aunque reconoce que su amiga tiene un carácter fuerte, dice que eso es quizás lo que le ha servido para sacar adelante todos los retos que se ha impuesto.

La cataloga como ‘noña’, pues dice que ella ‘roba’ mucho tiempo de su vida personal para entregarse al trabajo.

Actualmente, Lenily trabaja en el colegio Cultura Popular, en la localidad de Puente Aranda, como docente de apoyo pedagógico que, en sus palabras, “es el enlace entre las prácticas educativas tradicionales y la nueva mirada hacia la educación para todos”.

La Secretaría de Educación del Distrito cuenta hoy con 873 docentes de apoyo pedagógico que acompañan a los docentes de aula en la atención a los estudiantes con discapacidad. En el caso de Lenily, ella tiene bajo su responsabilidad el proceso de 48 estudiantes con discapacidad en las tres jornadas del Cultura Popular.

Marcela Juliao es madre de dos estudiantes con discapacidad, una está en 8.º grado y la otra, en 11.º. Para ella, la labor que ejerce Lenily en el colegio Cultura Popular es vital. “Ella es muy humana, apoya mucho a profesores, estudiantes, a los padres. Los estudiantes la quieren mucho. Ella busca soluciones a los conflictos con los profesores y hace valer los derechos. Mis hijas se querían ir del colegio y con el apoyo de Lenily aquí siguen”.

Lenily asegura que en el proceso es fundamental movilizar a los padres y que el estudiante encuentre un apoyo sólido por parte de ellos, sin el cual es más probable que los estudiantes deserten. Ahora, en el Cultura Popular, está promoviendo un proyecto con el que busca detectar y valorar los talentos y las capacidades excepcionales que tienen los estudiantes, a fin de fortalecerlos y lograr que los procesos académicos se den de manera más fácil.

Esta carismática profe se goza la vida compartiendo con Felipe, su hijo, y Timmy, su perrito de 11 años. Su empuje y perseverancia, de seguro, la llevarán a seguir despertando en los estudiantes el sentido de la pertenencia y la empatía que la caracteriza.

 


Imagen www.educacionbogota.edu.co

Escrito por
No hay votos aun
Estadísticas: .
Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector Premio Compartir 2016
Concibo al maestro como la encarnación del modelo de ser humano de una sociedad mejor. Él encarna todos los valores que quisiera ver reflejados en una mejor sociedad.