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Ser Maestro, un sueño que se vive con pasión

Un breve relato de la historia pocas veces contada de Nancy Palacios, la profe que con sus sueños cambió la realidad de muchos estudiantes.

Septiembre 28, 2015

Pasaron algunos meses tras la premiación del Premio Compartir al Maestro, la cual dejó como ganadora a la profesora Nancy Palacios. Hace un par de días Nancy visitó la sede de la Fundación en Bogotá y tengo que decir, tuve la fortuna de poder sentarme a hablar con ella y preguntarle cosas que no estuvieran relacionadas solo con el premio.

Me refiero a su historia de vida, nos es fácil ver al éxito como si fuese un iceberg y muchas veces olvidamos que tras esa cumbre de éxito hay historias de todos los matices que componen el andar y la experiencia de una persona.

Nos es fácil ver al éxito como si fuese un iceberg y muchas veces olvidamos que tras esa cumbre de éxito hay historias de todos los matices que componen el andar y la experiencia de una persona.

Debo reconocer que la labor de entrevistar a Nancy no fue muy sencilla. No porque exista en ella algún dejo de soberbia ni mucho menos. Pasa que la profe Palacios es una de esas personas que no se conforma y día a día adquiere retos nuevos. En esta ocasión visitaba a la Fundación para dictar una serie de conferencias a futuros profesores, por lo que poder tener al menos 15 minutos para hablar tranquilamente iba a ser bastante complicado.

Al encontrarme con ella sentí una alegría especial. Lejos del título a Gran Maestra (es decir la mejor profesora del país) y lejos de cualquier pretensión me sorprendió que a pesar que llevábamos un largo tiempo sin vernos pudo reconocerme y esgrimiendo su mejor sonrisa se acercó para darme un abrazo.

Aproveché la oportunidad para solicitarle que me regalara 15 minutos, debo reconocer que yo estaba un tanto saturado de oír las mismas preguntas que la relacionaban directamente con su propuesta. Sentí una curiosidad enorme por conocer esa parte del iceberg que nadie ve, esa parte que es arte y liga directamente con los avatares del alma.

“Yo, desde chiquita, había decidido que iba a ser profesora, en mi casa todos lo sabían e incluso cuando la gente me preguntaba qué quería ser cuando grande yo contestaba que quería ser profesora”

Nancy respondió que sí,  y con un leve gesto me hizo entender que también quería parar la vorágine de charlas y conferencias. Tomamos asiento en una de las salas de espera de las oficinas de la Fundación; yo sin filtro alguno, luego de agradecer por su amabilidad, le dije “quiero conocer la historia de la que poco se sabe, quiero saber cómo empezó el sueño de ser docente, quiero ver ese lado humano que pocos han visto por estar en los afanes propios de una carrera de éxito”.

Nancy, con la alegría propia que solo el pacífico colombiano sabe dar, me miró y lo primero que me dijo fue: “Una historia y un sueño que casi no se convierten en realidad”. Empezó a contarme su historia;  “cuando decidí ser docente presenté las pruebas y una profesora me dijo que yo no servía para esto”. Me dijo.

Con tan solo 13 años de edad le dijeron que no servía para la docencia, cuando cursaba el tercer año de bachillerato en un colegio de Quibdó. Nancy nunca contempló otra posibilidad, su sueño era ser profesora; incluso en el barrio San Vicente de Quibdó era conocida por muchos vecinos gracias a las amigas de su madre que contaban a todos que ella soñaba con ser profesora. “Yo, desde chiquita, había decidido que iba a ser profesora, en mi casa todos lo sabían e incluso cuando la gente me preguntaba qué quería ser cuando grande yo contestaba que quería ser profesora”.

Coordinadora, rectora, trabajadora social  y la profe que le dijo que no servía para docente; reunidas para dar, como si en la vida fuera necesario, un “ok” para cumplir un sueño. 

Mientras la profe narraba  su historia, yo no podía dejar de pensar en esa situación en la que una maestra le dijo que no servía para la docencia. Me fue imposible evitar preguntarle, de qué manera la afrontó esa situación.  Ella, me mira, sonríe y me dice “quedé tiesa, no podía hablar, es más creo que por segundos deje de respirar”; y es que Nancy  nunca contempló hacer otra cosa. Lo dicho por la maestra de expresión vocacional le retumbaba en el corazón.

