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En Europa tejiendo sueños: crónica de una maestra feliz

Yolanda Álvarez Martínez, finalista del Premio Compartir en 2017, narra su bitácora de viaje gracias a la maestría en Literatura Infantil y Juvenil que realizó en la Universidad Castilla. 

Julio 25, 2018

Aquella noche del 26 de mayo de 2017, en medio de la alegría de estar en el grupo de los finalistas del Premio Compartir, tuve otro motivo de regocijo y felicidad: mi proyecto “En Castilla tejiendo sueños” había sido premiado como la mejor propuesta para la promoción de la lectura y la escritura a nivel nacional, lo que me hacía acreedora de una beca para cursar la maestría en Literatura Infantil y Juvenil en la Universidad Castilla – La Mancha, en España, maestría de renombre por su pensum, sus directivos, docentes y la universidad que la ofertaba.

Pronto recibí el anuncio de la Fundación SM, aliada de la Fundación Compartir, y quien me había dado ese invaluable premio: ya estaba matriculada y podía empezar a cursar mis estudios. Cada uno de los temas tratados en cada módulo fue un banquete para mi anhelo de nuevos conocimientos. Los devoré con deleite y con disciplina realicé mis tareas y las pruebas en línea.

Disfruté profundamente todos y cada uno de los ensayos escritos por expertos en Literatura infantil y juvenil, pronto se acercaría el día de conocer a los eminentes maestros que escribían los textos y a muchos otros pues en el mes de Julio llegaría el encuentro presencial en la ciudad de Cuenca – Castilla La Mancha.

Comenzó a acercarse el día en que por fin subiría a aquel avión que me llevaría a tierras de ensueños, al encuentro con mis fantasías; me transportaría de la región de lo onírico al territorio de lo real. Dioses, musas, ninfas, héroes, caballeros, epopeyas, novelas, cantares.

A las 8:30 de la noche del 20 de Junio tomamos el vuelo que nos llevaría a Madrid; fueron diez interminables horas de viaje durante las que tuve tiempo para imaginarme la Universidad, a los maestros y compañeros. Por fin aterrizamos a las 3:00 de la tarde, hora española, del 21 de Junio en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid, donde esperaba con una sonrisa luminosa la doctora Paula Benito, Directora de la Fundación SM, para darnos la bienvenida.

De allí un carro contratado por la fundación nos llevó al Hotel Tryp Atocha, un hotel bello, tradicional, en el Centro de Madrid en la calle del mismo nombre. Meses antes había recibido los tiquetes aéreos, la reservación del hotel como también la inscripción en la Residencia Alonso de Ojeda en Cuenca, ubicada a unas pocas cuadras de la universidad y ahora la doctora Paula nos entregaba un sobre con dinero y el tiquete de tren para Cuenca.

Como faltaban algunos días para empezar clases, mi compañera Martha Lucía Gutiérrez de la Red Pido la Palabra quien había ganado el mismo premio en el año 2016, y yo hicimos un delicioso paseo que incluyó a la hermosa Madrid, a la ciudad del amor: la bella Paris, en la que nos deleitamos con sus monumentos: la Torre Eiffel, la Catedral de Notre Dame, la avenida de los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo… el museo Louvre… De allí pasamos a Venecia, la ciudad de los puentes. Sus canales componen un gran entramado a modo de calles que parten del Gran Canal, gran vía por donde discurren multitud de embarcaciones, grandes y pequeñas, las más conocidas de las cuales son las llamadas góndolas. Luego llegamos a la ciudad eterna: Roma, aquella que fuera la capital de un vasto imperio con gran influencia en las artes, el derecho, la filosofía… Regresamos a España a la hermosísima Barcelona y de allí volvimos a Madrid para tomar el tren que nos llevaría a Cuenca.

Nuevamente la emoción se apoderó de mí. El lunes 2 de julio, día en el que casualmente cumplo años, iniciamos los complementos presenciales de formación en la maestría con el cálido recibimiento del equipo CEPLI, distinguidos escritores y doctores en literatura. La conferencia inaugural estuvo a cargo del doctor José María Merino, escritor y académico de la RAE. En las horas de la tarde cada estudiante podía mostrar sus proyectos, entonces presenté el mío iniciando con el video realizado por el Premio Compartir, que se encuentra en las redes. Hubo preguntas y aplausos. Allí comencé a conocer a esos preciosos compañeros de varios países con los que compartí aquellos maravillosos días. Varios españoles, colombianos, argentinos, chilenos, mexicanos, peruanos, de diferentes edades y profesiones: algunos bibliotecarios, editores, maestros de primaria infancia, docentes universitarios, docentes de bachillerato, directores de fundaciones. Todos dispuestos a participar, a reír a hacer trabajos en equipos. En la residencia compartíamos la mesa en el comedor, momentos que aprovechábamos para conocernos e intercambiar opiniones y hablar de los temas que se estaban trabajando, invitarnos a nuestros respectivos países, entre otras cosas.

