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“Aquí hay un magnifico proyecto de escritor”

Tres personas que cambiaron la vida de un hombre incentivando el valor de la honradez, la pasión por los libros y una vocación eterna por la literatura y el periodismo.

Mayo 22, 2015

Fueron tres y estarán siempre como una impronta indeleble  en mi memoria. Los recuerdo apenas por  sus apellidos, que son sinónimos.  Allá en la primaria fue el profesor García. Hubo un día en  el que hurté de la casa  un bolígrafo y lo cambié en tres recreos por gaseosas y roscones. Cuando me delataron, delante de todo el salón me echó  un discurso descomunal y después, con  una regla de guayacán, me dio tres guarapazos en las piernas que hicieron rodar la sangre. “Para que nunca vayas a ser un ladrón”, me espetó. Y se lo agradezco, porque desde entonces ante cualquier mal pensamiento, por pequeño que sea, recuerdo que todo delito, tiene su castigo.

El segundo fue el profesor Echeverry, en el bachillerato.  Puso como tarea leer un libro durante la Semana Santa para exponerlo en clase al lunes siguiente. Leí El lobo estepario, de Hermann Hesse. Cuando terminé la disertación, y tal vez porque la hice con sentimiento y pasión por la soledad humana, se levantó y también le espetó a toda la clase: “Tienen ustedes presentes a un gran lector”. Y entonces me emocioné y devoré los clásicos rusos, de Tolstoi a Dostoievski, y los franceses, de Flaubert a Stendhal.  El tercero fue el profesor Torres Barreto, ya en la universidad. Al regreso de las vacaciones puso como examen de humanidades la tarea de describir un paisaje que hubiéramos visto durante aquellas cuatro semanas. Describí en palabras aquella curva de Gualanday, que deja ver abajo el río Coello, y al fondo, arriba, el cono del Nevado del Tolima. El mismo paisaje que había esbozado Humboldt y luego había ordenado pintar en Alemania, en aquella hermosa estampa titulada “El camino del Quindío”. A los tres días, Torres Barreto, al frente de la clase, me señaló y dijo: “Aquí hay un magnífico proyecto de escritor”.

Los tres me cambiaron la vida: García me enseñó el valor de la honradez, Echeverry la pasión por los libros, y Torres Barreto una vocación eterna por la literatura y el periodismo. Apenas tres momentos pequeños en la vida de un hombre, pero que marcaron para siempre el rumbo de un destino. Ellos fueron mis maestros.

Germán Santamaría

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