“Más o menos, la profesora me dijo que no podía inscribirme en la especialidad de docencia”. Lo más duro, dice Nancy, es que la profesora de vocacional no había cuestionado su rendimiento académico, “lo que me dijo tenía que ver mucho más con opiniones subjetivas, recuerdo que hasta me dijo que mi  voz no servía... Tal vez por la manera en que hablo, a mi me gusta hablar bajito, no soy de gritar ni hablar duro”. Me dijo.

Esta situación fue bastante difícil, más para una niña de tan solo 13 años. Nancy no bajó la guardia. Si bien aceptó por un instante la sentencia hecha por su profesora e incluso contempló la posibilidad de emprender otras asignaturas del bachillerato aplicando, incluso, en áreas como ciencias de la salud, comercial y académico. Como era de esperarse, ninguna le llamó la atención. Sus sueños, aunque heridos de muerte, seguían vivos. Su pasión era la docencia y su corazón lo sabía.

Pasados unos días, su sueño, salió de terapia intensiva y fue dado de alta. Tuvo la iniciativa de ir a buscar a una de las  monjas de  La Presentación (Colegio donde estudiaba) ; con su frente en alto y el corazón al galope de sus sueños le dijo “Hermana yo quiero ser profesora, hágame una prueba; si ve que de verdad no sirvo yo no la molesto más”. La Hermana con tono escéptico le preguntó -¿qué propone, qué prueba le hago?- Nancy, sin titubear le dijo que le dejara dar una clase “Hermana, déjeme le dicto una clase”.

Sus sueños, aunque heridos de muerte, seguían vivos. Su pasión era la docencia y su corazón lo sabía.

La Hermana tardó unos segundos en responder (segundos que para Nancy fueron horas). Finalmente respondió -Perfecto Nancy, vamos a hacer algo. Vaya alístese, prepare una clase; cuando esté lista me avisa y nos la dicta, ¿sí?-.  A Nancy aún le brillan los ojos al recordar ese día. Me cuenta que fue directo a casa de una vecina que era profesora. “No conocía a nadie que tuviera más libros que la profesora Silvia, así que le pedí el favor de que  me prestara varios diccionarios y preparé una exposición sobre las clases de diccionarios”.

Estudió mucho antes de ir a dar su clase donde las monjas. Cuando se sintió lista, para dictar la clase más importante de su vida, respiró hondo y salió dispuesta a dar todo por sus sueños.

Eran las 11 de la mañana; las asistentes a su clase asustarían incluso al más bravo;  coordinadora, rectora, trabajadora social  y la profe que le dijo que no servía para docente; reunidas para dar, como si en la vida fuera necesario, un “ok” para cumplir un sueño.

Una vez le avisaron que podía entrar, esta niña, de manera valiente se paró delante de sus jueces y les explicó que existían diccionarios de dudas, de sinónimos y antónimos, enciclopédicos, técnicos, bilingües… y les dijo para qué servía cada uno.

Hoy Nancy no tiene presente cuánto duró su exposición, ni siquiera recuerda bien lo que habló. Lo único que aún conserva en su memoria es la sonrisa y la cara de orgullo del público y jurado. Ella aún atesora en su corazón esa frase que alejó todo temor por los sueños perdidos, esa frase que le acercó a su decisión de vida, “Nancy  usted sí servía para profesora”.

Con esfuerzo y sacrificio, tres años después, se graduó de bachiller especializada en pedagogía, recibiendo la mención que el colegio les otorga a las mejores practicantes. Sin embargo, Nancy era consciente que aunque ya podía ejercer como profesora, era necesaria más y mejor preparación por lo que decidió irse a Cali, allí logró una licenciatura en ciencias sociales.

Armándose de valor, con su espíritu imperecedero como pasaje a nuevos desafíos, empezó un viaje en el que sumó sus conocimientos.

