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La maestra de una costeña “cachaca”

El amor por educar marcó la vida de Leonor permitiéndole entrar a la vorágine del arte donde sus sentidos se abrieron al espacio, a las formas, a los colores, a las  texturas,  a los sonidos, a las sensaciones y a las experiencias; constituyendo la expresión más pura de su ser..

Mayo 15, 2015

Mi padre, ingeniero de petróleos de origen costeño,  trabajaba para una multinacional en el Valle del Cauca, y por esa razón  los cuatro primeros hijos nacimos en Cartago. Mi madre, quien extrañaba las costumbres del Caribe, le pidió regresar a su región natal. Fue así como llegamos a vivir a la ciudad de Cartagena, donde nos criamos e incluso nacieron dos hermanos más.

Me matricularon en un colegio mixto, Jardín Infantil Los Ángeles, recuerdo que mis hermanos y yo éramos muy unidos debido a que los niños nos desaprobaban por “cachacos”, denominación que en nuestra región  se le otorga a todo aquel que no haya nacido en la costa atlántica.

Los cuatro hermanos éramos tímidos, y a pesar de liderar siempre el cuadro de honor por buenos alumnos, nos manteníamos alejados del resto de los niños; en los recreos  siempre nos hacíamos juntos y compartíamos nuestras experiencias y travesuras de clase. Sin embargo, en el segundo año de colegio comenzamos a sentirnos más involucrados; mi lenta socialización empezó gracias a mis dotes artísticas, ya que mis compañeros principiaron a apreciar mi talento, hasta el punto de que al finalizar la primaria  les hacía los dibujos con el objeto de optimizar las notas.

Al terminar el quinto grado, la directora del colegio, doña Aura de Otero, me obsequió una beca para estudiar en la Escuela de Bellas Artes, como reconocimiento a mi talento; ese fue el inicio de mi travesía hacia el  mundo de las artes.

Pocas veces en la vida una persona tiene la suerte de encontrar a alguien que le abra los ojos a una  pasión. Por fortuna para mí, ella pues supo apreciar mi talento y por eso fue muy importante para mi formación.

Su vitalidad y su amor por educar marcaron mi vida y me abocaron a un mundo en donde mis sentidos se abrieron al espacio, a las formas, a los colores, a las  texturas,  a los sonidos, a las sensaciones y a las experiencias, dando como resultado mucho de lo que soy hoy.

Leonor Espinosa

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Con el apoyo de las tecnologías logré que los estudiantes convirtieran el pasado de exclusión que vivió éste municipio lazareto en un pretexto para investigar, conocer la historia y conectarnos con el mundo.