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¿El arte cura? Suely Rolnik

¿Qué cura? ¿La educación cura? ¿El arte cura?

Junio 30, 2017

Voy a tomar el tema propuesto para esta mesa como el desafío de una interrogación: ¿el arte cura? La pregunta me persigue desde siempre, porque involucra cuestiones fundamentales acerca de lo que es el bien vivir (vivir bien), de lo que es crear, de lo que es transformar y acerca de la relación que se puede establecer entre estos tres verbos si es que, de hecho, existe alguna relación. Por eso agradezco al Museu d’Art Contemporani de Barcelona, y especialmente a Enric Berenguer y a Francesc Puntí —organizadores de este ciclo de debates— que me hayan ofrecido la posibilidad de plantear el interrogante y esbozar nuevas direcciones de respuesta.

Me ayudará en esta indagación Lygia Clark, artista brasileña que ustedes seguramente conocen gracias a la cuidadosa retrospectiva de su obra que realizó en 1997 el equipo de la Fundació Antoni Tàpies por iniciativa de su director en aquel momento, Manuel BorjaVillel, hoy director del MACBA.

Les propongo que comencemos por ver dos fragmentos de un documental realizado en 1994 y titulado Memória do corpo, en el cual Lygia Clark nos hace una breve presentación de Objetos relacionais y también de su última propuesta, la Estructuraçaõ do self, pues es esta obra la que destacaré en mi exposición. A través de estas dos secuencias, podemos rememorar la atmósfera general que emana de la obra que he seleccionado.

En la primera secuencia, Lygia Clark presenta una serie de objetos a los que llama Objetos relacionais. Cada uno de ellos es más extraño que el anterior, casi todos son muy precarios y están hechos con los materiales más ordinarios. Además, la artista nos advierte desde el comienzo que no tienen un solo significado.

En la segunda secuencia, Lygia Clark presenta un ejemplo del uso que hace de los Objetos relacionais, procedimiento al que ella misma da el nombre de «sesión de Estructuraçaõ do self ». La extrañeza aumenta aún más si les digo que quien se dispone a vivir la experiencia que Lygia propone en esta obra y a exponerse a su grabación es Paulo Sérgio Duarte, crítico de arte brasileño bastante conocido.

Estamos, por lo tanto, y a todos los efectos, ante la clásica visita que el crítico hace al atelier del artista para realizar un seguimiento de su producción, visita que en este caso de clásica no tiene nada: para conocer los nuevos objetos creados por la artista, el crítico tendrá que estar dispuesto a quedarse casi desnudo —nada más que en ropa interior, y en silencio— y, por si esto fuera poco, a permitir que la artista le restriegue los objetos artísticos por el cuerpo.

En conjunto, nos queda la impresión de que estamos distantes no solo de la relación tradicional entre crítico y artista, sino también del escenario clásico del arte como un todo; e incluso de muchas de las prácticas estéticas de la época y de la actualidad.

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