“Mira”,- me dijo - “para muchos ya estaba lista para ejercer la pedagogía, pero yo quería ir por más; sabía que si quería alcanzar lo que me había propuesto debía prepararme más, así que metí en una maestría en Sociología, ahí saqué mi magister”.  Poco después de recibir el título de magister, ganó un concurso para ocupar una plaza en el colegio Santa Ana de los Caballeros, en Ansermanuevo, un municipio del norte del Valle.

Vinieron los retos profesionales. Nancy ya había trabajado como profesora en colegios privados, pero fue gracias a la invitación hecha por su colega y amiga (Amparo Pereira) que la profe Palacios arrancó para Siloé. Un escenario complejo la esperaba, la zona de Tierra Blanca presentaba un panorama de  niños con necesidades, víctimas del conflicto armado.

“A la escuela teníamos que ir escoltados porque la zona alta de Siloé es muy difícil, estuve motivada en todo momento, creo que ver la cara de alegría de los niños cuando empezaba a dictar clase hizo que no me fijara en muchas cosas, ellos llevaban un tiempo sin profesor por lo que retomar clases fue muy bien recibido por todos en la comunidad”.

“Aún recuerdo mi primer día de clase, mis alumnos eran niños de primero de primaria y el curso era enorme, tanto que más adelante tuvimos que dividirlo. No me acuerdo muy bien de ése primer día, - sonríe- pero si me acuerdo que la primera lección me la dieron los niños a mi”.

“Estábamos en clase y de repente empezó una balacera, yo debo reconocer que me puse muy nerviosa, al punto que grité y quise salir corriendo. Fue en esa situación que los niños me enseñaron. Me dijeron – profe quédese tranquila, no grite, no haga escándalo”.

Al preguntarle a Nancy por la dificultad más fuerte que encontró al ejercer su profesión, esperaba una respuesta de esas que penosamente se convirtieron en cliché, no porque no sean reales sino porque para mal nos acostumbramos a comercializar; esperaba respuestas como el hambre, la violencia, la corrupción. Pero entonces vi que incluso a esos flagelos la profe Nancy ya sabía cómo abordarlos.

Descubrí con asombro que Nancy no mencionó nada relacionado con violencia o corrupción; la profe, sin dudarlo un segundo, me habló de las necesidades educativas de los niños. De la manera en que muchos de ellos, por diferentes razones, abandonan las clases. De la misma forma,mencionó lo que está pasando en algunos municipios del país; en donde algunos profesores sin vocación  abandonan a sus alumnos porque la zona en la que están tiene problemas de orden público o en algunos casos, porque la escuela no queda en una ciudad importante.

Me contó acerca de la respuesta que le dieron algunos estudiantes ante las perspectivas laborales y de educación. Me dijo que alguna vez un chico le dijo: “para ser cañero no se necesitaba estudiar”, mientras que otro le decía “para qué estudiar si al final iba a cargar canastos en el supermercado”.

Para Nancy ser maestro va más allá de un aula; ser maestro, para Nancy, es un sueño que se vive con pasión.

Este tipo de respuestas hicieron que la profesora Palacios se cuestionara y deseara sumar la experiencia de cada uno de sus trabajos. Armándose de valor, con su espíritu imperecedero como pasaje a nuevos desafíos, empezó un viaje en el que sumó sus conocimientos. A cuentagotas, con dedicación y compromiso regó con esperanza el objetivo de hacer que sus estudiantes reaccionaran positivamente a la educación que ella les daba.

La profe Palacios se interesó en el Premio Compartir al Maestro porque necesitaba una retroalimentación acerca de su trabajo.  ‘La indagación como propuesta pedagógica en la enseñanza de las ciencias sociales’, de la cual cabe decir  que como objetivo trazó la formación de estudiantes como investigadores sociales, permitiéndoles entrar en contacto con sus vecinos, con habitantes de otros sectores del municipio; conociendo de cerca problemáticas, tristemente cotidianas, como la drogadicción, la violencia el desplazamiento, el sicariato y la violación de derechos humanos.

Más adelante le permitió alcanzar un reconocimiento que nunca esperó, es más nunca buscó porque para Nancy ser maestro va más allá de un aula; ser maestro, para Nancy, es un sueño que se vive con pasión.

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Ángel Yesid Torres Bohórquez
Gran Maestro Premio Compartir 2014
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