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Andrés Rojas, el profe que dicta la clase de historia con más ‘flow’ de Bogotá

Al ritmo del rap y el hip hop, Andrés Rojas imparte historia y la geografía. Las rimas y los cuentos, son el hilo conductor de este docente que transforma la educación en la capital colombiana.

Marzo 16, 2016

La historia, esa letra muerta que permanece incólume en los libros de texto, ese recuento de hechos donde los vencedores imponen su discurso sobre los vencidos, todos los días se reaviva, se reinventa y se reescribe en un salón del colegio Sierra Morena, al sur de Bogotá.

El profesor Andrés Rojas, un historiador de la Universidad Nacional apasionado por la enseñanza y las artes, que llegó hace más de cinco años a esta institución oficial de Ciudad Bolívar, encontró en la música y la literatura, un valioso aliado para que los contenidos de su clase no fueran ‘letra muerta’.

Ese es el sentido de ‘Entre Rimas y Cuentos’, una iniciativa de enseñanza alternativa de la historia y las ciencias sociales, donde los estudiantes son sujetos activos de su aprendizaje, que juegan, disfrutan y crean a partir de lo que aprenden en clase.

En vez de presentar exámenes para demostrar que saben en qué año se descubrió América o escribir largas monografías sobre el reinado de Luis XIV en Francia, sus estudiantes componen canciones de hip hop y crean cuentos ilustrados. Su insumo son los hechos históricos de Colombia y el mundo, con los que realizan procesos de análisis y reflexión para crear productos artísticos con una mirada crítica.

Para el profe Andrés, la clase magistral donde el docente hace un monólogo interminable de personajes y hechos que marcaron la historia de la humanidad para que sus estudiantes los memoricen y los ‘repitan como loros’, debe quedar atrás.

Para él, la historia y las ciencias sociales deben ser conocimientos significativos que vinculen y hagan partícipes a los estudiantes y no los restrinjan al ámbito de ser simples ‘espectadores’ del acontecer histórico, que no entienden los procesos y no se identifican con ellos.

“Con iniciativas como esta, que inserta el canto y la escritura creativa en los procesos de aprendizaje, busco establecer una conexión entre la cotidianidad de los estudiantes y la historia para que ellos entiendan que lo que somos como sociedad, barrio y comunidad, es el resultado de procesos históricos que influyeron significativamente en nuestras vidas siglos antes de nuestro nacimiento”, destaca el profe Andrés.

Estos métodos alternativos permiten que los estudiantes se acerquen a la historia desde una visión crítica y analítica y ‘no coman cuento’. Así, logra que el ejercicio de aprender se vuelva más dinámico y que no sea un docente ‘implantando conocimientos en la cabeza del alumno’, sino que sea un diálogo constante entre partes que tiene posiciones distintas, pero que se toleran y se respetan como diferentes.

El éxito de su proyecto es tal, que fue uno de los ganadores en la categoría de innovación pedagógica en la novena versión del Premio a la Investigación e Innovación Educativa y Pedagógica, confirmando que en la creatividad está la clave para hacer que los estudiantes se ‘encarreten’ con el conocimiento y se diviertan aprendiendo.

La importancia de innovar

La cátedra de tablero, ese eterno monólogo del profesor donde se sustrae de la clase, de la realidad y del tiempo para transportar su mente a los sucesos del pasado que marcaron el devenir de la humanidad, es para maestros como Andrés Rojas un escenario que debe evitarse en la educación moderna.

Para Andrés, quien trabajó por más de una década en Maloka enseñando a los niños a través del juego y la experimentación, conceptos como posturas pedagógicas, pensamiento crítico, diálogo de saberes y relación ciencia, tecnología y sociedad, deben hacer parte del glosario de los maestros de nueva generación, que no imponen conocimientos, sino que realizan un intercambio con los estudiantes y los enriquecen con sus experiencias.

“Uno como profesor debe pensar la escuela y repensarla una y otra vez. ¿Qué educación le estamos dando a las generaciones del futuro? ¿De aprender a sumar y a restar y ya? No. Hay que formar y preguntarse por la función social de la escuela”, reitera el docente.

“La escuela es un escenario de encuentro político y social. No debe ser ese lugar de conocimiento muerto, sino un espacio de relacionamiento y de vida. El conocimiento es solo una excusa para venir a debatir, a encontrarse gente diferente a uno. La escuela es un espacio de vida. Aquí los chicos vienen a reír, a odiar, a tener rabia, a enamorarse”, finaliza el maestro Andrés, quien no le tiene miedo a quitarse la bata de docente y a ponerse la camiseta de orientador, guía y consejero.

Innovar, sorprender, apelar al juego y a la creatividad para hacer que los estudiantes se conecten con la materia, son las premisas de esta nueva generación de maestros que luchan por hacer de la escuela un escenario de intercambio libre y de aprendizaje espontáneo. Experiencias como la del profesor Andrés Rojas demuestran que la música, el arte y la lúdica son un excelente camino para transformar la educación pública desde los salones de clase.

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Comunicador social y periodista.
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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.