En cada una de las sesiones tuvimos a los mejores en su especialidad, entre ellos: Gemma Lluch de la Universidad de Valencia, en el análisis de narrativas literarias y audiovisuales, al doctor Amando López Valero de la Universidad de Murcia en Creación Literaria y hábito lector, Antonio Santos, reconocido ilustrador, Ana García Castellanos, escritora de relatos infantiles y juveniles y una extraordinaria cuenta cuentos, el famoso escritor Daniel Casany, el director general de la Fundación SM, Javier Plop, Cristina Hermoso, periodista dedicada la radio infantil y juvenil, y con ellos el equipo CEPLI: doctores Santiago Yubero, Cesar Santos, Elisa Larrañaga, Eloísa Santos, Carmiña Martínez. Todos y cada uno de ellos me aportaron entusiasmo, alegría, conocimientos y el tesoro de conocer maestros con mística.

 El viernes 6 de julio tuvimos la nefasta noticia de que el Doctor Pedro Cerrillo, director de la maestría a quien deseaba conocer por su trayectoria y su mencionada calidad humana, falleció luego de una enfermedad que lo tenía incapacitado hacía algún tiempo. Me conmovió muchísimo y sentí no haber conocido a este maestro de quien tanto y tan bellamente había escuchado hablar.

Ese fin de semana fuimos a visitar a nuestros queridos amigos los maestros y escritores Amparo Tusón y Carlos Lomas, quienes amorosamente nos recibieron en su hogar en Gijón Asturias, belleza alucinante la de aquellas tierras, milagro extraordinario del Creador. Días envueltos en la calidez de aquellos españoles quienes han compartido con la Red de Lenguaje en Colombia y quienes guardan un gran afecto por Colombia y por su gente.

Así transcurrieron los días y se acercaba el final. Recibimos las orientaciones para el trabajo de grado y presentamos nuestras propuestas para que se nos asigne tutor, así que continuamos con el segundo año de la maestría y con el compromiso de realizar un excelente trabajo con toda la riqueza que ofrece la literatura infantil y juvenil.

Para comenzar a despedirnos el grupo de compañeros programó una cena en un restaurante de la ciudad, al que todos asistimos y en el que departimos felices al calor de un tinto de verano (vino). Llegó el final y entre abrazos, lágrimas y promesas de reencuentro nos despedimos para regresar cada uno al seno de sus familias y a sus lugares de trabajo.

Volvimos de Cuenca a Madrid y fuimos a conocer a Toledo, a 45 minutos de allí. Toledo es la capital de Castilla la Mancha, nombrada como la ciudad imperial y también como la ciudad de las tres culturas por haber estado poblado durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes.

Nos hospedamos nuevamente en el Hotel Tryp Atocha, y aprovechamos el domingo para recorrer las calles del centro y comprar algunos detalles para familia, amigos y compañeros, al otro día partiríamos en el vuelo de Avianca de las 2:00 p.m.

Llegó la hora y el deseo de ver a mis hijos, a mis estudiantes, las ganas de dormir nuevamente en mi cama y tomarme un caldito de papa con huevos, se mezclaban con la nostalgia de aquellos días de felicidad infinita, de largas caminatas, de paisajes sorprendentes, de comidas exóticas, de los rostros de personas de todo el mundo.

Después de diez horas, aterrizaje feliz en Bogotá. Amigos al encuentro, un delicioso almuerzo con la Dra. Mary Simpson, una visita a las oficinas de la Fundación Compartir, unos pocos días de descanso y el encuentro con mis niños hermosos que quisieron indagarme desde el primer instante que me vieron pidiendo que contara todos los detalles de mi viaje.

 

 

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Belkis Briceño Ruíz
Maestra del Colegio Antonio Nariño IED
Cuando uno quiere enseñarle algo a alguien, el que aprende es uno. Eso sucede en la escuela. Eso es lo que buscamos los maestros a diario