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Villa Rosa: La escuela como centro de la comunidad

La Escuela Villa Rosa, fundada en 2006, es una de esas tantas escuelas que muy seguramente encontramos en el territorio nacional, en medio de una  comunidad vulnerable, donde se vive la pobreza, la escases y  la desesperanza.

Marzo 25, 2015

Villa Rosa se encuentra ubicada en la periferia de la cabecera municipal de Plato-Magdalena, es un zona donde habitan personas que en su mayoría son desplazados por la violencia, víctimas del abandono estatal y de la mala fortuna, que terminan transformado a sus niños en víctimas de la suerte que les toque vivir a sus padres. Lo lamentable es que a veces el imaginario lleva a que estas comunidades se asienten en una relativa zona de confort donde la resignación, la indiferencia o la “lastima” electoral y social cubren por ratos algunas de sus falencias. Definitivamente para hacer camino al andar, como recitaba el poeta español Antonio Machado, por momentos conviene tener una feliz dosis de ignorancia para poder medio vivir.

Es por esto que un grupo de soñadores y actores sociales de la región se unieron para hacer de esta comunidad algo diferente y desde el año 2006 iniciaron el  proyecto de la Escuela de Villa Rosa. El primer paso fue aplicar una encuesta donde pudieran identificar cuantos niños de la zona no asistían al colegio y así tener datos certeros de la necesidad de educación en el sector. Evidentemente la encuesta arrojo resultados determinantes a la hora  de que los niños no asistieran a ninguna Institución Educativa: las distancias de un barrio a otro  no eran las más “amigables”, la restricción de cupos en los planteles educativos,  los padres carecen de recursos financieros para pagar colegiatura privada o comprar los útiles y el uniforme. Pero lo más impactante en estas visitas, era escuchar a los menores de edad decir que ellos querían aprender, jugar e ir a la escuela.

Hasta ahí, seguramente el lector dirá: “Eso es normal”, pero le confieso que la  historia que estoy contando suscita tanta admiración como tristeza, ya que no es fácil la tarea de asumir el reto de educar en medio de tanta necesidad, donde el  barro de la realidad, el rigor de la desesperanza, las carencias de los otros, puede espantar más que acercar y puede generar más conflictos que amistades. Pero los protagonistas de esta historia pensaron que podían  salvar al mundo, su pequeño mundo en el Magdalena, con una escuela y el sueño de ver una comunidad prospera y llena de ilusiones, donde los niños  transformen su realidad en oportunidad y en ganas de salir adelante.

Al comienzo la cosa no fue nada fácil, ya que no había donde montar la escuelita, las clases se daban al aíre libre, bajo una temperatura de un poco más de 30 grados, el sol implacable dejaba sus mejillas coloradas, las sillas eran bloques y tablas y el gran protector era el árbol de trupillo que amparaba las sesiones de clase de los profesores  Marínela Cárdenas, Yenis Tapias y Arnaldo Mulford Ortega querían transmitir y compartir su conocimiento. Parafraseando al cronista Alberto Salcedo: ¡Qué historias tan románticas las que florecen en nuestro país!,

Luego de esto un morador del sector al ver las dificultades con que los niños estudiaban prestaba su patio, pero el sol por un par de horas hacía de nuevo de las suyas y no facilitaba las clases. Además la población desplazada seguía llegando al sector y la escuela se transformó en un centro para todo eso nuevos niños que llegaban y el espacio era muy pequeño para albergar a tantos.   

Pero era tal el entusiasmo que se veía en la comunidad que con marchas como “la del ladrillo” y la gestión de los líderes y de nuevos adeptos consiguieron sillas y tableros donados por  instituciones públicas y privadas,  lo que permitió mejorar significativamente el quehacer diario de los docentes y estudiantes. A finales del 2007 se  construye la primera aula con la alcaldía en un lote donado para la edificación de esta y llegan los primeros equipos de cómputo e internet con Compartel, así que lograron que llegara primero la tecnología gracias a la escuela, que el agua potable que tenía que ser cargada desde los barrios vecinos.

Entre el 2008 y 2010 se logra la construcción de 2 aulas, una unidad sanitaria y el encerramiento total de la Sede Educativa Villa Rosa, que ahora hace parte de la I.E Luis Carlos Galán Sarmiento, lo que ha permitido que en la actualidad cuenten con 7 docentes y un coordinador. Este crecimiento ha llevado a este equipo docente y sus estudiantes a participar en las convocatorias del programa Ondas de Colciencias donde lograron clasificar con las dos experiencias que se presentaron  y representar así  al municipio en el IX Encuentro Departamental de semilleros de investigación.

Es por esto que hoy quiero resaltar a esta escuela como una experiencia exitosa educativa, porque más allá de los formatos de los premios y los resultados académicos, lograron hacer algo valioso y fue el de concienciar que la educación transforma realidades, a luchar y participar activamente por las cosas que generan bien común, a enfrentar y solucionar problemas en post a las necesidades que se van presentando y que es necesario para lograr una transformación positiva en los individuos, esas las verdaderas enseñanzas de vida. Lamento decirles que de eso muy poco se enseña en nuestras súper escuelas y colegios estratos 6. 

Esta comunidad, luchó, exigió y contribuyó hasta lograr construir una escuela digna, donde los niños y niñas aprendan a ser libres y  puedan salir adelante en las mejores condiciones y con docentes comprometidos, ya que la educación juega sin duda un papel crucial en cualquier tipo de sociedad pero para esto se necesita del apoyo y del compromiso real de las personas que tiene poder para hacer los sueños tangibles.

Es ahí cuando uno entiende que no se encuentra frente a una anécdota sino frente a un drama porque todavía hay muchas cosas por  hacer.

Este relato es dedicado a Arnaldo De Jesús, Nicanor, Marienela, Fernando y Fredy; quienes son Maestros de sueños y quienes no has mostrado que salvar al mundo es posible con ganas y actitud de colaborar.

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Henry Alberto Berrio Zapata
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